lunes, 25 de mayo de 2009

PIRATAS EN SOMALÍA. ( EN EL OCÉANO ÍNDICO )

Los piratas cambian de bando
Uno de los grupos de corsarios más antiguos de Somalia abandona el pillaje
EFE - Mogadiscio - 26/05/2009



Abshir Abdullahi Abdulle, el cabecilla pirata más famoso de Somalia y el primero en montar un grupo organizado con métodos modernos para el abordaje de barcos en el país, ha anunciado la decisión de su banda de abandonar la piratería y volver a actividades legales.

Piratería en Somalia
GRAFICO - El Pais - 20-11-2008
Descripción cronológica de los principales ataques piratas que se han vivido en aguas somalíes desde el año 2005. La ruta del Mar Rojo, que une el océano Índico y el mar Mediterráneo, se ha convertido en una de las zonas más amenazadas por los piratas. - GUADALUPE CRUZ/ELPAÍS.com

Somalia
A FONDO
Capital: Mogadiscio. Gobierno: República. Población: 9,558,666 (est. 2008)



La banda de Boyah, como también se conoce a Abshir Abdullahi Abdulle, compuesta por unos 200 hombres, se ha acogido a la amnistía concedida por el Gobierno autónomo de Putlandia, en el norte de Somalia, que también ofrece a los piratas la posibilidad de rehabilitarse para reintegrarse en la sociedad.

El anuncio se produce tras cuatro días en los que los piratas se han reunido en la localidad de Eyl, uno de los principales enclaves de corsarios somalíes, con líderes religiosos musulmanes y ancianos de clanes tribales de la zona. "Mis compañeros y yo hemos decidido dejar esta actividad. Los líderes religiosos nos han persuadido de lo malo que es secuestrar a la gente y sus barcos", ha dicho Boyah, y ha reconocido que necesitaba "rehabilitación". Además, el jefe pirata ha admitido su implicación delitos y ha instado a otras bandas a que "liberen los barcos que retienen y dejen las actividades delictivas".

El cabecilla de la banda de piratas se ha comprometido además a trabajar para acabar con la piratería en la zona. "Yo entiendo el lenguaje que los piratas entienden y puedo ser un puente entre los gobernantes y los piratas que quedan para acabar con esa actividad", ha dicho Boyah.



Sheikh Abdulkader Nur Farah, reconocido líder religioso musulmán en Puntlandia
que ha liderado las negociaciones con los corsarios, ha explicado que fue el aumento del número de barcos secuestrados y las consecuencias que esto acarreaba lo que les llevó intentar persuadir a los piratas para que abandonasen sus actividades.

miércoles, 20 de mayo de 2009

LUISA ALVAREZ DE TOLEDO - DUQUESA ROJA


Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia y conocida popularmente como la Duquesa Roja, ha fallecido en su residencia de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).


Fotografía de archivo (26/11/1969) de Luisa Isabel Alvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia y conocida popularmente como la Duquesa Roja, que ha fallecido a los 72 años en su residencia de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). - EFE. Artículo de Público.

Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia y conocida popularmente como la Duquesa Roja, ha fallecido hoy a los 72 años en su residencia de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), según ha informado el Ayuntamiento sanluqueño a través de un comunicado.

El Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda y la Fundación Ducal Medina Sidonia han lamentado “la irreparable pérdida de la Excelentísima Señora Duquesa de Medina Sidonia, Luis Isabel Álvarez de Toledo y Maura”.

Fuentes municipales ha precisado que el entierro tendrá lugar el próximo domingo 9 de marzo, aunque falta por concretar la hora, debido a que muchos familiares y amigos de la fallecida residen fuera de España.

Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, Duquesa de Medina-Sidonia, conocida popularmente como la “Duquesa Roja” por su rechazo al régimen franquista, nació en Estoril (Portugal) el 18 de agosto de 1936.

Sus padres, exiliados en Estoril, pertenecían a una de las familias españolas de mayor linaje. Era hija de Joaquín Álvarez de Toledo y Carmen Maura, biznieta del estadista Antonio Maura, tras la muerte de su padre, el 11 de diciembre de 1955, recibió el título oficial de Duquesa de Medina Sidonia, uno de los más antiguos de España, ya que se remonta a 1297.

Su formación autodidacta fue reforzada por las enseñanzas de su abuelo, Gabriel Maura, y las primeras enseñanzas del colegio del Sagrado Corazón.

Desde joven sintió una marcada afición por los estudios históricos basados en la heráldica y en obras incunables.

En 1967, un año después del accidente nuclear de Palomares (17 de enero de 1966), encabezó una manifestación reivindicativa, en la que defendía a los labradores de su derecho a indemnización como propietarios de las tierras contaminadas.

Este hecho le supuso un procesamiento y posterior encarcelamiento, que se mantuvo desde el 28 de marzo de 1969 a noviembre del mismo año, cuando fue liberada tras aplicársele el decreto-ley de amnistía.

La publicación de su novela “La huelga”, en 1968, le llevó a un nuevo proceso, esta vez instruido por un juzgado militar.

Volvió del exilio en 1976

Los dos incidentes anteriores le indujeron a autoexiliarse en Hasparren durante siete años, regresando a España en 1976 y volviendo a ser detenida en su casa de Mortera, bajo la acusación de violencia hacia los agentes de la autoridad, por lo que fue condenada a seis meses de prisión, que cumplió en libertad condicional.

Tras este último incidente, se instaló definitivamente en su casa ducal de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), un palacio del siglo XVI, donde se ha dedicado a estudiar y catalogar los legajos y documentos antiguos que poseía, unos seis millones, que lo convierten en el archivo privado más importante de Europa.

La duquesa de Medina Sidonia es autora de numerosos artículos en diversas revistas españolas y europeas, sobre todo francesas, entre ellas “Sábado Gráfico” y “Reporter”.

Además de “La huelga”, es autora de las novelas “La base”, “La cacería” y “My prision”; de las memorias sobre la cárcel y, “Palomares”.

En 1992 publicó “Historia de una conjura” y “No fuimos nosotros” en el que la duquesa afirma que el continente americano no fue descubierto por Colón, sino que ya se conocía y se comerciaba con él mucho antes de 1492.





La valiosa herencia de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia, va a dar que hablar en los próximos meses debido a su matrimonio con su secretaria dos horas antes de morir.

La conocida como duquesa roja, por su defensa de causas nada aristocráticas a lo largo de su vida, falleció el pasado 7 de marzo en su residencia de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), a causa de una neumonía. Tenía 71 años. En el lecho de muerte contrajo matrimonio con su secretaria desde hace 25 años, Liliana María Dahlmann, según se supo esta semana.Esta mujer de ascendencia alemana fue nombrada en 2005 secretaria vitalicia de la Fundación Casa de Medina-Sidonia, que aglutina casi todos los bienes de la duquesa, sobre todo los valiosísimos documentos históricos, y asume ahora la presidencia vitalicia, según quedó establecido en esa fecha. Pero a la duquesa roja le debió de parecer que no estaba todo bien atado, y acabó casándose con ella.

Según informa hoy El País, la duquesa no se hablaba con sus tres hijos, con los que incluso pleiteaba en los juzgados por cuestiones de propiedad. Ahora lo ha dispuesto todo para que éstos apenas reciban nada de su legado. Casi todo está en la Fundación, y de lo que queda fuera sólo tendrían derecho, además de los títulos nobiliarios, a la legítima, parte de la cual disfrutaría mientras viviese la viuda de la duquesa. Si esto es así, se avecina un litigio por la herencia, según se comenta en Sanlúcar de Barrameda.




ANITA ALVAREZ DE TOLEDO.

ALVAREZ DE TOLEDO, CAYETANA


MALESTAR EN SECTORES DELPP POR FICHAR A UNA PERIODISTA

Cayetana Álvarez de Toledo, nueva jefa del gabinete de Acebes


El secretario general del Partido Popular, Angel Acebes, ha fichado como nueva jefa de gabinete a la historiadora Cayetana Alvarez de Toledo, que hasta ahora trabajaba en la sección de Opinión de EL MUNDO y era tertuliana de la Cope, en el programa 'La Mañana', que dirige Federico Jiménez Losantos.

La incorporación de Álvarez de Toledo a su nuevo despacho, en la calle de Génova de Madrid, se hizo efectivo el lunes, un día después de que el propio secretario general y número dos de Mariano Rajoy, lo comunicara al Comité de Dirección del partido. Entre sus funciones como jefa de gabinete se cuentan las de asesorar a Acebes en la estrategia política, gestionar su agenda y coordinar la elaboración de sus discursos e intervenciones parlamentarias.






(Periodista Digital).- La joven periodista Cayetana Álvarez de Toledo se ha pasado a la política. A sus 32 años, Cayetana es una tertuliana estrella de La Mañana de la COPE y columnista en El Mundo además de artífice, junto con Luis María Anson, de la nueva sección dominical "Dos en la carretera". Ahora compaginará toda esta tarea periodística con la dirección del gabinete del secretario general de los populares Ángel Acebes.


Ayer Losantos comenzaba temporada con una entrevista al secretario general del Partido Popular, Ángel Acebes, y como viene siendo habitual, Cayetana Álvarez de Toledo estaba presente como tertuliana, aunque ya no es sólo eso: ahora es la encargada de llevar los temas de comunicación del señor Acebes. Periodismo y política se mezclan así en la faceta profesional de esta joven que compaginará este nuevo cargo con su trabajo en el programa de Losantos y en la sección de opinión de El Mundo de la que actualmente es jefa.


Periodista Digital se ha puesto en contacto con la COPE, que ha confirmado que la periodista continuará con sus dos colaboraciones semanales como tertuliana, y con su nuevo compañero en El Mundo, Luis María Anson, que, aunque desconocía la noticia, ha comentado que Cayetana seguirá como columnista en el diario de Pedrojota y con la nueva sección dominical "Dos en la carretera" que escribe junto al veterano periodista Anson.


(El Confidencial) Su ‘fichaje’ por el PP no le va a restar presencia mediática, ya que además de esa sección que será habitual todos los domingos en el diario que dirige Pedro J. Ramírez, seguirá como tertuliana en las mañanas de la COPE. A esta doctora en Historia por la Universidad de Oxford casi todo el mundo le augura un futuro prometedor, que ahora ella ha querido reconducir desde el periodismo hacia la política, una actividad por la que siempre ha mostrado una especial atención.

Y es que casi nadie duda de que su llegada como jefa del gabinete de Ángel Acebes no es más que el primer paso de una nueva carrera en política, aunque todavía es pronto para afirmar que será una de la candidatas en las listas de las próximas elecciones generales. Cayetana Álvarez de Toledo aporta al PP un espíritu liberal forjado en las aulas anglosajonas, un vasto conocimiento histórico-político y un discurso vibrante y provocador.

Malestar en sectores del PP por fichar Acebes a una periodista de ... Noticia en ABC



Malestar en sectores del PP por fichar Acebes a una periodista de «El Mundo» y la Cope
S. N. MADRID.
No fue ni la inmigración ni el «alto el fuego de ETA» ni, siquiera, el envío de tropas al Líbano, que debatirá el jueves en el Congreso. Lo que realmente suscitó ayer todo tipo de comentarios en los pasillos de la sede nacional del PP fue el «fichaje» de una periodista de «El Mundo» y tertuliana de la Cope para la jefatura de Gabinete del secretario general del PP, Ángel Acebes, cargo que asumirá a finales de mes según señalaron fuentes populares a ABC.
Ayer se vino a confirmar una noticia que, en distintos formatos, llevaba pergeñándose desde hace meses. Cayetana Álvarez de Toledo se había convertido en un rostro habitual de los actos del PP, en algunos casos como testigo periodístico, en otros como protagonista activa -fue ponente en la Convención popular y en el Campus de FAES-, en una peculiar dualidad que pretende mantener en el futuro.
Ya entonces se desataron todo tipo de rumores, entre ellos, que iba a ser la nueva responsable de Comunicación del partido y, también, que engrosaría -directamente y sin pasar por el «purgatorio» de la acción política-las listas populares en las próximas generales.
Puesto seguro
Lo primero no se ha cumplido, quizá por lo ingrato de un cometido sujeto constantemente a críticas y, políticamente, poco lucido. En cambio hoy nadie duda de que irá en las candidaturas tras «fajarse» como responsable del gabinete de Acebes.
No es la primera periodista que da el salto a la política. Ya lo hizo Luis Herrero desde la candidatura del PP en las últimas elecciones europeas o el periodista de «El País», Javier Valenzuela, nombrado director general de Información Internacional de la Secretaría de Estado de Comunicación, cargo que ocupó hasta hace unos meses para volver, de nuevo, a «El País», por poner dos casos conocidos y cercanos en el tiempo. La peculiaridad de la incorporación de Álvarez de Toledo al PP es que tiene previsto simultanear su importante (y sensible) puesto en la sede del primer partido de la oposición con sus artículos en «El Mundo» -donde también es miembro del área editorial- y en la tertulia de la Cope, a donde seguirá acudiendo dos veces por semana para defender, entre otras cuestiones, la teoría conspirativa de los atentados del 11-M.
Esta ubicuidad política y periodística ha sido recibida con prevención por no pocos miembros de la dirección del PP, algunos de ellos del «núcleo duro», que califican esta situación, en el mejor de los casos, de «extraña» y, en otros, de «intolerable», al tiempo que vaticinan del riesgo de «fugas de información». El gabinete del secretario general es uno de los principales centros de decisión de Génova y donde reside el poder orgánico y territorial del partido. La información que maneja es privilegiada y estratégica para el PP, por ello muchos no entienden que Álvarez de Toledo mantenga su vínculo profesional con ambos medios de comunicación, uno de ellos, la Cope, muy crítico con aquellos dirigentes populares que no se atienen a sus directrices.

ex ante versus _ Mark Lemley. ( un editorial excelente)

Ex Ante versus Ex Post Justifications for Intellectual Property
By Lemley, Mark A
Publication: The University of Chicago Law Review
Date: Thursday, January 1 2004

HEADNOTE
The standard justification for intellectual property is ex ante: the goal of intellectual property is to influence behavior that occurs before the right comes into being. It is the prospect of the Intellectual property right


that spurs creative incentives. Of late, new justifications for intellectual property protection have begun to appear in the literature and in court decisions. These arguments focus not on the incentive to create new ideas, but on what happens to those ideas after they have been developed. I refer to these new arguments as ex post justifications for intellectual property because they defend intellectual property rights not on the basis of the incentives they give to create new works, but on the basis of the incentives they give to manage or control works that have already been created.

I divide ex post justifications into two basic groups: arguments that intellectual property rights give the owner efficient incentives to do further work improving or developing an existing creation, and arguments that intellectual property rights control overuse of information
. Neither argument strikes me as particularly persuasive. While the two arguments are somewhat different, both rely on a misleading appeal to a well-established but inapplicable principle, both depend on unproven (or sometimes disproven) empirical claims, and both are in the end strikingly anti-market arguments. In the final analysis, both arguments reflect a fundamental misunderstanding of the economics of private ordering.

lunes, 18 de mayo de 2009

José Ignacio Rucci

El precio de la lealtad

Por Catalina Pantuso
catalina@octubre.org.ar

Libro: José Ignacio Rucci.
Autor: Luís Fernando Beraza.
Editorial: Vergara. 304 páginas. Año 2007

Si bien José Ignacio Rucci fue un protagonista central de la política argentina de la década del ’70 nadie se había ocupado de él en profundidad. Será tal vez porque sacrificó su vida por la unidad, porque su brutal asesinato sigue impune, porque las contradicciones que este hecho generó dentro del peronismo aún están vigentes y porque su muerte fue el preanuncio del final de una época y el comienzo de otra.

