sábado, 4 de julio de 2009

La crisis de Honduras

MOISÉS NAÍM Golpe en Honduras
Idiotas contra hipócritas
05/07/2009




¿Será que no leen? ¿Que no ven CNN? ¿O es que vivir en Honduras es como vivir en Marte? ¿O es que son idiotas? ¿A quién se le ocurre que en un país pequeño y pobre los militares pueden sacar al presidente de su cama pistola en mano y expulsarlo del país sin que la comunidad internacional reaccione con furibunda indignación? Un país grande y con bombas atómicas podría darse ese lujo sin sufrir mayores consecuencias, ¿pero Honduras? Honduras no.


Cronología de la crisis hondureña
Honduras
A FONDO
Capital: Tegucigalpa. Gobierno: República. Población: 7,639,327 (est. 2008)



Las torpezas hondureñas son sólo superadas por la explosión de hipocresía que han desencadenado.
El hecho es que las élites políticas y militares hondureñas dieron un golpe de Estado. Peor aún: no necesitaban hacerlo. Con aplicar las leyes les hubiese bastado, ya que el presidente Manuel Zelaya había incurrido en múltiples violaciones de la Constitución. La Corte Suprema, el Congreso y otras instituciones hondureñas así lo habían certificado. Más aún, tan sólo faltaban unos meses para las elecciones presidenciales. ¿Por qué se precipitaron? ¿Por qué utilizaron a los generales en vez de usar a los juristas?

Los golpistas aducen que se vieron obligados a actuar como lo hicieron ya que Zelaya, apoyado por Hugo Chávez, estaba dispuesto a usar trampas electorales para perpetuarse en el poder. Pero quizá el factor que más les estimuló a actuar fue que por las porosas fronteras hondureñas comenzaron a entrar agentes venezolanos y cubanos con maletas llenas de dólares y camionetas cargadas de armas. Los dólares y las armas, dicen, están destinados a organizar violentas milicias de Hondureños con Zelaya. Aun suponiendo que esto sea cierto, el golpe militar es inexcusable. Además, si el presidente Zelaya está incurso en todos los delitos de los cuales se le acusa, ¿por qué en vez de detenerlo para ser juzgado, lo sacaron del país?

Las torpezas hondureñas son sólo superadas por la explosión de hipocresía que han desencadenado.

Ni más ni menos que Raúl Castro —¡Raúl Castro!— pide sanciones mundiales contra un pequeño país cuyos líderes tomaron el poder por la fuerza.

Hugo Chávez, cuya carrera política comenzó cuando lideró un sangriento golpe militar contra un Gobierno democrático, truena contra los golpistas hondureños y amenaza con una invasión. Los presidentes de ese bastión de democracia que se llama la Alternativa Bolivariana de las Américas (Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela) exigen indignados que se aplique inmediatamente la carta democrática de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Con la firma de este documento en 2001, las naciones americanas acordaron que sólo los países democráticos pueden formar parte de la OEA. Según los presidentes del ALBA es lógico, por tanto, expulsar inmediatamente a Honduras. Esta lógica no se les apareció por ningún lado cuando hace poco abanderaron la iniciativa de incluir a Cuba en la OEA. El hecho de que ése no fuese un país democrático les parecía un detalle banal.

Para estos presidentes, que antes despreciaban a la OEA, ahora este organismo es el más importante de la región, y tratan a su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, como el máximo garante de las democracias latinoamericanas. Hace no mucho, el presidente Chávez insultaba casi a diario a Insulza. Lo llamaba “insulso” y, con la elegancia intelectual que le caracteriza, lo calificó en televisión con el nombre que en Venezuela se usa para describir el vello anal. Es por tanto reconfortante ver que Honduras ha hecho recapacitar a Chávez y que ahora trabaja mancomunadamente con Insulza para proteger la democracia. Al menos, les debemos esto a los militares hondureños.

Y no podía faltar el imperio yanqui. El presidente de Bolivia, Evo Morales, denunció que esta crisis se ha fraguado en Washington. E insistió en que la intervención extranjera en los asuntos internos de los países es inaceptable. El hecho de que Obama haya denunciado firmemente la situación en Honduras y que no reconozca a las nuevas autoridades son detalles irrelevantes para el estadista boliviano. También ignora el hecho de que intervenir en la política interna de otros países es una de las actividades diarias de su mentor y financiero, el presidente venezolano.

Pero no todo en esta situación es torpeza e hipocresía. La crisis de Honduras les manda a los militares del continente una fuerte señal: los golpes militares ya no son lo que eran. No lo hagan. Y a los políticos de la región también les manda un claro mensaje: Hugo Chávez es tóxico. Manuel Zelaya le debe mucho a Chávez. Pero su cercanía con el teniente coronel le terminó costando mucho más de lo que le aportó.


Cronología de la crisis hondureña
- 27 de junio. Zelaya insiste en realizar una consulta para cambiar la Constitución y renovar su mandato, que ha sido declarada ilegal por la Corte Suprema, la fiscalía y el Legislativo. Cinco días antes, ha destituido al jefe de las Fuerzas Armadas por negarse a darle apoyo logístico.


28 de junio. De orden del poder judicial, un grupo de militares saca a Zelaya del Palacio Presidencial y lo deporta a Costa Rica. En medio de la condena internacional, el Congreso elige a Roberto Micheletti como presidente interino.

- 4 de julio. José Miguel Insulza, jefe de la OEA, fracasa en su intento de zanjar la crisis. El organismo debate expulsar a Honduras.
















