jueves, 9 de julio de 2009

Marcelo en Antilógicas -

Martes 7 de Julio de 2009
País de terror



Vivimos en una sociedad signada bajo la marca de Freddy Krueger. La Argentina es de terror pero, encima, en continuado.

Como en aquellos cines antiguos, aquí las pelis de espanto no descansan y siempre en la pantalla hay una de ellas proyectándose e inyectándonos miedo duro y puro a toneladas.

Ahora la descontrolada gripe A, "aquí donde las enfermedades son tan baratas y los medicamentos tan caros", como escribió George Christoph Lichtenberg. Pero hubo demasiados antes.

Repasemos las fotografías de un almanaque necesariamente parcial y desordenado:

* No hace tantísimo, la Triple A de un gobierno tan peronista que lo comandaba la viuda de Perón, llenaba de terror y sangre las noches argentinas. Y luego vino la dictadura militar, con sus monstruosas y silenciadas desapariciones.

* La democracia, se anunció, vendría a curar esos males profundos y los otros. Pero ni lo uno ni lo otro. No sólo los derechos humanos siguieron violándose como si tal cosa -mucho menos denunciados, es cierto-, sino que aparecieron nuevos terrores como la hiperinflación, que a los que se salvaron del tendal de víctimas fatales, los dejó flameando.

* Después vino el vendaval de la modernización, con su ola de privatizaciones y una desocupación de órdago. A esa llamada revolución productiva la encabezó otro gobierno peronista, el de Menem.

* Y para salvarnos de esa época de frivolidad que terminó aterrorizándonos, desembarcó la administración aliancista de De la Rúa que, Banelco en mano, nos hundió en una crisis casi terminal, con decenas de muertos, saqueos, "corralito'' y el hambre galopando sin piedad sobre las Pampas.

* Otra de terror, con default y, desde entonces, protagonistas fantasmagóricos, que aún perduran gracias a la habilidad y honestidad de nuestros gobernantes: piqueteros y cartoneros se volvieron parte del paisaje cotidiano y, sobre todo, desesperado.

* Con esas pobrezas y otras, cada vez más generalizadas (que no mitigó, por cierto, la retórica pseudoizquierdista del kirchnerismo) el delito se consolidó como una salida cada vez más adecuada a falta de cualquier otra oportunidad para el desamparo y la inseguridad comenzó su reinado feroz.

* Y en los últimos y despiadados tiempos, a los males perdurables, se les sumó el mosquito fatal del dengue y un virus de gripe A, que se quiso disimular todo lo que se pudo bajo un manto -y un interés- electoral. Un proceso en el que hay responsabilidades políticas, pero también penales -es decir, criminales- porque el resultado, como era de prever, fue letal.

Hace poco la Presidenta -que estimó conveniente viajar en gira diplomática al exterior por aquellas horas desesperantes- desmintió a su propio ministro de Salud sobre las cifras del nuevo horror: 100 mil infectados de gripe A. Pero el flamante funcionario no se desdijo, aunque Cristina Fernández de Kirchner consideró necesario aclarar que los medios de difusión -los únicos que dan información sobre cómo prevenir la peste- tienen "muchísima responsabilidad" porque pueden crear pánico entre la población.

Eso, mientras el diario español ''El País'' afirma que "crecen las sospechas de que el Gobierno ocultaba información" sobre el mal. En un editorial, el prestigioso medio, que es difícil de creer tenga intereses 'sojeros', califica de bochornosa la performance gubernamental.

Volvamos a Lichtenberg. De alguien que no le parece particularmente lúcido, describe que "dice tales necedades que cuesta creer que las diga con la boca".

Ante tanta pavura no necesitamos verdades con barbijo. Solamente verdades.

O esa moneda de tan escasa circulación: la verdad desnuda.

(Publicado en la columna Disparador de Clarín el domingo 5 de julio del 2009)

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