Estas son algunas de las razones para que la biografía escrita por Luís Fernando Beraza sea un aporte sustancial a la interpretación de la historia reciente de los argentinos. Sin estridencias políticas, con un enorme bagaje bibliográfico, una escritura clara y una construcción teórica esmerada, este libro se convierte en un material imprescindible para comprender el presente.

El autor es historiador e investigador, por lo tanto su libro excede en mucho el género biográfico. Más bien es un excelente estudio sociológico donde el hilo conductor es la vida de un obrero metalúrgico que se convirtió en el arquetipo del trabajador y del dirigente sindical argentino de mediados del siglo XX.

La seriedad de la investigación, las múltiples fuentes de información y los testimonios directos que presenta demuestran que en la persona de Rucci se sintetizan muchas conductas que caracterizaron las luchas de la “columna vertebral del peronismo” y que en estos tiempos están muy devaluadas, cuando no totalmente desconocidas. Lealtad a su clase social, a la cultura argentina, a la organización gremial y por sobre todas las cosas la lealtad al líder de los trabajadores Juan Domingo Perón. Será por eso que su figura no había merecido, hasta ahora, mayores recuerdos que los afiches pegados en las calles por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y la Confederación General del Trabajo (CGT) cada 25 de septiembre, al cumplirse un año más de su homicidio.


“José metalúrgico”

Esta investigación relata los pormenores de la vida de un descendiente de inmigrantes del sur de Italia que llegó a ser un protagonista fundamental de una de las últimas estrategias de Perón: la implementación del “Pacto Social”, que permitió a los trabajadores alcanzar el mayor nivel histórico en el reparto de la riqueza.

José Ignacio Rucci nació en 1924 en un puesto de la estancia “La Esperanza”, en la localidad de Alcorta, un pueblo que se desarrolló gracias al tendido de la red ferroviaria y que se ganó un lugar en la historia de nuestro país por las rebeliones rurales del de comienzos del siglo XX. De orígenes muy humildes terminó la educación primaria y continuó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios al tiempo que ayudaba a su padre en las tareas rurales. Fue uno de los millones de jóvenes que, ante el desarrollo industrial, abandonaron el campo para incorporarse al nuevo proletariado.

Viajó a la Capital Federal gratis, en el camión del diario “El Mundo”, y empezó desde bien abajo; alquiló una pieza en el barrio de Boedo y consiguió su primer trabajo en una confitería la zona de Flores y al poco tiempo obtuvo sus primeros ascensos: primero a mozo de mostrador y después como ayudante de cajero.

Pero Rucci tenía formación profesional y no se sentía a gusto como gastronómico. Logró entrar, para desempeñara tareas subalternas, en La Ballester-Molina, una fábrica nacional que producía armas automáticas. Es allí donde, a los 22 años, comenzó a ejercer su oficio de metalúrgico como “tornero a revólver” y conoció a Hilario Salvo, un dirigente de la recién fundada UOM. Fue uno más de los miles de obreros que concurrieron a la Plaza de mayo el histórico 17 de octubre de 1945. Dos años después será elegido como Delegado de fábrica, cargo que desempeñó hasta 1953, cuando se produjo el golpe militar de 1955 era el conductor de un grupo que manejaba un sector importante de la Compañía Argentina de Talleres Industriales y Anexos (CATITA), fábrica de la que habían surgido varios creadores de la UOM.

Si bien Beraza no profundiza en la vida personal Rucci consigna algunos datos sustanciales tales como el casamiento con Nélida Blanca Vaglio, una mujer de origen humilde, que organizó el sindicato en Radio Serra y que posteriormente también fue elegida delegada de la fábrica.

El libro muestra como se van creando las fábricas que producen la primera industrialización liviana y también como, simultáneamente, se va conformando el nuevo sindicalismo argentino. En todo momento se explicitan las contradicciones y luchas entre las diversas ideologías (comunistas, trotskistas e “independientes”), sintetizadas en peronismo-antiperonismo, que se daban en el seno de los gremios y también el la CGT.

La pequeña figura de Rucci cobra gran relevancia. Será la Resistencia Peronista su principal escuela de militancia político-sindical; fue encarcelado en varias oportunidades por ser orador en los actos que desafiaban el Decreto 4161, que prohibía cantar la marcha peronista o nombrar a Perón; Congresal de su gremio ante la CGT; partícipe destacado en la conformación de las 62 Organizaciones Peronistas.

Llegó ser Secretario de Prensa de la UOM, cuando Augusto Timoteo Vandor se desempeñaba como Secretario General; renunció a su cargo porque era demasiado duro para la línea política que quería imponer éste dirigente. Posteriormente se destacó también por su eficaz gestión como interventor, nombrado por el gremio, de la seccional de San Nicolás a mediados de los años ‘60, gestión que lo posicionó como un sindicalista de primera línea.


Nada sin Perón



Con un lenguaje claro, despojado de calificativos, el autor sintetiza a lo largo de cinco capítulos los hechos que consolidaron el poder del movimiento obrero organizado, liderado por los dirigentes peronistas.

A la mitad del libro comienza la parte donde Rucci se convierte en uno de los actores principales de la historia argentina. El gobierno de facto de la “Revolución Argentina” había intervenido nuevamente la Central Obrera, para terminar con esta situación, se convocó al Congreso de Normalización (2 de Julio de 1970), este evento encontró a los trabajadores divididos en la CGT (de Azopardo) y la CGT de los Argentinos.

El objetivo de dicha reunión era escoger al nuevo Secretario General con el consenso de todos los congresales y fue Rucci quien fue electo mediante el voto de 544 delegados sobre 618 presentes. Votaron en su contra los denominados gremios “participacionistas” (vandoristas) y los cordobeses que rechazaron lo consensuado democráticamente, eligiendo el camino de la lucha de clases y la toma del poder mediante la violencia. Dentro de ese contexto Rucci levanta la consigna, “Nada sin Perón”, logra desafiar el Gran Acuerdo Nacional propuesto por Lanusse y unifica las fuerzas para conseguir el fin del exilio del Líder indiscutido de los trabajadores.

La imagen tomada al pie del avión, el 17 de noviembre de 1972, donde José Ignacio Rucci toma del brazo a Perón y sostiene en alto un paraguas para guarecerse ambos de la lluvia, simboliza la gesta más importante que protagonizaron los trabajadores argentinos durante la última mitad del siglo XX.

Beraza analiza con excelente documentación las fuertes disidencias sindicales de la época; dedica todo un capítulo a la polémica entre Rucci y Agustín Tosco, dirigente del Sindicato Luz y Fuerza de la provincia de Córdoba. En el capítulo “La guerra civil peronista” aborda, con igual rigor, la lucha entre las denominadas “Tendencia Revolucionaria” y “Derecha Peronista”. Los trabajadores, y la inmensa mayoría del pueblo, aceptan sólo la conducción de Perón, pero la tendencia muestra su desacuerdo al lazar la consigna “Conducción, conducción Montoneros y Perón”. La tragedia está planteada y su desenlace se anuncia en “Rucci traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor”.

El autor demuestra claramente que la oposición de la denominada “burocracia sindical” que las organizaciones de ultraizquierda y la guerrilla peronista resumían en la persona del Secretario General de la CGT, era sólo una pantalla que reflejaba el verdadero enfrentamiento con Perón. En varias oportunidades se detallan encuentros entre la organización Montoneros y Lorenzo Miguel — principal dirigente de la UOM— quienes finalmente llegaron a un acuerdo.

En el centro de la escena

Cuando el libro aborda los primeros meses del mandato de Héctor J. Cámpora (marzo y junio de 1973) menciona que mientras la Tendencia ocupó muchos cargos importantes dentro del gobierno nacional, el sindicalismo sólo pudo designar al Ministro de Trabajo. Demuestra que gracias a los esfuerzos y a la lealtad de José Ignacio Rucci pudo firmarse el Acta de Compromiso Nacional (“Pacto Social”) entre la CGT, la Confederación General Económica (CGE) y el Ministerio de Economía.

También consigna la inmediata y frontal posición de la izquierda, que vio este hecho como “una nueva orientación neo-colonialista” e interpretó que la burocracia sindical estaba sustituyendo a la clase trabajadora tal como las Fuerzas Armadas sustituían y representaban a la burguesía. Al suspenderse las negociaciones paritarias los grandes gremios también vieron afectado su poder y, si bien no criticaron el acuerdo de una forma explícita, no estaban dispuestos a sostenerlo por un largo período. Como es lógico suponer ni las grandes empresas, ni la Sociedad Rural aceptaron el Pacto Social ya que atentaba contra la libertad de mercado.

Beraza hace una síntesis de la situación ”Rucci quedaba en el centro de la escena ganándose el odio de los más diversos sectores, mostrando una vez más su lealtad a Perón”. En el párrafo siguiente el autor cita las palabras del Secretario General de la CGT quien dice: “Yo se que con esto estoy firmando mi sentencia de muerte, pero como la Patria está por encima de los intereses personales, lo firmo igual”.

Las señales de la condena no se hicieron esperar, el asesinato de su secretario privado, Osvaldo Bianculli, fue la primera. Los amigos se fueron distanciando cada vez más y, por problemas de seguridad, no podía vivir normalmente en su casa; estaba recluido en un cuarto dentro del edificio la CGT.

Quienes jaqueaban al representante de los trabajadores argentinos —por ser funcional al gobierno peronista— eran, mayoritariamente, integrantes de grupos guerrilleros, en cuyas filas no había más de un 10% de trabajadores fabriles o peones rurales. La inmensa mayoría eran jóvenes de la clase media y estudiantes de la pequeña burguesía que habían descubierto la lucha de la clase durante el Cordobazo (1969).

Vale la pena leer detenidamente las numerosas citas que aparecen en este libro y que ilustran sobre el pensamiento de quienes se autodenominaban como la vanguardia de la guerra revolucionaria que continuaba sus acciones armadas con la intención de agudizar las contradicciones del sistema en pleno gobierno democrático y popular. Del análisis de los diversos testimonios y documentos que se presentan puede verse con claridad que los jóvenes de La Tendencia impulsaban un socialismo imaginario y una práctica militarista que no era compatible con la propuesta de pacificación y unidad nacional diseñada por Perón.

Ubicados en el otro extremo los grupos ortodoxos del movimiento, interpretando que contaban con el respaldo del Líder, desataron una ola de intimidaciones y amenazas contra la izquierda peronista.


El valor y el precio de la lealtad

Un verdadero mérito de esta investigación es ordenar la confusión de los hechos y la contradicción de las informaciones. Se presenta la polémica, no se justifica a ningún sector. Se muestra como a medida que Rucci reforzaba su lealtad al General, perdía el apoyo de los aparatos que se disputaban el poder.

Si bien la izquierda lo estigmatizaba como el símbolo máximo de la burocracia sindical, ni el aparato sindical que conducía Lorenzo Miguel, ni el aparato político de López Rega, ni los sectores económicos representados por José Ber Gelbard —que aceptaron el congelamiento de salarios pero no de los precios— salieron en defensa del Secretario General de la CGT. Con mucha lucidez Beraza dice: “Había entrado en una especie de fatalismo, donde ser prudente y salvar la vida era sinónimo de cobardía o de traición. A su esposa Coca le comentaba, sin que ésta registrara lo que pasaba, con total fatalismo: «Yo ya estoy jugado»”

El capítulo denominado “El martirio” cierra la biografía. Antes de relatar el crimen se realiza una síntesis del clima que se vivía. Se rescatan hechos que no tuvieron mayor difusión, como por ejemplo el telegrama de apoyo que Rucci envía a Salvador Allende, por la defensa del orden constitucional contra el paro salvaje de los camioneros.

Ante el rotundo triunfo de la fórmula Perón-Perón, el 23 de septiembre de 1973, con el 62 % de los votos, Rucci festeja el resultado y anuncia el “reinicio de la revolución justicialista interrumpida en 1955”. Alerta que el camino no será fácil, ni las soluciones rápidas, “pero empezamos a andar y eso es lo importante”. Su discurso no se limitaba a la decadencia económica, sino que también aludía a la decadencia “espiritual y cultural”. Estos hechos fueron suficientes para poner la fecha y dar cumplimiento de la condena que con total frialdad y despliegue militar se llevó a cabo dos días después.

El 25 de septiembre, pocos días antes de ver a Perón asumir por tercera vez la presidencia, casi al mediodía, cuando estaba trabajando junto un pequeño grupo de dirigentes sindicales en una vivienda prestada, José Ignacio Rucci fue asesinado. Tenía sólo 49 años y dejaba a Coca, su compañera de toda la vida, y dos hijos: Aníbal de 14 años y Claudia de 9 años. El acusado de ladrón y burócrata sindical dejó como única herencia una casa en la Matanza y un auto usado.

Congruente con la línea de trabajo que se impuso el autor, la pregunta ¿quiénes fueron? queda sin una respuesta contundente. Sin embargo, recoge diversos testimonios y comentarios en los que la conducción unificada de FAR y Montoneros reconocen ser los autores intelectuales y materiales del hecho.

Cierra esta obra un corto epílogo, sin golpes bajos ni mensajes reivindicatorios. Se describe en aquí el dolor de Perón quien al dar el pésame a la señora de Rucci le expresó: “Me mataron al hijo. Me cortaron el brazo derecho”. También sintetiza toda una trayectoria que convierte a este dirigente como un verdadero arquetipo de los trabajadores argentinos: “En las calles de Flores quedaron para siempre los recuerdos del boyero de Alcorta, del mozo de bar, del tornero de Ubertini, del delegado peleador de CATITA, del fundador de las 62 Organizaciones, del orador del Luna Park, del preso de Frondizi, del metalúrgico relegado por Vandor, del duro organizador de de la Seccional San Nicolás, de aquel que deseaba ‘mirar a los ojos de sus enemigos’ y que en definitiva terminó asesinado por la espalda aquel 25 de septiembre de 1973”.

A los Montoneros les faltó coraje para asumir públicamente el asesinato de Rucci, pero les sobró cinismo e imaginación para bautizar la acción comando: “Operación Traviata”, haciendo referencia los 23 agujeritos que tiene esta galletita, tantos como las balas que impactaron en el cuerpo del sindicalista.

Notas relacionadas:

"Operación Traviata", de Ceferino Reato

Informe especial: El Peronismo

BARACK OBAMA y BENJAMÍN NETANYAHU




EE UU e Israel marcan el inicio de una etapa conflictiva
JUAN MIGUEL MUÑOZ - Jerusalén - 18/05/2009



La primera cita entre Barack Obama y Benjamín Netanyahu, hoy en la Casa Blanca, marca el arranque de una nueva singladura. Las políticas del primer ministro israelí y del presidente estadounidense para encauzar el conflicto árabe-israelí distan un abismo y un hecho parece indudable: Israel no disfrutará de la carta blanca que el presidente George Bush otorgó a Ehud Olmert y a Ariel Sharon. Los vientos han cambiado. Netanyahu planteará que el programa nuclear iraní debe copar la agenda y pretende que Estados Unidos limite en el tiempo la negociación con Teherán. Obama, que ha advertido a Israel de que se abstenga de lanzar un ataque aéreo contra Irán, observa Oriente Próximo como un rompecabezas: el expediente palestino y Siria -un acuerdo global con los países árabes- no pueden continuar en el limbo.

Benjamín Netanyahu

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Nacimiento: 21-10-1949 Lugar: Tel Aviv Barack Obama

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Nacimiento: 04-08-1961 Lugar: Honolulu Estados Unidos
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Capital: Washington. Gobierno: República Federal. Población: 303,824,640 (est. 2008) Israel
A FONDO
Capital: Tel Aviv. Gobierno: República. Población: 7,112,359 (est. 2008)




Los primeros ministros Isaac Shamir, a finales de los ochenta, y Netanyahu, en su primer mandato (1996-1999), se las tuvieron tiesas con George Bush padre y con Bill Clinton.
Después llegó la luna de miel con Bush hijo, merced a su desdén por el conflicto israelo-palestino. Los diplomáticos israelíes están ahora preocupados. El mandatario estadounidense parece dispuesto a rechazar tácticas dilatorias, y decidido a no dilapidar tiempo. La escuálida izquierda israelí, que observa el régimen de apartheid y el expolio de tierras árabes en Cisjordania como un cáncer para su propio país, anima a Obama para que presione vigorosamente a su aliado.


"Un mensaje debe emerger: Israel ha de congelar, sin mentiras, la construcción en las colonias y establecer una agenda rígida para desmantelar la empresa colonial", opinaba el analista Gideon Levy.


Asentado en la Casa Blanca, las misivas remitidas desde Washington se escuchan machaconas. Israel, advierten los enviados de Obama, debe detener la expansión colonial, la demolición de casas árabes en la Jerusalén ocupada, y bajo ningún concepto atacar las instalaciones atómicas de Irán. Además, tiene que aceptar la fundación de un Estado palestino como única solución viable. Pero también cotidiano ha sido el rechazo del Ejecutivo israelí a frenar la expansión de los asentamientos -aducen el crecimiento demográfico, un "truco" para reforzar la ocupación, según ONG israelíes- y a pronunciar las palabras que desea escuchar Obama: "Compromiso con la creación de un Estado palestino".

La visita es sólo el comienzo de una larga andadura. Netanya-hu ya ha esbozado nuevos requisitos -que los líderes palestinos reconozcan a Israel como Estado judío es la última- para una negociación con el presidente Mahmud Abbas, que pretende se limite al desarrollo económico de Cisjordania y a la construcción de instituciones. No es su prioridad.

Convencido de que Irán amenaza la existencia del Estado sionista -discrepa, entre otros, el ministro de Defensa, Ehud Barak-, Netanyahu colocará ese asunto a la cabeza de sus peticiones. Habla del presidente iraní como si de Hitler se tratase.


Nada nuevo en Israel: el ex presidente egipcio Nasser fue equiparado con el dictador nazi, y el ex mandatario sirio Asad, y Yasir Arafat, y el jefe de Hezbolá, Hasan Nasralá, y los dirigentes de Hamás...

miércoles, 13 de mayo de 2009

tamilnet.de ( Sri Lanka)

2ND LEAD (ADDS VIDEO, PHOTOS)

SLA barrage inflicts carnage, makeshift hospital reports disaster
[TamilNet, Wednesday, 13 May 2009, 19:21 GMT]



"Looking at the hospital and hearing the civilians cry, you feel only disaster," a key medical staff at Mu'l'li-vaaykkaal makeshift hospital told media Wednesday. More than 100 civilians, including many children, patients, a medical staff, voluntary doctor and an ICRC worker, were killed in Sri Lanka Army (SLA) artillery attack that targeted the hospital premises which is a junior school and the surrounding area which comprises many tarpaulin huts. The hospital is struggling with few medical staff as the medical facility has become a prime target for the SLA which has targeted it for the third time within 5 days. Civilians are struggling with starvation and live under bunkers as bullets fired by the SLA from two coastal ends were whizzing across the so-called No Fire Zone, which has been made into a killing field by the SLA, which completely disregards Geneva Conventions.
ANTICIPO DE LIBROS: EL PACTO MENEM-KIRCHNER
MENEMISMO, KIRCHNERISMO Y CUENTAS EN SUIZA
Por Juan Gasparini



Historia de la coima radioeléctrica: los 25 millones de dólares que el grupo francés Thales le pagó al clan Menem contada por el broker francés Lionel Queudot, que triangulara el soborno desde Ginebra. El paradigma de las comisiones ocultas investigadas en Suiza, con las que Siemens y Alstom retribuyeron presuntamente los contratos por los DNI, obras de electroingeniería, adquisición de centrales térmicas y el tren bala. La pista de los 520 millones de dólares de los fondos de Santa Cruz depositados en Zurich, de los que sólo volvieron al país 390 millones de dólares.


El 30 de abril de 2004 en Suiza, el protagonista del libro viaja en el asiento trasero de un Volvo metalizado con placa diplomática. Es el coche del embajador argentino en Berna, Guillermo González, quien ha enviado a su chofer a Ginebra para buscar a un pasajero desconocido. Se trata de Lionel Queudot, titular de una fiduciaria que viene de quebrar en esa ciudad helvética, estigmatizada por las secuelas de la corrupción en África. El hombre tiene 53 años. Lleva consigo una cartera para guardar papeles.


Distrayéndose con el paisaje desarbolado que transcurre a la vera de la autopista, evoca sus discretas reuniones con funcionarios gubernamentales, conducidos por el entonces ministro de Justicia, Gustavo Béliz. Esas gestiones confidenciales lo terminaron de convencer para concretar un gesto espectacular: firmar un testimonio consular espontáneo en sede territorial argentina en Suiza, revelando su intervención para pagarle 25 millones de dólares al entorno del otrora presidente Carlos Menem. Fue la contrapartida por la concesión del espacio radioeléctrico nacional a la compañía Thales, líder en la electrónica militar y de seguridad en Francia, uno de los más poderosos del mundo.

Los documentos de las confesiones de Queudot y el contrato de fantasía con el que lo mandatara Thales para delinquir, se reproducen exclusivamente en este libro.

La crónica de la obra le sigue las huellas a este comisionista financiero, ejemplo de los temerarios brokers, intermediarios fiduciarios habituales en el paisaje bancario helvético. Son agentes "multiuso" que constituyen sociedades instrumentales para ofrecer servicios parabancarios, gestores que actúan en las sombras y enmascaran transacciones encubiertas de sus clientes. Realizan operaciones en nombre de terceros por las que cobran faraónicos honorarios, al igual de lo que se viene conociendo sobre Alstom y Siemens. La declaración de Queudot por las coimas de Thales, punto de partida del libro, resumió a las autoridades argentinas cómo se organiza y circula un soborno internacional. El relato dibuja la ruta del dinero, atravesando cuentas, sociedades, oficinas y bancos, conectando empresarios y aventureros en la Argentina, Uruguay, Holanda, Francia, Suiza y los Estados Unidos.

Sin embargo, a los pocos meses del desembarco de Queudot en la embajada argentina en Berna, y siempre en el 2004, el presidente Néstor Kirchner cesó al ministro Beliz, y anuló un viaje a Suiza. El gobierno argentino resolvió asimismo no firmar un tratado de asistencia penal con Suiza para luchar contra la corrupción, el blanqueo de dinero y el terrorismo. De inmediato, Kirchner decidió no apelar en Ginebra contra la devolución de 7 millones de dólares depositados en cuentas de ese país por Menem y su secretario privado, Ramón Hernández, confirmando el desapego para profundizar la persecución de la corrupción. A su vez, los 520 millones de dólares de los fondos errantes de Santa Cruz, llegaron a Zurich. Volvieron al país sólo 390 millones de dólares, pero recién en marzo de 2008 y bajo amenaza de confiscación de la justicia de Estados Unidos.

Sin apartarse del hilo conductor del libro que encarna Lionel Queudot, quien temiendo por su vida ha escapado recientemente de Suiza, el reportaje se extiende en otras prácticas de la multinacional francesa Thales, incriminada en el "affaire Clearstream", que hiciera vacilar la transición en Francia entre los presidentes Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy. A Thales se le imputa paralelamente corromper a Jacob Zuma, candidato presidencial del partido dominante en África del Sur para las elecciones generales previstas para fines de 2009, cuyo juicio oral debería tener lugar próximamente en Johanesburgo. La mayoría de esos sobornos reiteran la utilización de un broker en Suiza, para disimular y canalizar los dineros del cohecho, metodología observada por Thales, Siemens y Alstom, todas firmas europeas con múltiples contratos denunciados en la justicia argentina, por un valor que ronda los 20 mil millones de dólares.

La narración evoca todo lo que pasó dentro y fuera del país en derredor de los estallidos políticos y judiciales provocados por las coimas de Thales. Da seguimiento a un escándalo de corrupción ocurrido en épocas de la presidencia de Carlos Menem sin resolver en los tribunales durante los gobiernos de los Kirchner. La investigación incluye un capítulo sobre cómo se fraguó en la Argentina el negociado por la privatización del espacio radioeléctrico. Sin transición y en capítulo separado, se desencriptan las claves de la cuenta de Menem en Ginebra, junto a las andanzas del testigo C, el arrepentido iraní que lo acusó de cobrar 10 millones de dólares para silenciar el sumario por el atentado contra la AMIA. Al disecar toda esa trama, el libro termina pintando el crepúsculo de las esperanzas de la lucha contra la criminalidad económica alentadas inicialmente por el matrimonio Kirchner, desnudando la matriz de la corrupción, al cabo de 25 años de democracia en la Argentina.

Juan Gasparini, abril de 2009


Nota: El manuscrito fue enviado a imprenta el 15 de marzo de 2009. Ocho días más tarde, al ex presidente Carlos Menem fue procesado en primera instancia por el sumario Thales en la Argentina, acusado de "defraudación por administración agravada". El 6 de abril de 2009, la Sala II de la Cámara Federal de Buenos Aires, rechazó un recurso de los inculpados con sentencia firme en el presente sumario, prohibiéndoles apelar ante la Cámara Nacional de Casación Penal

GUERRA DE MALVINAS o FALKLANDS WAR -

Guerra de las Malvinas o Guerra del Atlántico Sur (en inglés, Falklands War[1] ) fue un conflicto armado entre la República Argentina y el Reino Unido que tuvo lugar en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La guerra se desarrolló entre el 2 de abril, día de la invasión de las islas por parte de las Fuerzas Armadas de Argentina, y el 14 de junio de 1982, fecha de su rendición, lo que conllevó la reocupación de los tres archipiélagos por parte del Reino Unido.

La causa inmediata fue la lucha por la soberanía sobre estos archipiélagos australes, tomados por la fuerza en 1833 y dominados desde entonces por el Reino Unido, algo nunca aceptado por Argentina que los sigue reclamando como parte integral e indivisible de su territorio; de hecho, considera que se encuentran ocupados ilegalmente por una potencia invasora y los incluye como parte de su Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

El coste final de la guerra en vidas humanas fue de 649 militares argentinos, 255 británicos y 3 civiles isleños.

Políticamente, en la Argentina, la derrota en el conflicto precipitó la caída de la junta militar que gobernaba el país; en el Reino Unido, por su parte, la victoria en el enfrentamiento ayudó a que el gobierno conservador de Margaret Thatcher lograra la reelección en las elecciones del año 1983.[2]

Contenido-

1 Contexto
1.1 Aspectos económicos, geoestratégicos y políticos
1.2 La situación en Argentina antes del conflicto
2 La guerra
2.1 Fundamentos políticos y militares de la invasión argentina
2.2 La Operación Rosario
2.2.1 Movimientos previos en las Islas Georgias del Sur
2.2.2 El desembarco en las islas Malvinas
2.3 La diplomacia tras la invasión
2.4 La reacción militar británica: la Operación Corporate y la campaña terrestre
3 Pérdidas humanas
3.1 Muertos del bando argentino
3.2 Muertos del bando británico
3.2.1 Pérdidas materiales
4 Las consecuencias de la Guerra de Malvinas
5 Fuentes bibliográficas
6 Referencias
7 Véase también
8 Enlaces externos



Contexto-

Aspectos económicos, geoestratégicos y políticos -

Económicamente, en otro tiempo, en las islas existían importantes puestos balleneros, pero la gradual desaparición de numerosas especies de ballenas en los mares australes y los profundos cambios en el negocio aceitero hicieron que la relevancia económica de la actividad se redujera dramáticamente. No obstante, numerosas investigaciones confirman yacimientos de crudo en la plataforma continental en la que se encuentran las Malvinas. La plataforma es, además, una rica pesquería.

Políticamente, el interés de la Argentina por el archipiélago obedece a su visión del mismo como territorio irredento.

Estratégicamente, la posesión de territorios adyacentes a la Antártida puede otorgar derechos sobre este continente en futuras negociaciones relacionadas con el mismo;
el control de este archipiélago entrega una posición estratégica a su ocupante sobre el cruce austral y su tráfico marítimo.

No obstante, en la década previa al estallido de la guerra, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico consideraba más bien las Malvinas como un problema a la hora de estabilizar sus relaciones con América Latina. Pero, aunque propuso una devolución en arriendo (una soberanía de la Argentina durante un tiempo prolongado con la expectativa de una devolución al final del mismo), los ciudadanos de las Malvinas (los kelpers) se negaron a aceptar la propuesta.[3]


La situación en Argentina antes del conflicto-


Moneda de 2 pesos conmemorativa de la guerra de las Malvinas

A comienzos de los años 1980, el modelo económico de la Junta militar dio claras muestras de agotamiento, lo que provocó numerosas tensiones sociales: 90% de inflación anual, recesión profunda, interrupción de buena parte de la actividad económica, generalización del IVA, empobrecimiento de las clases medias, brusco aumento del endeudamiento externo de las empresas y del Estado, salario real cada vez más depreciado, aumento de la pobreza, etc.

La sustitución del jefe de la primera Junta Jorge Rafael Videla por el general Roberto Viola y, luego, de este por el general Leopoldo Galtieri, fue una consecuencia de esa crisis. La consiguiente decisión de intentar recuperar las Malvinas fue tomada, entre otras varias razones, tanto por el efecto que podría conseguirse a la hora de desviar la atención social de esos problemas, como por las posibilidades de recuperar el crédito perdido entre determinados sectores sociales sensibles a una acción de interés patriótico como esa.[4] [5]


Fundamentos políticos y militares de la invasión argentina

La decisión se basó en los siguientes presupuestos políticos y militares:

Naciones Unidas se había adherido firmemente a la doctrina de la guerra justa mediante la aprobación, por grandes mayorías, de las resoluciones 2131 (1965), 2326 (1967), 2908 (1972), 3281 (1974) y 3314 (1974), que reconocían explícitamente la legitimidad de las guerras de liberación, de autodeterminación, contrarias a la opresión racial, etc. Amparada en este antecedente legal, la mención a una hipotética recuperación de las islas por la vía armada había estado presente en el discurso diplomático bilateral desde 1972.[6]

Entre 1981 y 1982, varias acciones del gobierno británico fueron interpretadas por la junta militar argentina como señales de desinterés por el archipiélago, sus habitantes y su futuro; entre otras:

debido a recortes presupuestarios, el ministerio de defensa británico decidió prescindir de sus dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible), sus dos buques de desembarco de tropas (HMS Fearless y HMS Intrepid) y del patrullero antártico HMS Endurance, llamado por los británicos «el guardián de las Islas Falkland». Varios periódicos argentinos llegaron a afirmar que el Reino Unido abandonaba la protección de las Islas Malvinas. En el mismo sentido, los representantes malvinenses en Londres expresaron su profunda preocupación por el inminente desarme.[7]

La nueva ley de nacionalidad aprobada por el parlamento británico relegaba a la mayoría de los nativos malvinenses a una segunda categoría y les negaba la ciudadanía completa.[8]

La guarnición británica en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur era reducida, y la lejanía a la metrópoli impedía la llegada de refuerzos a tiempo.

La capacidad de guerra anfibia del Reino Unido a medio mundo de distancia no parecía estar a la altura de las circunstancias, pese a su gran poderío aeronaval.
No parecía probable que el Reino Unido realizara un contraataque a gran escala, afectando al territorio continental argentino —por ejemplo, usando sus submarinos nucleares— por una cuestión colonial sobre unas islas remotas.

Basándose, en líneas generales, en lo anterior, el gobierno argentino diseñó un plan para la recuperación militar de los tres archipiélagos en disputa llamado Operación Rosario, alterando el statu quo por la vía de los hechos. La operación fue creada a finales de 1981 y principios de 1982 por el Almirante Jorge Isaac Anaya, miembro de la Junta presidida por Galtieri.


La Operación Rosario

Operación Rosario
La Operación Rosario (al principio denominada Operación Azul) consistía en una serie de acciones de intensidad creciente encaminadas a la recuperación argentina de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, que se conseguirían en sentido inverso (de Este a Oeste y de menor a mayor relevancia política), iniciándose de la manera más discreta posible y culminando con la toma del archipiélago de las islas Malvinas y de su capital, Puerto Argentino/Stanley, mediante un asalto directo. La Junta logró mantener en secreto el plan de Anaya hasta apenas 48 horas antes del inicio de las hostilidades.


Movimientos previos en las Islas Georgias del Sur -


En septiembre de 1979, el empresario argentino Constantino Davidoff, especializado en negocios con chatarra, firmó un contrato con la empresa Christian Salvensen de Edimburgo, por el cual adquiría las instalaciones balleneras abandonadas en las islas Georgias del Sur.


Davidoff gestionó en la Embajada británica de Buenos Aires el servicio del buque Endurance con el fin de transportar a las Islas el personal y equipos necesarios para desmantelar las instalaciones, pero como su pedido no fue aceptado, la Armada Argentina llevó a cabo la tarea.


El empresario comunicó a la Embajada británica su viaje al archipiélago de Malvinas y, en diciembre de 1981, zarpó con destino a las Georgias, a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5).


Meses más tarde, el 19 de marzo de 1982, con motivo de un nuevo viaje de Davidoff al lugar, ahora en el ARA Bahía Buen Suceso (B-4), se produjo el izado de una bandera Argentina en las islas que provocó que el Ministerio de Exteriores inglés ordenase el envió del Endurance con el objetivo de obligar a los operarios a arriar la bandera y evitar el desembarco del personal.

El 20 de marzo, Thatcher fue informada de lo sucedido y decidió enviar el Endurance desde Port Stanley, con un complemento de 24 soldados de marina. Se organizó, además, una protesta diplomática en Buenos Aires.

El 21 de marzo, después de la marcha del ARA Bahía Buen Suceso (B-4) y con grupo de Davidoff en tierra para seguir con sus tareas, se solicitó al gobierno argentino desalojar a los operarios allí apostados.

El 23 de marzo, el Comandante del Grupo Naval Antártico,[9] CN César Trombetta, al mando del ARA Bahía Paraíso (B-1), recibió órdenes del Estado Mayor General Naval de dirigirse a máxima velocidad a las islas Georgias del Sur, con la misión de evitar el desalojo del grupo de obreros argentinos de Davidoff por parte del HMS Endurance, salido a tal efecto desde las Islas Malvinas.

El B-1, comandado por Trombetta, arribó a Puerto Leith en la noche del 24 de marzo y desembarcó un grupo de apoyo a los obreros argentinos; luego, permaneció en la zona y patrulló con sus helicópteros el área durante las horas subsiguientes, las noticias procedentes del sur dieron cuenta de un inusual movimiento de buques de guerra de la Armada Argentina en el Atlántico Sur.[10]

El 28 de marzo de 1982, a las 10.57, el ARA Santísima Trinidad (D-2) (DEST) zarpó como buque insignia del Comandante de la Fuerza de Tareas 40, embarcando a su comandante y al Comandante del teatro de Operaciones Malvinas, General de División Osvaldo García.

Al día siguiente, la FT.40 inició el desplazamiento hacia su objetivo, navegando a 14nudos, en formación circular, protegiendo a la nave más valiosa del conjunto, el Buque de Desembarco de Tanques (BDT) ARA Cabo de San Antonio (Q-42), que llevaba las tropas y medios para el desembarco.

Mar afuera, se les unió el rompehielos ARA Almirante Irizar (Q-5) (RHAI), y comenzó la distribución de los planes y la cartografía necesarios por medio de helicópteros, mientras la FT.40 se destacaba en una posición al norte de las Islas.

El viento se incrementó y afirmó del sudoeste con intensidad de temporal, por lo que la FT.40 debió bajar su velocidad hasta tener un avance efectivo de 6 nudos. El DEST, debido a los golpes de mar, perdió parte de la carga de nafta que la Agrupación de Comandos Anfibios llevaba en tanques sobre su cubierta. Las pésimas condiciones del tiempo produjeron un sensible atraso en derrota de la Fuerza Anfibia, lo que provocó que se cambiase el Día "D" para el 2 de abril.

Con un viento que llegaba a los 45 nudos del sur sudoeste, mediante el uso de helicópteros desde el RHAI se repusieron los tambores de combustible perdidos en el D-2, y aviones Grumman S-2 Tracker del PAL ARA Veinticinco de Mayo (V-2) cumplían vuelos de exploración.

El 30 de marzo, cuando se hizo obvio que la invasión era inminente, el Gobierno británico ordenó que el destructor HMS Antrim, seguido de otros dos buques de superficie y tres submarinos nucleares, se dirigieran a las islas Georgias del Sur para apoyar al HMS Endurance. El resto de unidades de la marina británica se puso en alerta de cuatro horas.

El 31 de marzo el Comandante de la FT.40 dispuso una reunión en su buque insignia para analizar la situación en función de las últimas informaciones recibidas, teniendo en cuenta que, dado que el Gobernador de Malvinas impartía por radiodifusión, a su población, instrucciones, disponiendo una serie de medidas de prevención y defensa, se había perdido el factor sorpresa.
Se explicó que el Aeropuerto de Puerto Stanley se encontraba defendido con emplazamiento de ametralladoras, imposibilitando el descenso sorpresivo de aeronaves e imponiendo la necesidad de capturarlo y apresarlo. A las 18.00, se comunicó al personal a bordo del BDT la misión que debían cumplir y los riesgos de la misma.

El 1 de abril el Estado Mayor General Naval recibió la orden de "ocupar Grytviken y mantener Leith a fin de asegurar el dominio de las Islas Georgias", para lo que se le asignó la corbeta misilística ARA Guerrico (P-2) (actual P-32) a mando del CF Carlos Alfonso, y un grupo de Infantería de Marina al mando del Teniente de Navío Guillermo Luna.

Como consecuencia de lo anterior, se sucedieron una serie de reuniones y conversaciones de alto nivel mandatario a fin de evitar la invasión argentina. La noche del día 1 de abril Ronald Reagan se comprometió ante Thatcher a hablar con la Junta militar para evitar el ataque. No obstante, su conversación telefónica con Galtieri fue infructuosa.[11]

El desembarco en las islas Malvinas

Orden de batalla

Argentina Reino Unido

Fuerza de Operaciones 40 (comandante: vicealmirante Juan Lombardo)



Destructor misilístico ARA Hércules (D-1) (actual B-52) (4.100 t) con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 lanzamisiles doble antiaéreo Sea Dart, 1 cañón de 114 mm, 2 antiaéreos de 20 mm, 2 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 1 helicóptero Westland Sea Lynx (1977).
Destructor misilístico D-2 ARA Santísima Trinidad (D-2) (4.100 t) con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 lanzamisiles doble antiaéreo Sea Dart, 1 cañón de 114 mm, 2 antiaéreos de 20 mm, 2 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 1 helicóptero Westland Sea Lynx (1981).
Corbeta misilística ARA Drummond (P-1) (actual P-31) (1.250 t) 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 cañón de 100 mm + 1 doble de 40 mm (1978).
Corbeta misilística ARA Granville (P-3) (actual P-33) (1.250 t) con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque (cada una, 1 misil), 1 cañón de 100 mm + 1 doble de 40 mm (1981).
Submarino ARA Santa Fe (S-21) (1.526 t) (Clase Balao ex-USS Catfish SS 339) con 10 tubos lanzatorpedos de 254 y 533 mm (1944, modernizado en 1960).
Rompehielos ARA Almirante Irízar (Q-5) (14.900 t) con 2 helicópteros medianos Sikorsky Sea King (1978).
Buque de transporte ARA Isla de los Estados (B-18) (3.100 t, 1951).
Buque de desembarco de tanques LST ARA Cabo San Antonio (Q-42) (8.000 t, 1977).
84 comandos anfibios y buzos tácticos embarcados.
1º y 2º batallón de infantería de marina blindada (con vehículos anfibios LVTP-7 y LARC-5).
Comandante: gobernador Rex Hunt
Buque civil costero Forrest.
57 infantes de marina (Unidad 8901) en tierra.
11 miembros de la Marina Real.
40 miembros de la Fuerza de Defensa de las Islas Malvinas.



La 3ra Sección de la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino y parte de la jefatura de esa unidad.



El 25 de marzo el general de división Osvaldo Jorge García, como comandante del Teatro de Operaciones Malvinas, dio órdenes de ejecutar el plan de operaciones.

El 26 de marzo, una importante fuerza naval argentina abandonó Puerto Belgrano bajo la apariencia de disponerse a realizar unas maniobras con la flota uruguaya. Sin embargo, dirigieron sus pasos hacia las islas Malvinas.

El día 30, la inteligencia británica notificó al gobernador Rex Hunt que se trataba de una amenaza real y que se esperaba la invasión para el día 2 de abril. Hunt reunió a sus pocas tropas y les encomendó la defensa de las islas. En la mañana del 1 de abril, apagaron el faro e inutilizaron el pequeño aeropuerto local y sus radiobalizas. Ese mismo día el general García, debido a las malas condiciones meteorológicas reinantes, postergó un día la operación de desembarco, fijando como día “D” al 2 de abril y como hora “H” las 06:00.[12]

Cronología del desembarco
El 1 de abril, a las 21:18, el primer grupo de botes se desprendió del D-2: 84
comandos anfibios y buzos tácticos bajo el mando del Capitán de Corbeta Guillermo Sánchez-Sabarots. A las 22:45, el grueso de la Agrupación de Comandos Anfibios salió del buque en 19 embarcaciones destacándose, inmediatamente, el destructor en su zona de patrullado. Desembarcaron en Mullet Creek sobre las 23:00 horas. A esa misma hora, el submarino ARA Santa Fe (S-21) libró a otros diez buzos tácticos para colocar balizas de radionavegación y ocupar el Faro San Felipe (Pembroke). Cuando el ARA Santa Fe (S-21) emergió, fue detectado por el radar de navegación del buque costero Forrest dándose inicio a las hostilidades. A las 23:40 en la zona del aeropuerto se observó una bengala verde y al poco tiempo fue apagado el Faro San Felipe.

Ya el 2 de abril, a la 1:30 horas, los hombres de Sánchez-Sabarots se dividieron en dos grupos: el primero, comandado por él mismo, se dirigió a los barracones de la infantería de marina británica en Moody Brook para atacarlos; el segundo, bajo el mando del Capitán de Corbeta Pedro Edgardo Giachino, avanzó hacia Puerto Stanley con objeto de tomar las oficinas del Gobernador y capturarlo.

A la 1:55, el submarino ARA Santa Fe (S-21) salió a la superficie, frente a Punta Calebroña y lanzó sus Buzos Tácticos a unos 3.000 metros del Faro San Felipe, que se encontraba apagado, alejándose, luego, a máxima velocidad en superficie, para regresar a su lugar de patrulla. Pero los británicos, sobre aviso, habían evacuado los barracones y estaban desplegados en posiciones de combate para defender la localidad.

A las 4:20, el destructor ARA Hércules (D-1) izó su Pabellón de Guerra y comenzó su patrullado en Puerto Groussac, protegiendo a la iniciación de la fase de asalto, la aproximación del BDT ARA Cabo San Antonio (Q-42) y de la corbeta ARA Drummond (P-1).


Dos de los comandos anfibios que ocuparon el cuartel de los Royal Marines en Moody BrookA las 5:45 horas, la Fuerza de Desembarco de Sánchez-Sabarots abrió intenso fuego automático y de granadas sobre los barracones donde suponían a los infantes de marina británicos. A los pocos minutos, descubrieron que nadie devolvía el fuego (estaban vacíos). El ruido, por el contrario, alertó al mayor Norman —que dirigía a las fuerzas británicas— de que los argentinos habían llegado.

Cerca de las 6:00 se apagaron las luces de la bodega del BDT, se abrieron las compuertas de proa y se pusieron en marcha los enormes extractores de gases.

A las 6:22 horas, llegó la orden "¡Primera ola al agua!" y, desde el BDT ARA Cabo San Antonio (Q-42), comenzaron a desembarcar los vehículos anfibios, con fuerzas del Regimiento de Infantería 25 del Ejército Argentino. El ARA Cabo San Antonio (Q-42) libró la compañía E de vehículos anfibios LVTP-7 y LARC-5 del 2º de Infantería de Marina, orientándose con las balizas que habían colocado los buzos tácticos del ARA Santa Fe (S-21). La primera oleada, bajo el mando del capitán de corbeta (IM) Hugo Santillan, llegó a tierra y tomó la dirección del aeropuerto. La compañía "D" desembarcó poco después para ocupar el faro.

A las 6:30, desde el D-2, se irradió un comunicado en el que intimaba a la población a no ofrecer resistencia para evitar derramamiento de sangre.