Golpe en Honduras
La Iglesia pide a Zelaya que no regrese

El presidente destituido asegura que hoy vuelve a Tegucigalpa arropado por otros mandatarios - La OEA debate la expulsión del país tras fracasar la gestión de Insulza
PABLO ORDAZ (ENVIADO ESPECIAL) - Tegucigalpa - 05/07/2009



Hay un hombre que influye mucho en Honduras y que hasta ahora había permanecido en silencio. Ese hombre asistió a todas las reuniones secretas que se celebraron en la Embajada de Estados Unidos para intentar evitar el golpe de Estado. En esos conciliábulos, el cardenal Óscar Rodríguez se mantenía siempre en una exquisita equidistancia. Ayer la abandonó. El cardenal, que a punto estuvo de vestirse de blanco tras la muerte de Juan Pablo II, se dirigió por televisión al presidente Manuel Zelaya para pedirle que no regresara a Honduras. "Yo sé que usted ama la vida", dijo el prelado, "sé que usted respeta la vida, y hasta el día de hoy no ha muerto ningún hondureño. Pero su regreso al país en este momento podría desatar un baño de sangre. Por favor, medite. Porque después sería demasiado tarde".

Manuel Zelaya

A FONDO
Nacimiento: 1953 Lugar: Honduras Honduras
A FONDO
Capital: Tegucigalpa. Gobierno: República. Población: 7,639,327 (est. 2008)



El cardenal Óscar Rodríguez alerta de un posible baño de sangre si vuelve

Honduras ha anunciado su retirada del club de países americanos
Eso sucedió a media mañana. Ni siquiera dos horas después, Xiomara Castro, la esposa del presidente Zelaya, informó desde su refugio: "Sí, he hablado con mi marido. Viene mañana". Y apenas unos minutos más tarde, el propio presidente depuesto se dirigía a la emisora venezolana Telesur para confirmarlo: "Me voy a presentar en el aeropuerto en Tegucigalpa con varios presidentes, varios miembros de comunidades internacionales. Este domingo estaremos en Tegucigalpa abrazándolos, acompañándolos para hacer valer lo que tanto hemos defendido en nuestra vida, que es la voluntad de Dios a través de la voluntad del pueblo".

Así pues, el cardenal y Zelaya, poniendo ambos a Dios por testigo, iniciaron un diálogo de sordos que eleva la tensión de la crisis en Honduras a unos niveles realmente alarmantes
. El cardenal Rodríguez -cuyo mensaje fue transmitido de forma obligatoria por todas las cadenas de televisión- se desquitó de tanta mesura y se puso definitivamente del lado de los golpistas.

Dirigiéndose a la comunidad internacional, clamó: "¿Por qué no han condenado las amenazas bélicas contra nuestro país? Ustedes deberían prestar atención a todo lo que venía ocurriendo fuera de la legalidad en Honduras y no sólo a lo sucedido desde el 28 de junio pasado". También Zelaya entonó un discurso de guerra: "Los militares que me sacaron del país son unos golpistas traidores, cómplices de la élite voraz que exprime y asfixia a nuestro pueblo. Su zarpazo ha puesto en evidencia que en Honduras sigue imperando la barbarie".

No hay vaticinio que dure un cuarto de hora en Honduras. La noche del viernes -madrugada del sábado en la península-, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, se fue de Honduras cansado y triste.

Después de un día entrevistándose con todas las fuerzas vivas del país -incluido el todavía mesurado cardenal Rodríguez-, Insulza llegó a la conclusión de que los golpistas no tenían la menor intención de dar un paso atrás: "Mi conclusión es que la ruptura del orden constitucional persiste y que los que hicieron esto no tienen por el momento ninguna intención de revertir la situación".

Insulza también constató la soledad que rodea a la figura de Zelaya. No sólo no admitieron ningún diálogo para restablecer al presidente depuesto, sino que lo atiborraron de documentación en su contra. Así que, cuando el avión de la Fuerza Aérea de Brasil que trajo al jefe de la OEA a Honduras se volvió a marchar camino de Washington, todo el mundo creyó en Tegucigalpa que el presidente depuesto no se atrevería jamás a regresar a un país donde sólo le espera la cárcel. La crisis de Honduras parecía llamada a morir en un callejón sin salida, sobre todo después de que el presidente de facto, Roberto Micheletti, decidiera adelantarse a la decisión de la asamblea de la OEA -que al cierre de esta edición seguía reunida- y proclamar su salida del club de países americanos. Pero la insistencia de Zelaya de regresar a su país bajó el conflicto de los despachos a las calles.

Sus seguidores, animados por el anuncio de su líder, volvieron a tomar las calles, siempre seguidos muy de cerca por elementos del Ejército y la Policía. Su intención es acudir mañana domingo desde muy temprano al aeropuerto de Toncontín para esperar la llegada de Zelaya. No obstante, fuentes del Gobierno de facto indicaron ayer a este periódico que no será, en ningún caso, una llegada triunfante. "Para nosotros", indicó un portavoz del presidente de facto, Roberto Micheletti, "el señor Zelaya es un delincuente, con 18 cargos en su contra y una orden de búsqueda cursada por la fiscalía y enviada a la Interpol. En el momento en que ponga el pie en tierra hondureña, será detenido. Él lo sabe. Y por eso no creemos que se atreva a venir".

Hay una pregunta que circula de boca en boca en Tegucigalpa y que resume muy bien el estado de ánimo de la población: "¿Usted cree que vendrá?". Hay quien dice que sí y quien que no, pero nadie es capaz de apostar un puñado de lempiras -la moneda nacional- a una u otra opción. Diga lo que diga Zelaya. Diga lo que diga el cardenal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario