lunes, 15 de junio de 2009

de abril de 2009
El portazo del Diablo




Tenían razón Nostradamus, los aztecas, San Malaquías y la madre que los parió. Hoy, 22 de diciembre de 2013, además de cancelarse en España el tradicional sorteo de Navidad (ya no existe el dinero ni la ambición), se cumple el primer año después del fin del mundo. ¡Hay que joderse! Ahora que ya había pagado la hipoteca y la crisis parecía que levantaba un poco y que en España se estabilizaba el número de parados en X millones (despeje Usted la equis, que a mi me da cosa hacerlo).

¿Y cómo es que estoy escribiendo esto si el mundo se acabó? Pues el que se acabe el mundo conocido no quiere decir que el planeta estalle en confeti. Simplemente hemos empezado de nuevo. Si es que esto es empezar.

Todo fue muy sencillo. Vino el Diablo a la Tierra, se apareció a la Humanidad entre rayos y nubes de azufre y otros efectos especiales (está en Youtube si quiere verlo, yo lo tengo en mi teléfono móvil, está muy logrado) y más o menos nos dijo esto: después de tantas eras con vosotros me aburro, sois muy repetitivos, no me dejáis trabajo, os bastáis solos para hacer maldades que ni yo hubiera imaginado. Por otra parte, casi nadie cree DE VERDAD en Mí, ni en Mi Enemigo (Dios). Así que os vais a enterar: ME VOY. Hay otro mundo que promete más que el vuestro y donde creo que me voy a divertir durante bastantes milenios. Ahí os quedáis.

Con un discurso así de "elaborado" se despidió el Mal de la Tierra. Y también el pecado. Entonces si que se lió la de Dios.

Desaparecieron los siete pecados capitales: la Lujuria, la Gula, la Avaricia, la Pereza, la Ira, la Envidia y la Soberbia. Lo que parecía una bendición para la Humanidad resultó ser la más elaborada venganza diabólica. Todo se fue a hacer puñetas en pocas horas. ¿Se imagina un mundo sin sexo, sin los placeres de la mesa, sin motivación por el dinero, sin poder disfrutar sin hacer nada, sin desahogos de cabreos, sin el estímulo de la envidia para avanzar, sin el puntito de creernos mas listos que el vecino?

Y esto sólo con los pecados capitales. Con los diez mandamientos el tema se agravó. Por mi parte, lo que peor llevo es el tema de la mentira. Eso que tenga que decir a todos la verdad, pase; pero tener que escucharla, es muy fuerte, no conozco a nadie que se haya acostumbrado, no le miento.

Ya casi no hay nacimientos, la natalidad no es que haya caído en picado, resulta que es un fenómeno extraño. Procrearse sin lujuria es una guarrada, a nadie le apetece, que quieren que les diga. Además, nadie cuida su apariencia para no causar lujuria ni sentir soberbia. Un asco. Curiosamente, a algunas especies animales bastante inteligentes, también les ha afectado la ausencia del Mal y van camino de la extinción. Quien lo iba a decir.

Pero como entre no pecar y no hacer el bien hay mucho margen, están apareciendo curiosas conductas que aún no sé que pensar ni como explicarle. Por ejemplo, nadie te hace el mal, pero tampoco te ayudan si te ven jodido. Ahora sólo hay pobreza, hambre, enfermedad, estamos todo el planeta casi como en la Edad Media. ¡En sólo un año! Por lo menos no hay crímenes ni guerras, pero esto es un sin vivir.

En fin, que la Humanidad va a subir toda al Cielo en bloque de aquí a pocos años. Y ahí, entre algodonosas nubes, a tocar la lira con los angelitos. Para siempre.

Menudo cabrón, el Diablo.



Esta idea ya la plasmó el genial y poco conocido novelista español Wenceslao Fernández Flórez
http://es.wikipedia.org/wiki/Wenceslao_Fernández_Flórez
Por mi parte, me limito a actualizar la idea central del argumento de su novela “Las siete columnas”.

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