El grupo de Giachino, la avanzada de las fuerzas argentinas, se dirigió a la casa del Gobernador, invitándole a la rendición. Al no recibirse respuesta, entraron al anexo de los sirvientes, donde se había atrincherado un grupo de Marines Reales, entablándose un combate. Comenzó un tiroteo generalizado, donde se produjo la primer baja del conflicto, el CCIM Pedro Giachino, que fue herido mortalmente;[13] fueron también alcanzados por las esquirlas y resultaron heridos de gravedad, el Teniente de Fragata Diego García Quiroga y el Cabo Primero Ernesto Urbina. El resto de sus hombres se replegaron, aunque mantuvieron el asedio sobre la sede del gobierno británico, disparando desde una posición elevada ubicada al sur de la misma.

Los constantes cambios de posición de los comandos y el uso de granadas de aturdimiento hicieron creer a los defensores que estaban bajo el ataque de una fuerza numéricamente muy superior a la real, lo cual resultó decisivo para obtener su rendición. A los pocos minutos, aterrizó el primer Lockheed C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina en el Aeropuerto de Puerto Stanley.

Cuando la compañía E llegó a las proximidades del viejo aeropuerto, sufrió el primer ataque de la infantería de marina británica. Un blindado LVTP-7 fue averiado por disparos de una ametralladora, pero la tripulación resultó ilesa. El Contraalmirante Busser, responsable del desembarco, comenzó a preocuparse: las tropas blindadas aún no habían entrado en contacto con los comandos, y la resistencia británica era más intensa de lo esperado. Ordenó entonces que una compañía del Batallón de Infantería de Marina 1 con lanzacohetes de 105 mm fuesen helitransportados a la costa.

Un cabo de los comandos anfibios conduce prisionero a un grupo de Royal Marines tras la rendición británica

A las 8:30 horas, el gobernador Hunt y el mayor Norman, sitiados y bajo presión, debatieron qué hacer
. Se sugirió dispersarse por el interior para iniciar una guerra de guerrillas, pero, finalmente, creyéndose rodeados por un batallón de Infantería de Marina, decidieron que este plan de acción no tenía sentido.[14] Hicieron traer a Héctor Gilobert, un argentino residente de las islas al que consideran un espía, y le encargaron negociar el alto el fuego. A las 9:30 horas, el gobernador Hunt rindió las islas Malvinas al contraalmirante Busser. Un avión de transporte militar argentino llevó a Hunt a Montevideo, desde donde se dirigió a Londres.

Utilizando el helicóptero Westland Lynx Mk.23 0739/3-H-141, desde el ARA Hércules (D-1), se trasladó al abanderado de la Flota de Mar, el Teniente de Fragata Martín Cazaux, para afirmar el pabellón en Puerto Stanley (posteriormente, llamado Puerto Argentino).

Cumplida su tarea por la Fuerza de Desembarco, algunas de sus fracciones se encontraban listas para el repliegue al Continente, que comenzó el mismo 2 de abril.

En esas circunstancias, y ante la necesidad de brindar apoyo logístico a las unidades navales que operaban en el puerto de la capital de las islas, el comandante de la Flota de Mar dispuso la creación del Apostadero Naval Malvinas, designando como jefe del mismo al capitán de fragata Adolfo A. Gaffoglio.

Al día siguiente, aparecieron en los periódico británicos las fotos de los marines tendidos en el suelo boca abajo. Aproximadamente 120 defensores (incluyendo civiles armados) fueron capturados por los argentinos en la acción.[15]

Sin embargo, en las islas Georgia del Sur los británicos no aceptaron la rendición, que les fue comunicada desde el ARA Bahía Paraíso (B-1). Cuando en la mañana del día 3 las fuerzas argentinas trataron de tomar Grytviken, los 22 infantes de marina británicos reaccionaron: no sólo derribaron el helicóptero Puma del Comando de Aviación del Ejército Argentino, sino que averiaron la corbeta misilística ARA Guerrico (P-2) (actual P-32) con denso fuego de infantería y un lanzacohetes Carl Gustav, cuando intentaba aproximarse a la población. El cabo Guanca, y los conscriptos Mario Almonacid y Jorge Águila, resultaron muertos y otros, heridos. Intervino el Alouette del COAN que, artillado, atacó a las posiciones inglesas. Finalmente, la P-2 logró alejarse y —aunque tenía inutilizado su cañón principal de 100 mm— disparó una salva con el de 40 mm contra las posiciones británicas. Ante este hecho, con un marine herido en un brazo y con los conscriptos infantes argentinos aproximándose, los Marines Reales decidieron rendirse.

Por lo demás, las fuerzas argentinas desistieron de atacar la base de la isla Bird, permaneciendo allí y en bahía Schlieper, glaciar Lyell y bahía Saint Andrews, 15 británicos que se mantuvieron fuera del control argentino hasta el retorno británico a las islas.

Pasado el mediodía del 3 de abril de 1982, la bandera argentina ondeó sobre las islas Malvinas, las islas Georgias del Sur y las islas Sándwich del Sur (en estas últimas hacía varios años).

Los prisioneros británicos volvieron a su país vía Montevideo.

Ese mismo día, Margaret Thatcher intervino en la Cámara de los Comunes para debatir el tema de las Malvinas; anunció la organización de una fuerza operativa especial, la creación de un gabinete de guerra y la renuncia, entre otras, de su Ministro de Asuntos Exteriores, lord Carrington.[16]

Repliegue
Durante el 3 de abril se comenzó a replegar los elementos usados en el desembarco al BDT y al rompehielos;
el grueso de las tropas que intervinieron en la recuperación regresó en aeronaves del Comando de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea Argentina.


El 4 de abril, desde el ARA Isla de los Estados (B-8) se trasladó en helicópteros a Darwin y a Pradera del Ganso a la Compañía "C" del Regimiento de Infantería Nº 25 del Ejército Argentino, que ocupó ambos establecimientos sin hallar oposición.

El 5 de abril una fracción de la Compañía de Ingenieros 9 ocupó Puerto Fox en la isla Gran Malvina.

Tras la conquista de la islas, entre el 6 y 7 de abril, los buques de la FT.20 y de la FT.40 se replegaron a la BNPB, a la que arribaron el 12 de abril.


La diplomacia tras la invasión

Leopoldo Fortunato Galtieri, presidente de facto de Argentina anuncia en la Plaza de Mayo el comienzo de la recuperación de las islas del Atlántico sur

Margaret Thatcher, Primera Ministra británica durante la Guerra de las Malvinas

Entre las primeras medidas tomadas por Argentina, estuvieron algunas de carácter administrativo, aunque con fuerte valor simbólico: cambios de topónimos por sus versiones argentinas, instauración del español como lengua oficial y modificación del código de la circulación vehicular para que se condujese por la derecha en vez de por la izquierda.

Frente a las celebraciones argentinas, el Reino Unido se conmocionó ante las imágenes de una derrota ante un ejército a todas luces inferior.

El gobierno de Margaret Thatcher, inmerso en distintas reformas muy contestadas socialmente, se hallaba en una situación delicada. Francis Pym, su ministro de Asuntos Exteriores, no veía con buenos ojos un conflicto con Argentina por la posesión de unas islas remotas en el Atlántico Sur.

Con todo, el 3 de abril el Reino Unido logró que la ONU aprobara la resolución 502, exigiendo a la Argentina que retirara sus tropas de los archipiélagos ocupados:

El Consejo de Seguridad,

Recordando la declaración formulada por el Presidente del Consejo de Seguridad en día 23 45a. Sesión del Consejo de Seguridad, celebrada el 1º de abril de 1982 (S/14944), en la que se instaba a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a que se abstuvieran del uso o la amenaza de la fuerza en la región de las Islas Malvinas (Falkland),

Profundamente preocupado por los informes acerca de una invasión por parte de las fuerzas armadas de la Argentina el 2 de abril de 1982,
Declarando que existe un quebrantamiento de la paz en la región de las Islas Malvinas (Falkland),
1. Exige la cesación inmediata de las hostilidades.
2. Exige la retirada inmediata de todas las fuerzas argentinas de las Islas Malvinas (Falkland).



3. Exhorta a los Gobiernos de la Argentina y el Reino Unido a que procuren hallar una solución diplomática a sus diferencias y a que respeten plenamente los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.


Resolución 502 del Consejo de Seguridad. Nueva York, 3 de abril de 1982.
Votaron a favor Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Jordania, Togo, Uganda, Zaire, Guyana, Irlanda y Japón. En contra: Panamá. Se abstuvieron la Unión Soviética, China, Polonia y España.

El presidente de Francia, François Mitterrand, telefoneó a Thatcher para expresarle su apoyo. El Reino Unido también cortó todas las relaciones comerciales con Argentina, y comenzó a buscar aliados diplomáticos con un éxito mucho mayor al de la Junta Militar argentina.

Durante el conflicto bélico, y a raíz de la inmediata ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos estados beligerantes, Perú representó los intereses diplomáticos de Argentina en Gran Bretaña y, a su vez, Suiza representó los intereses diplomáticos de Gran Bretaña en Argentina.

Así, los diplomáticos argentinos destacados en Londres se convirtieron en diplomáticos peruanos de nacionalidad argentina y los británicos en Buenos Aires, diplomáticos suizos de nacionalidad británica. Durante el transcurso del conflicto bélico, los movimientos del Servicio de Inteligencia británico sobre la Embajada peruana en Londres y sus funcionarios diplomáticos conllevó como respuesta mensajes de distracción. Se supo después que Perú no sólo apoyó a Argentina diplomáticamente, sino también militarmente, con acciones de inteligencia, enviando 10 aviones Mirage M5-P[17] eludiendo radares bolivianos y chilenos,[18] con pertrechos militares y medicinas. Como acto de solidaridad peruana, los citados aviones fueron vendidos a Argentina a cinco millones de dólares cada uno toda vez que su precio era de veinte millones de dólares por avión.[19] Perú fue uno de los pocos aliados de Argentina que la apoyó abiertamente durante el conflicto.

Hacia el 9 de abril, el Reino Unido había logrado el pleno apoyo de la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea), la OTAN, la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth) y la ONU. Surgieron entonces propuestas de paz por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, y del Presidente Peruano Fernando Belaúnde Terry.

Alexander Haig, Secretario de Estado de Estados Unidos, recorrió miles de kilómetros intentando evitar la guerra entre dos de sus aliados. La mediación se basaba en dos puntos principales:

retirada de Argentina de las islas;
administración interina conjunta de las islas o, en último caso, una administración neutral mientras se negociase la soberanía;

Aunque, al menos, en un par de ocasiones se estuvo a punto de conseguir, la oposición de Thatcher y Galtieri fue un escollo insalvable. Básicamente, la Primera ministra alegaba que, una vez producida la invasión, no se podía pasar por alto a esta; Galtieri, por su parte, rechazó de plano la retirada voluntaria del ejército argentino.[20]


La Unión Soviética, por su parte, se dedicó a observar el devenir de unos acontecimientos en los que dos aliados de los estadounidenses, ambos con gobiernos de derecha —una democracia y una dictadura—, se enfrentaban irremisiblemente.
Moscú era consciente de que, más pronto que tarde, Washington tendría que decantarse por uno de los dos. Hacerlo implicaba romper la OTAN o romper el TIAR. Cualquiera de las dos opciones resultaba beneficiosa para los soviéticos.

Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos durante la Guerra de las Malvinas.

Tras unas semanas de política de dos caras (postura diplomática y neutral de Haig, por un lado, y continuo e importante apoyo militar y estratégico del Pentágono, por otro),[21] hacia finales del mes de abril, el presidente estadounidense Ronald Reagan se decantó por los británicos y por la OTAN. Tanto la URSS como Cuba criticaron a Estados Unidos por este posicionamiento, y Fidel Castro llegó a ofrecer su apoyo a la Junta Militar argentina.

Tras la experiencia de la Operación Soberanía, Chile optó también por apoyar a Gran Bretaña, probablemente motivada por sus conflictivas relaciones con Argentina que habían llegado al borde de la guerra a finales de 1978. Por lo demás, Chile no consideraba que se debiese aplicar el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca que implicaba que si un país de América era atacado por un extranjero todo el contienente debía defenderlo) ya que entendía que Argentina no había sido atacada, sino que era ella la atacante.

Desde los últimos días de abril, por tanto, el Reino Unido contó con este apoyo diplomático, con inteligencia satelital estadounidense, con las últimas versiones de armamento estadounidense (AIM-9L Sidewinder, Stingers, etc) y con datos tecnológicos esenciales de lo que se consideraba —y se demostraría— el arma más peligrosa de los argentinos: los misiles antibuque Exocet de fabricación francesa. No hubo declaración oficial de guerra por ninguna de las dos partes.

Tras el hundimiento del General Belgrano, cuyas cuantiosas pérdidas humanas provocaron una reacción de repulsa internacional contra Gran Bretaña, y la pérdida del Sheffield, Thatcher volvió a recibir solicitudes de mediación, en este caso del Presidente peruano Fernando Belaúnde. Se volvió a fracasar. Por un lado, la Primera ministra mostró, de nuevo, su reticencia a detener la guerra mientras los argentinos continuasen en las islas; pero, aunque aceptó la negociación sin condiciones previas sobre plazos o consecuencias, la Junta militar argentina se opuso.[22]

Las condiciones definitivas del Gobierno británico para llegar a un acuerdo fueron redactadas el 16 de mayo, y se exigía a Argentina un plazo de 48 horas para aceptarlas sin negociación posible. Las condiciones, que exigían la retirada incondicional de las tropas argentinas y el restablecimiento del statu quo previo, centraban el conflicto en que la agresión de Argentina iba en contra del derecho de autodeterminación de los isleños y así fue como consiguieron que parte de la opinión pública mundial se pusiese del lado de Gran Bretaña. Al rechazar Argentina el plan, se hizo inevitable la respuesta militar británica.


La reacción militar británica: la Operación Corporate y la campaña terrestre ]Artículo principal: Operación Corporate
La reacción del Reino Unido fue una inmediata respuesta militar lanzada el 21 de mayo de 1982. La ciudad capital de las islas, Puerto Argentino (Stanley para los Británicos), fue finalmente tomada por las fuerzas Británicas nuevamente el 14 de junio de 1982, devolviendo a las islas al status previo a la invasión argentina.

Operación Corporate fue el nombre dado a la operación Británica para retomar posesión de las islas Malvinas en 1982. El día 2 de mayo, fuera de la zona de exclusión, el submarino británico HMS Conqueror torpedeó y hundió al crucero ARA General Belgrano: allí murieron 323 de sus tripulantes. Unos días después, aviones argentinos guiados por Capitán de Fragata VGM Ernesto Proni Leston devolvieron el golpe: lanzaron un misil Exocet que hundió al destructor HMS Sheffield. Los británicos desplazaron sus barcos al estrecho de San Carlos, que separaba ambas islas, y finalmente desembarcaron al Noroeste de isla Soledad, el 21 de mayo. Durante muchos días, la aviación argentina bombardeó tenazmente los barcos británicos, pero no pudo impedir el desembarco.

Las fuerzas británicas avanzaron rumbo a Puerto Darwin, donde se produjo la violenta batalla de Pradera del Ganso entre el 27 y el 28 de mayo. Murieron 55 argentinos. Entre el 10 y el 14 de junio, fecha de la rendición, se produjeron feroces combates en muchos de los cerros que rodean Puerto Argentino: Monte Longdon, Monte Two Sisters, Wireless Ridge, Monte Tumbledown. Fueron breves, pero duros enfrentamientos en malísimas condiciones climáticas, en general por la noche y luego de demoledores bombardeos desde tierra, mar y aire.


Pérdidas humanas
Muertos del bando argentino
Monumento a los caídos en Malvinas, en Plaza San Martín en Buenos Aires

Ejército Argentino:
194 (16 oficiales, 35 suboficiales, 143 soldados conscriptos)


Armada de la República Argentina:
375 (ARA General Belgrano 321, ARA Alférez Sobral 8, ARA Santa Fe 1, ARA Guerrico 1, ARA Isla de los Estados 5, Infantería de Marina 34, Base Islas Malvinas 1 y 4 pilotos del COAN)


Fuerza Aérea Argentina:
55 (41 aviadores)

Gendarmería Nacional Argentina:
7

Prefectura Naval Argentina:
2 (Río Iguazú 1
)

Agentes civiles:
16 (ARA Isla de los Estados 13, ARA General Belgrano 2 y Narwal 1)
649 hombres
Lista de los muertos, 1998
.
Lista de los muertos con Comandos


Muertos del bando británico
El Capitán Roberto Curilovic descendiendo de su avión Super Etendart luego del ataque y destrucción del buque portacontenedores Atlantic Conveyor, 25-05-82


Ejército Británico: 123 (7 oficiales, 40 suboficiales y 76 soldados voluntarios).
Regimiento de Paracaidistas: 39
Servicio Especial Aéreo (SAS - Special Air Service): 19
A bordo de las naves RFA Sir Galahad y Sir Tristam: 43.
Regimiento de Gurkhas: 1.
Marina Real Británica (Royal Navy): 86
destructores: HMS Sheffield 19, HMS Coventry 18, HMS Glamorgan 13, fragatas: HMS Ardent 22, HMS Argonaut 2.
Marines Reales (Royal Marines): 27 (2 oficiales, 14 suboficiales y 11 soldados voluntarios).
Real Flota Auxiliar (Royal Fleet Auxiliary ): 4. (RFA Sir Galahad y Atlantic Conveyor).
Real Fuerza Aérea Británica (Royal Air Force): 1 (1 oficial).
Agentes civiles: 14 (Atlantic Conveyor 8, RFA Sir Galahad y Sir Tristam 4).
Isleñas de Malvinas: 3 mujeres civiles. (La fragata HMS Avenger cañoneó su casa por error).
Total 255 hombres y 3 mujeres[23]



Pérdidas materiales -

De acuerdo a los datos de la Fuerza Aérea Argentina,[24] los británicos sufrieron las siguientes pérdidas: 31 aeronaves derribadas o destruidas, 8 buques hundidos o destruidos, 11 buques averiados de consideración y 11 buques averiados.

Las fuentes oficiales británicas reconocen la destrucción de 6 aviones Sea Harrier FRS.1, 4 Harrier GR.3, 3 helicópteros Chinook HC.1, 5 Sea King HC.4/HAS.5, 9 Wessex HAS.3/HU.5, 3 Lynx HAS.2, 3 Gazelle AH.1 , 1 Scout AH.1 y el Portaaviones HMS Invincible . De éstos, 5 Harrier/Sea Harriers y 18 helicópteros fueron destruidos por acción enemiga.[25] Otro Harrier GR.3 fue dañado por metralla de la artillería antiaérea, lo cual le provocó un incendio durante su descenso en el portaaviones Hermes y no volvió a tomar parte en el conflicto.[26]

En lo que hace al componente naval de la Task Force, fueron hundidas o destruidas 7 naves de distinto porte (2 Destructores, 2 Fragatas, 1 buque portacontenedores, 1 buque logístico y una lancha de desembarco), todas ellas víctimas de ataques aéreos. Dos destructores y dos fragatas fueron dañados al punto de ser retiradas del teatro de operaciones por el resto de la guerra.


Consecuencias de la Guerra de Malvinas

Fuentes bibliográficas

Franks, Oliver Shewell (1983). Report of the Committee Chaired by Lord Franks, presented in Parliament by Margaret Thatcher.
Gustafson, Lowell S. (1988). The Sovereignty Dispute over the Falkland (Malvinas) Islands. New York: Oxford University Press.
Hastings, Max y Jenkins, Simon (1983). The Battle for the Falklands. New York: W. W. Norton..
Graham Bound (2002). Falklands Islanders At War. Pen and Sword Books. ISBN 0-85052-836-4.
Lebow, Richard (1985). «Miscalculation in the South Atlantic: The Origins of the Falklands War», Jervis, Robert, Lebow, Richard y Gross Stein, Janice, Psychology and Deterrence. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.
Levy, Jack y Vakili, Lilian (1991). «Diversionary Action by Authoritarian Regimes: Argentina in the Falklands/Malvinas Case», Midlarsky, Manus, The Internationalization of Communal Strife. London: Routledge.

Referencias
↑ El nombre de las islas, en inglés, fue acuñado por el navegante John Strong en honor a Anthony Cary, quinto vizconde Falkland, tesorero de la Real Armada Británica.

"La victoria produjo lo que llegó a conocerse como el "efecto Malvinas": un resurgimiento general del aplomo británico y de la reputación internacional de Gran Bretaña." John O'Sullivan, El Presidente, el Papa y la Primera Ministra, Gota a gota, Madrid, 2007, pag. 249.

↑ Cf. John O'Sullivan, op. cit., pág. 223.
↑ Lebow
↑ Levy y Vakili:118-146
↑ Gustafson:71
↑ Franks:34
↑ Hastings y Jenkins:43-44
↑ El Grupo Naval Antártico concluía en aquellas fechas la campaña de verano 1981/82 y, hacia la segunda quincena de marzo de 1982, el rompehielos ARA Almirante Irizar (Q-5) se encontraba en su base, el Apostadero Naval de Buenos Aires (ADBA), y el buque transporte polar ARA Bahía Paraíso (B-1) (BPBP) (CF Ismael J. García) partía desde la Base Naval Ushuaia hacia la Base Esperanza, en la Antártida, transportando a las familias que allí invernarían, para luego dirigirse a las Islas Orcadas del Sur y reembarcar al personal de Batallón de Construcciones Navales que había finalizado en ellas el nuevo edificio para el destacamento antártico local.
↑ Con la unidades disponibles se forma el Grupo de Tareas 60.1, con CN César Trombetta como comandante y las unidades:
60.1.1. buque polar ARA Bahía Paraíso (B-1),CF Ismael J. García
60.1.2. Corbeta ARA Guerrico (P-2) CF Carlos Alfonso
60.1.3. fracción del BIM (Batallón de Infantería de Marina) N° 4 (40 hombres), TNIM Guillermo Luna
60.1.4. dos helicópteros de la Agrupación Antártica (1 Aerospatiale Puma del Ejército Argentino, 1 Sud Aviation Alouette (del Comando de Aviación Naval de la Armada Argentina)
60.1.5. grupo de Buzos Tácticos y Comandos Anfibios (14 hombres) TNIM Alfredo Astiz.
↑ Cf. Jonh O'Sullivan, op. cit., págs. 229-230.
↑ CONFLICTO DEL ATLÁNTICO SUR, sitio oficial del Ejército Argentino Pedro Giachino murió después, convirtiéndose así en la primera baja de la Guerra de las Malvinas (por esta acción, el Capitán Giachino recibió post-morten la Cruz al Heroico Valor en Combate).

↑ Bound, página 60. En una comunicación radial durante el combate, el Gobernador Hunt aseguró que creía que la residencia estaba sitiada por 200 efectivos. En rigor, hasta ese momento sólo había entrado en acción el grupo comandado por Giachino, compuesto por 16 hombres.

↑ El número de miembros de la Fuerza Voluntaria de Defensa de las Falklands Islands, que habían sido entrenados en los campos de tiros por la fuerza de elite de los marines de la guarnicion britanica, fue de alrededor de 40, contradiciendo los datos ingleses de que sólo habían sido 23 los presentes en aquella batalla del 2 de abril; cf. Recuerdos de la Guerra de las Malvinas, en Telegraph.co.uk.

↑ Cf. John O'Sullivan, op. cit., pág. 233.
↑ Pilotos de la Fuerza Aérea del Perú llevaron los mirage a Buenos Aires en vuelo silencioso. El Comercio, 2 de abril de 2007
↑ Plan de vuelo desde Perú a Argentina para eludir radares. El Comercio, 2 de abril de 2007
↑ Venta de mirages peruanos a Argentina a la cuarta parte del precio real del momento. El Comercio, 2 de abril de 2007
↑ Cf. John O'Sullivan, op. cit., pág. 238-239.
↑ Tres días después de la invasión argentina se creó en el Pentágono un pequeño comité de coordinación que decidió permitir a los británicos usar la base americana de la isla Ascensión y que sus aviones repostaran allí, enviarles combustible y otras provisiones, además de otras concesiones. Cf. John O'Sullivan, op. cit., pág. 235-236.
↑ Cf. John O'Sullivan, op. cit., págs. 242-243.
↑ Falkland Islands - A history of the 1982 conflict
↑ Fuerza Aérea Argentina
↑ Autores británicos varios:Malvinas, la guerra aérea, Ediciones Open Argentina, 1988. PP. 280-281
↑ Diario oficial de la RAF durante el conflicto, 12 de Junio

Véase también
Informe Rattenbach
Armada Británica
Día del Veterano de Guerra y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas
Mensaje de distracción
Operación Rosario
Operación Algeciras
Pedro Edgardo Giachino
Capitán Daniel Manzotti
Iluminados por el fuego

Enlaces externos Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Guerra de las Malvinas.Commons
Cronología de la Guerra de las Malvinas
Antecedes, información y acciones sobre las Malvinas. Fuerza Aérea Argentina)
Historia del conflicto y relación de caídos. Ejército de la Argentina.






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Categoría: Guerra de las Malvinas

lunes, 11 de mayo de 2009

Maximilien de Robespierre

Maximilien de Robespierre

Político de la Revolución francesa que instauró el régimen del Terror (Arras, Artois, 1758 - París, 1794). Procedente de la pequeña nobleza del norte de Francia, se hizo abogado y frecuentó los círculos literarios y filosóficos de su ciudad en la década de 1780; sus escritos de esa época muestran la influencia de las ideas democráticas de Rousseau.

Cuando Luis XVI convocó a los Estados Generales para resolver la quiebra de las finanzas reales (1788), Robespierre fue elegido para representar al Tercer Estado de Artois. Y cuando la conversión del Tercer Estado en Asamblea Nacional puso en marcha la Revolución francesa (1789), Robespierre se erigió en defensor de las ideas liberales y democráticas más avanzadas (por ejemplo, fue él quien propuso la ley de 1791 que prohibía la reelección de los diputados, con la intención de renovar radicalmente el personal político).

No obstante, no parece que sostuviera convicciones republicanas hasta que la deslealtad del rey a la Constitución (con el intento de fuga de la familia real en 1791) defraudó su confianza en la fórmula monárquica; entonces sí, fue uno de los promotores de la ejecución de Luis XVI y de la implantación de la República.

Hombre íntegro, virtuoso y austero (recibió el sobrenombre de el Incorruptible), llevó su rigor moral y su fidelidad a los principios hasta el fanatismo. Esa fama le convirtió en uno de los líderes más destacados del Club de los Jacobinos, que agrupaba al partido revolucionario radical. Allí sostuvo la idea de mantener la paz con las potencias extranjeras para consolidar la revolución en Francia, pues veía en la guerra exterior que impulsaban los girondinos un claro peligro de debilitamiento del régimen.

El apoyo de las masas revolucionarias de París (los sans-culottes) a tales ideas se expresó en una «revolución dentro de la Revolución» en 1792-93, que llevó a Robespierre al poder: primero como miembro de la Comuna revolucionaria que ostentaba el poder local; luego como representante de la ciudad en la Convención nacional que asumió todos los poderes, y en la que Robespierre apareció como portavoz del partido radical de la Montaña (junto con Danton y Marat); y, una vez eliminados del poder los girondinos, como miembro del Comité de Salvación Pública en el que la Convención delegó el poder ejecutivo (1793).

Tras arrebatarle el poder a Danton, Robespierre se convirtió en el «hombre fuerte» de aquel Comité, secundado por Saint-Just; instauró una dictadura de hecho para salvar a la Revolución de las múltiples amenazas que se cernían sobre ella: el ataque militar de las monarquías absolutistas europeas coligadas contra Francia, la amplitud de la insurrección contrarrevolucionaria en el interior (conocida como la Vendée), la quiebra de la Hacienda Pública y el empobrecimiento de las masas populares.

GUERRA DE LAS DOS ROSAS




Guerra de las Dos Rosas






La rosa roja de la Casa de Lancaster.




La rosa blanca de la Casa de York.





La Rosa Tudor, creada al término de la guerra civil, uniendo ambos emblemas.



La Guerra de las Dos Rosas fue una guerra civil que enfrentó intermitentemente a los miembros y partidarios de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York entre 1455 y 1485. Ambas familias pretendían el trono de Inglaterra, por origen común en la Casa de Plantagenet, como descendientes del rey Eduardo III.



El nombre "Guerra de las Dos Rosas" o "Guerra de las Rosas", en alusión a los emblemas de ambas casas, la rosa blanca de York y la roja de Lancaster, fue producto del Romanticismo.


La guerra se dio principalmente entre los miembros de la aristocracia terrateniente y ejércitos de los señores feudales. El apoyo a cada uno de los bandos dependió en gran medida de los matrimonios dinásticos entre la nobleza. El patriarca de la casa de Lancaster, Juan de Gante tuvo como primer título el de Conde de Richmond, el mismo que detentaría Enrique VII al final de la guerra. El líder de la casa de York fue Edmundo de Langley, que ostentaba el Señorío de Cambridge. Más tarde, durante los reinados de los Tudor y de los Estuardo, Richmondshire y Cambridgeshire se transformarían en focos principales de recusantes y puritanos, respectivamente. Cabe destacar que la pelea entre las facciones se prolongó más allá de la época de Enrique, ya que los monarcas que le siguieron impulsaron la continuidad de los enfrentamientos.

La Guerra de las Dos Rosas provocó la extinción de los Plantagenet y debilitó enormemente las filas de la nobleza, además de generar gran descontento social. Este período marcó el declive de la influencia inglesa en el continente europeo, el debilitamiento de los poderes feudales de los nobles y, en contrapartida, el aumento de influencia por parte de los comerciantes, y el crecimiento y fortalecimiento de una monarquía centralizada bajo los Tudor. Esta guerra señala el fin de de la Edad Media inglesa y el comienzo del Renacimiento.

Contenido-
1 La disputa por la sucesión
2 Enrique VI
3 La fase inicial (1455 – 1460)
4 El Acta de Acuerdo
5 El contraataque de la Casa de Lancaster
6 El triunfo de los York
7 Reinicio de las hostilidades (1469 – 1471)
8 Ricardo III
9 Enrique Tudor
10 En la ficción
11 Figuras clave
12 Referencias
12.1 Notas
12.2 Bibliografía
13 Véase también
14 Enlaces externos



La disputa por la sucesión -


El antagonismo entre ambas casas comenzó con el derrocamiento y asesinato del rey Ricardo II, en 1399
, a manos de su primo Enrique Bolingbroke, duque de Lancaster.

Enrique era el cuarto hijo de Juan de Gante, quien a su vez era el tercer hijo de Eduardo III: sus expectativas de llegar al trono eran escasas. De acuerdo a la ley de sucesión inglesa y a los precedentes sentados por la tradición, la corona debía recaer en los descendientes masculinos de Leonel de Amberes, segundo hijo sobreviviente de Eduardo III. De hecho, Ricardo II había designado heredero presunto de la corona al nieto de Leonel, Roger Mortimer. Sin embargo, se toleró la situación exclusivamente porque el gobierno de Ricardo II había sido extremadamente impopular. Por esta causa, el Parlamento lo declaró rey de Inglaterra y asumió la corona con el nombre de Enrique IV.

A la muerte de Bolingbroke, el 20 de marzo de 1413, asumió la corona su hijo Enrique V, quien era un gran soldado. Sus logros militares contra Francia durante la Guerra de los cien años le habían granjeado enorme popularidad, permitiendo afianzar el control de los Lancaster sobre el trono. Durante su corto reinado, Enrique V debió sofocar una revuelta liderada por el nieto de Eduardo III, Ricardo, Conde de Cambridge. Una vez desarticulado el Complot de Southampton (nombre que designa aquella revuelta), Ricardo fue ejecutado, el 5 de agosto de 1415, al inicio de la campaña que llevaría a la victoria en la Batalla de Azincourt. No obstante, la esposa de Ricardo, Ana Mortimer, adujo tener también derechos sobre la corona, ya que era hija de Roger Mortimer y, por tanto, descendiente de Leonel de Amberes. Enrique V murió en 1422, y Ricardo, duque de York, conde de Cambridge e hijo de Ana Mortimer, se propuso desafiar al nuevo rey, el débil Enrique VI.

Enrique VI de Inglaterra

Enrique VI.

El rey Enrique VI de Lancaster estaba rodeado de un cúmulo de regentes y consejeros impopulares. Los más notables de ellos fueron Edmundo de Beaufort, duque de Somerset, y Guillermo de la Pole, duque de Suffolk, a quienes se acusó de ser incapaces de manejar el gobierno y de concluir la guerra contra Francia.

Durante el gobierno de Enrique VI se perdieron virtualmente todas las posesiones inglesas en el continente, incluidas las tierras ganadas por Enrique V. Enrique VI comenzó a ser percibido como un rey débil e inhábil. Para mayores males, éste sufrió por entonces una serie de episodios embarazosos causados por una enfermedad mental emergente. Hacia mediados de la década de 1450, muchos consideraban a Enrique incapaz de gobernar. La legalidad de la corta línea de reyes Lancaster pasó a estar plagada de dudas, y la Casa de York fortaleció su pretensión sobre la corona. El creciente descontento civil, sumado a la multiplicación de nobles con ejércitos privados y a la incapacidad y corrupción de la corte de Enrique VI, formaron el clima político ideal para la guerra civil.

Cuando, en 1453, el rey padeció un primer episodio grave, producto de su enfermedad mental, se estableció un Consejo de Regencia encabezado por el Lord Protector, el poderoso y popular Ricardo Plantagenet, Duque de York y líder de su Casa. Ricardo empezó de inmediato a pugnar audazmente por su pretensión al trono, encarcelando a Somerset, y apoyando a sus aliados Salisbury y Warwick en conflictos menores contra los adherentes a la causa de Enrique, especialmente los Condes de Northumberland. Sin embargo, la recuperación de Enrique, en 1455, frustró las ambiciones de Ricardo, quien fue despedido rápidamente de la corte por la esposa del rey, Margarita de Anjou. La incapacidad manifiesta de liderazgo de Enrique se tradujo en el fortalecimiento de la cada vez más poderosa reina Margarita, quien se convirtió en la máxima figura de la Casa de Lancaster. Ella conformó una alianza de varios nobles contra Ricardo, con el fin de reducir su influencia. La creciente frustración de Ricardo y la agresividad de la reina derivaron finalmente en acciones armadas, dando lugar a la Primera Batalla de San Albano.

La fase inicial (1455 – 1460)
La Torre del Reloj de San Albano (c. 1500). Pese a que los enfrentamientos armados habían estallado ya en el período anterior, entre los adherentes del rey Enrique y los seguidores de Ricardo, Duque de York, fue durante los años 1455 y 1489 cuando se desarrollaron las principales acciones armadas de la Guerra de las Dos Rosas.

El 22 de mayo de 1455, mientras el Duque de York dirigía una pequeña fuerza hacia Londres, fue enfrentado por las tropas leales de Enrique en el poblado de San Albano (St. Albans). Este primer combate abierto de la guerra, pese a ser de escala reducida, se fundó en la intención de Ricardo de remover de la corte a los “malos consejeros” del rey. El resultado fue la derrota de las fuerzas de Lancaster, muriendo en acción varios de sus líderes, entre ellos Somerset. York y sus aliados reconquistaron sus posiciones de influencia. Por un tiempo, ambos bandos se sintieron impresionados por haber llegado al campo de batalla, y realizaron sus mejores esfuerzos para alcanzar la reconciliación. Sin embargo, el rey volvió a sufrir un ataque de demencia, designándose a York como Lord Protector y a la reina Margarita como encargada del cuidado del monarca, una posición secundaria y al margen del poder.

Después de la Primera Batalla de San Albano, el compromiso adquirido por las partes en 1455 llegó a alcanzar cierto éxito, con York a la cabeza del Consejo hasta la recuperación de Enrique. Pese a esto, los problemas generados por el conflicto emergieron de nuevo, en especial el asunto de si correspondía a Ricardo o a Eduardo de Westminster (hijo de Enrique VI y Margarita) la sucesión de la corona. La primera alternativa era inaceptable para Margarita, quien rechazó cualquier solución que significara el desheredamiento de su hijo, dejando en claro que toleraría esa situación tanto como durara la supremacía militar del Duque de York. Enrique se recuperó en el interior del país en 1456, pero la reina no le permitió regresar a Londres. Por lo menos en el interior del reino contaban con alta popularidad, no así en la capital, donde los mercaderes estaban descontentos por la caída en los mercados y el amplio desorden. Por estas razones, la corte del rey se estableció en la ciudad de Coventry, donde el nuevo Duque de Somerset, Enrique Beaufort, ascendía en popularidad llenando los zapatos vacíos de su padre. La reina consiguió convencer a su esposo de la importancia de desconocer los nombramientos y arreglos hechos por York, y le ordenó regresar a su posición en Irlanda. Los disturbios aumentaron y se sucedieron en la capital y por toda la costa sur, pero el rey se mantuvo en sus cuarteles reforzando sus posiciones. La reina estableció la conscripción obligatoria por primera vez en Inglaterra, realizando levas para sus ejércitos. Mientras tanto, la popularidad de Ricardo Neville, Conde de Warwick y aliado de York crecía sin pausa, emergiendo como el campeón de las clases mercantiles.


El Castillo de Ludlow.

Ante tal situación, York decidió regresar a Inglaterra, retomándose las hostilidades el 23 de septiembre de 1459 en la Batalla de Blore Heath en Staffordshire. Esta acción significó el fracaso del gran ejército de Lancaster en evitar que la fuerza de los York dirigida por Lord Salisbury, proveniente del Castillo de Middleham en Yorkshire, se reuniera con las tropas acuarteladas en el Castillo de Ludlow. Sin embargo, la guerra continuó con un triunfo de los Lancaster en la Batalla del Puente de Ludfor, que forzó la huida hacia Calais de Eduardo, el hijo mayor de York (y posterior rey Eduardo IV de Inglaterra), Salisbury y Warwick. Los Lancaster recuperaron el control total, nombrando a Somerset gobernador de Calais. Sus intentos de derrotar a Warwick fueron fácilmente truncados. Entre 1459 y 1460, los seguidores de York acosaron, desde Calais, distintos puntos de la costa inglesa, acrecentando la sensación de caos y desorden.

Para 1460, Warwick y sus seguidores estaban listos para iniciar la invasión de la isla, estableciéndose en Kent y en Londres, donde encontraron mucho apoyo. Enrique dirigió un ejército hacia el sur, mientras Margarita se quedó en el norte con el Príncipe Eduardo. El 10 de julio de 1460, las fuerzas se encontraron en la Batalla de Northampton, que probó ser un completo desastre para los Lancaster. El ejército de York, dirigido por Ricardo Neville, ayudado por la traición entre los dirigentes Lancaster, logró capturar al rey Enrique VI, llevándolo prisionero a Londres.


El Acta de Acuerdo


Después de sus logros militares, York, basándose en la ilegitimidad de la línea sucesora de los Lancaster, se decidió a reclamar el trono. Desembarcó en el norte de Gales, desde donde se dirigió junto con su esposa Cecilia a Londres, donde ambos fueron recibidos con el ceremonial reservado a los monarcas. El Parlamento estaba reunido y Ricardo esperaba que se le concediera directamente la corona, tal como habían hecho en 1399 con Enrique IV. En vez de ello encontró un silencio sepulcral. Al anunciar su pretensión a la corona, los lores, incluidos Warwick y Salisbury, estaban asombrados con sus intenciones. No había ánimo entre ellos para destronar al rey Enrique, sino que se limitaron a sus esfuerzos originales, expulsando a los malos consejeros.

Al día siguiente, York apoyó su reclamación con detallados esquemas genealógicos, basado en su descendencia de Lionel de Antwerp, siendo comprendido de mejor manera.

El Parlamentó accedió a considerar la materia, y finalmente decidió que la reclamación de Ricardo era mejor, al mismo tiempo que, por una mayoría de cinco, decidía mantener en el trono a Enrique. En octubre se llegó a un compromiso que se conoció como el Acta de Acuerdo de 1460, que por un lado reconocía el derecho de los York y por otro lo declaraba sucesor de Enrique, desheredando al príncipe Eduardo de seis años. York tuvo que aceptar este acuerdo como la mejor oferta que tenía para elegir, teniendo presente que al mismo tiempo era designado nuevamente Lord Protector, lo que le permitía gobernar en nombre de Eduardo. En cualquier caso, el acuerdo era inaceptable para los Lancaster, que se reunieron bajo la égida de la reina Margarita y el Príncipe Eduardo, formando un gran ejército en el norte del reino.

El contraataque de la Casa de Lancaster -

Las ruinas del Castillo de Sandal.

El Duque de York dejó Londres bajo el mando de Lord Salisbury a finales de aquel año, con el fin de consolidar sus posiciones en el norte contra el ejército de la reina Margarita, que se encontraba estacionado en los alrededores de la ciudad de York. Ricardo estableció posiciones defensivas alrededor del Castillo de Sandal, cerca de Wakefield, para la navidad de 1460. Pese a que el ejército de Lancaster superaba en dos a uno al de Ricardo, el duque de York ordenó a sus fuerzas entrar en batalla el 30 de diciembre en la Batalla de Wakefield. El ejército de York fue completamente devastado por las fuerzas de la reina en la más desastrosa de las batallas para la causa de la rosa blanca. Ricardo, Duque de York y Lord Protector del Reino, fue muerto en batalla, mientras que Salisbury y Edmundo, el hijo de 17 años de York, eran tomados prisioneros y decapitados. Sus cabezas fueron empaladas en la puerta de la ciudad de York.


Margarita de Anjou en un retrato de fantasía.


El Acta de Acuerdo y el desastre de la Batalla de Wakefield dejaron a Eduardo, hijo mayor de Ricardo de 18 años, como Duque de York y heredero del trono de Inglaterra.

Por otro lado, la muerte de Salisbury dejaba a Warwick, su heredero, como el más grande terrateniente de las Islas Británicas. La reina Margarita viajó por todo el norte de Inglaterra, con el fin de negociar el apoyo de los escoceses. María de Guelder, Reina y regente de Escocia, aceptó proveer a Margarita de un ejército, con la condición que Inglaterra le cediera la ciudad de Berwick y que su hija se casara con el príncipe Eduardo. La reina aceptó, teniendo presente que no contaba con fondos para pagar tamaña empresa. El acuerdo al que llegó permitía a los ejércitos pagarse con el saqueo de los pueblos del reino que se encontraran al sur del río Trent. Dirigió sus tropas hacia Hull, reclutando más hombres de pasada.


Parhelio al atardecer.

Mientras esto sucedía en el norte, Eduardo se enfrentaba con el ejército de Pembroke que venía llegando de Gales en la Batalla del Cruce de Mortimer en Herefordshire. Inspiró a sus soldados con una supuesta visión de tres soles al atardecer (fenómeno conocido como “parhelio”) que representaban a los tres sobrevivientes de la Casa de York: él y sus hermanos Jorge y Ricardo. La victoria y esta visión provocaron la adopción del sol en su esplendor como emblema personal.

En esos momentos, la reina Margarita se trasladó hacia el sur de Inglaterra, causando grandes estragos en aquella rica región por medio del pillaje hecho por sus tropas. Mientras tanto, en Londres Warwick utilizaba estos hechos como propaganda para reforzar su posición en el sur, logrando que ciudades como Coventry se cambiaran de bando, uniéndose a los York. Pese a esto no logró levantar una gran fuerza, lo que le valió ser sorprendido el 22 de febrero de 1461 en los alrededores de San Albano. Sin el apoyo del ejército de Eduardo, la Segunda Batalla de San Albano significó la más decisiva derrota para las fuerzas de York. Sorprendidos y derrotados, dejaron abandonado al rey Enrique VI, que fue hallado debajo de un árbol. Enrique armó caballeros a treinta miembros de las fuerzas de Lancaster al atardecer. Producto de la gran victoria, y mientras las tropas del rey Enrique se dirigían al sur, un gran pánico y temor se apoderó de Londres, al llegar rumores de la intención de saquear la ciudad. El pueblo decidió cerrar las puertas de la ciudad y se negó a entregar provisiones al ejército de la reina, que ya se encontraba saqueando los condados vecinos de Hertfordshire y Middlesex.


El triunfo de los York


Eduardo IV.Eduardo había avanzado por el oeste hasta los alrededores de Londres, donde reunió sus fuerzas con las de Warwick. Al coincidir con la retirada de la reina Margarita al norte, hacia la ciudad de Dunstable, Eduardo y Warwick pudieron entrar a Londres con su ejército, donde fueron aclamados y recibidos con entusiasmo, dinero y provisiones por parte de la más grande ciudad “yorkista”. Con su padre y hermano muertos en batalla, la guerra se había convertido a esas alturas en una pelea por la mismísima corona, ya que Eduardo de York no podía argumentar que quería separar al rey de sus “malos consejeros”. La necesidad de autoridad por Eduardo se vio resuelta cuando el Obispo de Londres le preguntó su parecer al pueblo, que respondió con gritos y hurras al “Rey Eduardo”. El Parlamentó no hizo sino confirmar la opinión popular, logrando coronarlo en una precipitada ceremonia en la Abadía de Westminster entre escenas de júbilo.

Así Warwick y York habían capturado la ciudad de Londres, pese a que Eduardo hizo votos de no tener una coronación formal mientras Enrique y Margarita no hubieran sido ejecutados o exiliados. También anunció que Enrique había violado el Acta de Acuerdo al permitir que su esposa levantara ejércitos contra los herederos al trono. Por tanto, el argumento legal pasó a ser que la victoria de Eduardo no era más que su restauración en sus legítimos derechos, de manera que Enrique y los Lancaster no habían sino usurpado sus poderes.

Una vez consolidada la situación en la capital, York y Warwick se dirigieron al norte, levantando un gran ejército. Sus fuerzas se toparon con el también gran ejército de la reina en el pueblo de Towton. La Batalla de Towton se convirtió en la más grande y sangrienta de la Guerra de las Dos Rosas. Ambas partes habían acordado de antemano que todos los problemas se decidirían finalmente ese día, peleando sin pedir ni dar cuartel. Se estima que entre 40.000 y 80.000 hombres tomaron parte en el enfrentamiento, con una cifra cercana a los 20.000 muertos durante (y después) del combate: un número extremadamente alto para la época, considerado el máximo derramamiento de sangre en un solo día en el Reino Unido. El nuevo rey y su ejército ganaron esta batalla decisiva. Mientras los Lancaster eran diezmados, con la mayoría de sus líderes muertos, Enrique y Margarita, en compañía de su hijo Eduardo, esperaban en York las noticias de la batalla. Apenas se enteraron del macabro resultado, decidieron huir al norte. Muchos de los lores que apoyaban la causa de Lancaster cambiaron de bando ese día, apoyando al rey Eduardo. Los que no lo hicieron fueron perseguidos hacia el norte, donde se refugiaron en unos pocos castillos, al igual que en el País de Gales. Eduardo se dirigió hacia la ciudad de York con el fin de conquistarla, enfrentándose a las cabezas cortadas de su padre, su hermano y Salisbury. Éstas fueron rápidamente remplazadas por las de destacados líderes de la Casa de Lancaster, entre los que se contaba al famoso Lord Clifford de Skimpton-Craven, quien ordenó la ejecución del hermano de Eduardo, Edmundo, después de la Batalla de Wakefield.

Enrique y Margarita se refugiaron en Escocia, donde se quedaron en la corte del rey Jacobo III. Con la promesa renovada de la entrega de Berwick, intentaron cumplir su juramento de invadir nuevamente Carlisle ese mismo año. Sin financiamiento y con escaso apoyo, fueron fácilmente derrotados por las tropas de Eduardo, quien aprovechó la incursión para expulsar a los últimos miembros de la Casa de Lancaster que se refugiaban en el norte.

La coronación oficial de Eduardo IV tuvo lugar en junio de 1461 en Londres, donde recibió el clamoroso saludo de sus súbditos como monarca de Inglaterra. Eduardo pudo gobernar en relativa paz por más de diez años.


Castillo de Harlech

Pese a su segura posición en el sur, Eduardo no logró consolidar el control de todo el territorio hasta 1464; más allá de las rebeliones estacionales, algunos castillos permanecieron en poder de los Lancaster por varios años. Las localidades de Dunstanburgh, Alnwick (asiento de la familia Percy) y Bamburgh -todas en Northumberland- fueron de las últimas en ser sometidas. La gran fortaleza del Castillo de Harlech en Gales se rindió recién en 1468, después de siete largos años de sitio. El depuesto rey Enrique fue capturado en 1465 y conducido como prisionero a la Torre de Londres donde, para la época, fue razonablemente bien tratado.

En 1464 se produjeron dos revueltas por la causa de Lancaster. La primera fue reprimida en la Batalla de Hedgeley Moor el 25 de abril, y la segunda en la Batalla de Hexham el 15 de mayo. Ambas fueron reducidas por John Neville, Marqués de Montagu, hermano de Warwick.


Reinicio de las hostilidades (1469 – 1471)


Castillo de Middleham.

El período que comprenden los años 1467 y 1470 estuvo marcado por el rápido deterioro de la relación entre el rey Eduardo IV y su antiguo mentor, Ricardo Neville, Conde de Warwick “el hacedor de reyes”. Aunque fueron varios los motivos que llevaron al quiebre, la primera y principal razón fue la decisión de Eduardo de casarse en secreto con Isabel Woodville en 1464. El rey anunció este hecho como un “fait accompli”, destrozando los planes de Warwick de casarlo con una princesa francesa, con el fin de mejorar las relaciones con esa nación. Este desaguisado se convirtió en frustración, una vez que los Woodville remplazaron a los Neville como favoritos de la corte. De la misma forma, la decisión de apoyarse en Borgoña en vez de Francia, y la reticencia en aprobar el matrimonio de sus hermanos Jorge, Duque de Clarence, y Ricardo, Duque de Gloucester, con las hijas de Warwick contribuyeron al distanciamiento. Fuera de lo anterior, la popularidad de Eduardo se encontraba en franco retroceso, ya que los aumentos en los impuestos y los desórdenes y violaciones a la ley continuaban siendo el pan de cada día.


Luis XI.

Para 1469 Warwick había establecido una alianza con el celoso y traicionero hermano del rey, Jorge. Ambos levantaron un ejército que derrotó a las fuerzas del rey en la batalla de Edgecote Moor, logrando capturar a Eduardo, encerrándolo en el Castillo de Middleham en Yorkshire. Warwick jugó sus cartas rápidamente, ordenando la ejecución del suegro del rey, Ricardo Woodville. Forzó a Eduardo a convocar un parlamento en York, en el que planeaba lograr la declaración de ilegitimidad de Eduardo, de manera que la corona pasara a su hermano Jorge como heredero aparente. Sin embargo el reino era un caos, lo que permitió al rey demandar la lealtad de su hermano Ricardo y de la mayoría de los nobles, de manera que el Duque de Gloucester llegó a la cabeza de un gran ejército, logrando liberar a Eduardo IV.

Los conjurados fueron declarados traidores y forzados a exiliarse en Francia, donde en 1470, Luis XI se encontraba bajo una gran presión por parte de la exiliada reina Margarita de Anjou, para que lo ayudara a invadir Inglaterra y reconquistar y liberar a su cautivo esposo. Fue el rey Luis quién sugirió la posibilidad de una alianza entre Warwick y Margarita, una idea que a ninguno de los antiguos enemigos le gustaba. Pese a sus reticencias, ambos llegaron a darse cuenta del potencial de tal alianza, pese a los fines que perseguían cada uno. Margarita quería reclamar su reino y asegurar la sucesión de su hijo, mientras que Warwick esperaba poder mantener como un títere al rey, fuera Enrique o su hijo. En cualquier caso se comprometieron por medio de una alianza matrimonial entre el Príncipe de Gales Eduardo de Westminster y la hija de Warwick, Ana Neville. Con el pacto en vigor, Ricardo Neville invadió Inglaterra en el otoño de 1470.

Batalla de Tewkesbury.

Esta invasión significó una nueva derrota para Eduardo, ya que John Neville, hermano de Ricardo, cambió de bando marchando con un ejército hacia al sur, una situación para la que Eduardo no estaba preparado. Junto con su hermano Ricardo escaparon desde Doncaster hacia Holanda, y de ahí a su exilio en Borgoña. Pese a este triunfo, la fortuna de Warwick duró poco, puesto que pese a lograr la restauración de Enrique VI en el trono (fue pasado en andas por las calles de Londres) y la declaración de Eduardo y Ricardo como traidores para el otoño, sus planes se vieron frustrados.

Neville se obsesionó con el plan de invadir la Borgoña con el rey de Francia, tentando a este último con la promesa de territorios en Holanda como recompensa. Esto obligó a su vez a Carlos el Temerario, Duque de Borgoña ayudar a Eduardo. Le entregó fondos suficientes para que levantara otro ejército y con él logró invadir Inglaterra en 1471. Eduardo derrotó a Warwick en la Batalla de Barnet en ese mismo año, y destruyendo a todas las fuerzas de Lancaster en la Batalla de Tewkesbury, dando muerte a Eduardo de Westminster, hijo de Enrique VI y heredero presunto de la corona. El mismo Enrique fue asesinado el 14 de mayo, con el fin de reforzar el bando de York en el trono.


Ricardo III de Inglaterra

La restauración de Eduardo IV en el trono en 1471 ha sido considerada por algunos historiadores como el final de la Guerra de las Dos Rosas. La paz había sido restaurada por Eduardo, quien murió repentinamente en 1483. Esto marcó el inicio de un nuevo ciclo de desórdenes dinásticos. Bajo el reinado de Eduardo, las facciones se habían dividido entre los parientes de la reina, la familia Woodville (en particular Anthony Woodville y Thomas Grey, Marqués de Dorset), y quienes consideraban a esta familia como unos recién llegados, hambrientos de poder. El heredero al trono, Eduardo V, tenía entonces sólo doce años, y había sido criado y educado bajo el cuidado de Anthony Woodville. Esto significaba que estaban bajo una influencia insoportable para el partido anti-Woodville, quienes forzaron la designación de Ricardo, Duque de Gloucester y hermano de Eduardo IV como Lord Protector, convirtiéndose de facto en el líder de esta facción.


Los "Príncipes de la Torre".

Con la ayuda de William Hastings y de Henry Stafford, Gloucester capturó al joven rey de manos de los Woodville en Stony Stratford en Buckinghamshire. Lo encerró en la Torre de Londres bajo su cuidado, donde se le reunió su hermano Ricardo, Duque de York, de sólo nueve años. Con los niños a buen resguardo, Ricardo alegó que el matrimonio entre Isabel Woodville y Eduardo había sido ilegal, ilegitimando a los dos niños de paso.

El Parlamento accedió a emitir el “Titulus Regius” con el que Gloucester se convirtió en el rey Ricardo III de Inglaterra. Los dos niños encarcelados, conocidos como los “Príncipes de la Torre” desaparecieron y fueron posiblemente asesinados, aunque se discute por mano u orden de quién hasta el día de hoy, convirtiéndose en uno de los hechos históricos más controvertidos de Inglaterra.

Dado que Ricardo III era el mejor general del bando de York, muchos lo aceptaron ante la perspectiva de tener que manejar a dos niños por intermedio de un Consejo de Regencia. Los Lancaster por su lado, concentraron sus expectativas en Enrique Tudor, cuyo padre, Edmund Tudor, Conde de Richmond, era un medio hermano ilegítimo de Enrique VI. Sin embargo, la pretensión de Enrique al trono era por medio de su madre, Margarita Beaufort, una descendiente de Eduardo III por vía de John Beaufort, nieto de Eduardo III, quien era a su vez el hijo ilegítimo de John de Gante.


Artículo principal: Enrique VII de Inglaterra

Enrique VII.

En la Batalla de Bosworth, el 22 de agosto de 1485, las fuerzas de Enrique Tudor derrotaron a los ejércitos de Ricardo III, que murió durante la batalla, convirtiéndose así en el rey Enrique VII de Inglaterra. El novel rey fortaleció su posición casándose con la hija de Eduardo IV, Isabel de York, la mejor reclamante al trono de la Casa de York. Así reunió en su persona a las dos casas reales que con gran violencia habían combatido por el poder. Juntó la rosa roja de Lancaster con la rosa blanca de York, creando un nuevo emblema, la "Rosa Tudor".

Para confirmar su preeminencia, Enrique ordenó matar a cualquier otro potencial pretendiente que cayera en sus manos, política que continuó su hijo Enrique VIII.

Muchos historiadores consideran el acceso al trono de Enrique VII como el efectivo punto final del conflicto. Otros arguyen que la guerra como tal terminó finalmente en la Batalla de Storke el 16 de junio de 1487, cuando fuera de toda lógica se alzó la figura del último pretendiente masculino de la casa de York, el hijo de Eduardo, Conde de Warwick e hijo de Jorge, Duque de Clarence, hermano de Eduardo IV. Sin embargo, para males de la causa, el joven se encontraba realmente bajo la custodia de Enrique, por lo que el niño (llamado Lamberto Simmel) demostró no ser más que un impostor. Sus fuerzas, dirigidas por Juan de la Pole, Conde de Lincoln (que había sido designado heredero presunto por Ricardo III, aunque se había reconciliado con Enrique después de Bosworth), quien murió en la batalla. El joven Simmel, por su parte, fue perdonado ya que se consideró que no había sido más que un instrumento de los adultos, y fue enviado a trabajar en las cocinas reales.


En la ficción-
William Shakespeare

Cita
Y aquí profetizo: que esta querella de hoy,
que ha acrecido esta facción hasta el jardín del Temple

enviará, tanto de la Rosa Roja como de la Rosa Blanca,
millares de almas a la muerte y a la noche eterna


De la obra “Enrique VI” de William Shakespeare.[1]



La novela La flecha negra de Stevenson se desarrolla en el ámbito de la guerra de las Dos Rosas, más concretamente alrededor de la batalla de Wakefield.

Parte del argumento de la serie de novelas y relatos de fantasía Canción de Hielo y Fuego del escritor norteamericano George R. R. Martin está inspirado en la Guerra de las Dos Rosas. En estas obras de ficción, las casas Lancaster y York tienen su equivalencia en las imaginarias Lannister y Stark.

Figuras clave -

Este árbol genealógico de las familias nobles de York, Lancaster, Plantagenet y Tudor permite ubicar los partícipes prominentes de este hecho histórico.


Árbol genealógico de las Casas involucradas en la Guerra de las Dos Rosas


Reyes de Inglaterra



Enrique VI (Lancaster)
Eduardo IV (York)
Eduardo V (York)
Ricardo III (York)
Enrique VII (Tudor)


Principales protagonistas del conflicto (1455-1485)

Casa de York
Ricardo Plantagenet, Duque de York
Ricardo Neville, Conde de Warwick "el hacedor de reyes"

Ricardo Neville, Conde de Salisbury
John Neville, Marqués de Montagau
Guillermo Neville, Conde de Kent
Thomas el bastardo
Casa de Lancaster
Reina Margarita, esposa de Enrique VI
Enrique Percy, 2º Conde de Northumberland
Enrique Percy, 3º Conde de Northumberland
Edmundo Beaufort, Duque de Somerset
Enrique Beaufort, Duque de Somerset
Conde de Pembroke
Clifford de Skimpton-Craven

Referencias.


Notas
Shakespeare, William. Obras Completas. Editorial Aguilar, Madrid, 1961.

Bibliografía

Feiling, Keith. A History of England. McGraw-Hill Book Co., Londres, 1948.
Haigh, Philip A. (1995). The Military Campaigns of the Wars of the Roses. ISBN 0-75-090904-8
Wagner, John A. Encyclopedia of the Wars of the Roses, ABC-Clio, 2001. ISBN 1-85109-358-3
Worth, Sandra. The Rose of York: Love & War, 2003 ISBN 0-9751264-0-7
Weir, Alison. Lancaster and York: the Wars of the Roses. 1998 ISBN 0-71-266674-5

Véase también [editar]Cronología de las Guerras de las Rosas
Guerra de los Cien Años

Enlaces externos

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En inglés:

The Wars of the Roses

Warsoftheroses.com Mapa, línea de tiempo, información acerca de las figuras clave y reseñas de cada batalla.