martes, 1 de septiembre de 2009

mahatma y la desobediencia civil

"Nadie está obligado a cooperar en su propia pérdida o en su propia esclavitud... La Desobediencia Civil es un derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser hombre.. La democracia no está hecha para los que se portan como borregos. En un régimen democrático, cada individuo guarda celosamente su libertad de opinión y de acción. Cada ciudadano se hace a sí mismo responsable de todo lo que hace su gobierno; tiene que prestarle todo su apoyo mientras ese gobierno vaya tomando decisiones aceptables. Pero el día en que el equipo que está en el poder haga daño a la nación, cada uno de los ciudadanos tiene la obligación de retirarle su apoyo."

Mahatma Gandhi.




En las actuales circunstancias por la que atraviesa la Argentina donde muchos intuimos un final muy malo para la gran mayoría de la sociedad me hago esta pregunta ¿Obediencia o Desobediencia Civil?.

Vivir en democracia sigue siendo el camino para que los pueblos libres consigan su autodeterminación y su libertad, pero la misma va perdiendo su contenido de ser el gobierno del pueblo o bien el predominio de éste en el gobierno político de un Estado, cuando la voz del ciudadano por medio de su voto no es escuchada –y aún más traicionada- debemos pensar en otras formas democráticas de participación política y social.

Establecer una resistencia pacífica a las decisiones del poder, es una alternativa ante las mentiras y atropellos que provienen del mismo, que nunca deja de invocar que las medidas tomadas son para el bien de todos cuando la realidad nos demuestra que es sola y absolutamente para los mismos privilegiados de siempre.

Hoy tenemos la obligación de exigir que nuestros derechos se cumplan, como nosotros, el pueblo, hemos cumplido y que a pesar de las palabras del Señor Presidente no somos los culpables de la actual situación de un país destruido y arrodillado a los poderosos intereses de un neoliberalismo nacional e internacional que muy poco le importa el futuro argentino como Nación, si ello no está en sintonía con sus intereses infinitamente devastadores, usureros y corruptos.

Ver hoy como un Poder Ejecutivo puede ofrecer sus rodillas a quienes han provocado con sus negociados el peor de los empobrecimientos que tenga memoria la sociedad, merece de nuestra parte abandonar la posición pasiva y contemplativa para volcarnos a un accionar mucho más efectivo y contundente, como es desobedecer civilmente cada una de las medidas y decisiones que al querer imponerlas inexorablemente nos conducen a que cada día estemos peor, de forma tal que podamos articular una protesta seria, eficaz y sostenida.

Quienes pensamos que a tanto poder, en muchos casos opresores, se le puede hacer frente y que desde el campo popular y nacional surgirá la resistencia capaz de ponerle fin a todo lo que se nos viene dando y a lo que vendrá sin ningún tipo de miramientos para con nuestro país, tenemos la oportunidad de hacer un frente progresista y revolucionario para detenerlos.

La nueva impronta del gobierno, que no deja de publicitarlo dentro y fuera de nuestras fronteras, es que la recaudación impositiva será la que garantice a una deuda externa tanto incobrable e impagable como fraudulenta, o sea, que literalmente nos dice así: "Trabajen, produzcan y paguen impuestos que irán directamente a los bolsillos de los acreedores externos porque hemos decidido prendarlas". Todos sabemos muy bien que ante esta situación la salud, educación, asistencia social, jubilaciones y pensiones, políticas de crecimiento, obra pública, etc. quedarán postergadas hasta la eternidad, como eterno será el endeudamiento del Estado en las condiciones impuestas.



Entonces no nos quedan otras opciones que no sean el ejercer prácticas activas de resistencia, ya que nosotros no hemos delegado en los grupos de poder el dictado de las acciones de gobierno que arbitrariamente violan nuestros derechos. Como pueblo la soberanía reside en nosotros y debemos ser los únicos en determinar nuestro destino y el del producto de nuestros esfuerzos realizados, así como también nos asiste el derecho y deber de oponernos a los abusos a que nos quieren someter. El criterio impuesto de saquearnos, exigirnos, arruinarnos y destruirnos mientras más les entregamos y más los servimos, los fortalecen para continuar aniquilando a nuestra economía y las posibilidades de encontrar una salida a la crisis. Ergo, nos queda el arma más potente para utilizar y es la de sacarles cualquier tipo de apoyo y más bien entorpecer el camino que se proponen los grupos oligárquicos y monopólicos para realizar sus beneficios que nos quieren vender como la única salida para el crecimiento de l a economía Argentina.

Un ejemplo de estos días ha sido la propuesta del aumento de la tasa del impuesto a las ganancias para contribuyentes con rentas millonarias. Desde todos los sectores del poder económico se lo desestimó y ahí se da la lógica del sistema dominante que siendo los causantes de la exorbitante cuantía del endeudamiento, no están dispuestos a realizar esa contribución extraordinaria, total conocen muy bien que será el sacrificio del pueblo el que pagará los intereses como ha pagado todos los platos rotos y ahora esta recibiendo la basura de la fiesta neoliberal.

Si las decisiones de un Gobierno se transforman en insoportables, el derecho a la revolución nos está dada como lo ésta negarles nuestra lealtad y oponernos a sus imposiciones, ejemplos de ello serían negarnos a pagar impuestos que conocemos que tendrán como destino bolsillos que no reinvertirán en nuestro país y que, además nos darán la posibilidad de tener un menor gasto y así aumentar nuestra capacidad de consumo y de ahorro, claro está de los que aún tienen esta posibilidad que cada vez son menos aunque los gobernantes pidan que consumamos más. Otra oportunidad sería la de negarnos a adquirir productos de origen externo, en especial los provenientes de zonas extra Mercosur, como también intentar bajar al mínimo de nuestros consumos en empresas privatizadas o concesionadas.

Hoy por caso, pasarnos a realizar los aportes al sistema de reparto es otra forma de que los ahorros nacionales no contribuyan a quienes luego colocan esos fondos en bonos de la deuda externa y que consiguen niveles de intereses que quintuplican la tasa internacional, además de cortarles la posibilidad de cobrar las comisiones exorbitantes por la administración de los fondos que no se pagan en ningún otro país del mundo.

Se han recortado los sueldos y jubilaciones, quitado derechos adquiridos a docentes, disminuido los gastos en salud, descerebrado el accionar del PAMI, disminuido las asignaciones familiares, intentos de no pagar el aguinaldo, etc. por solo nombrar algunas de las imposiciones a las que debemos rebelarnos y seguir intensificando los reclamos sociales y populares que sistemáticamente nos quieren negar, al tiempo que intensificamos las investigaciones, denuncias, piquetes, marchas, manifestaciones y concentraciones hasta llegar a que las mismas tengan el carácter de permanente.



Que sucedería si por ejemplo todos los que padecemos esta forma de conducir el destino de la patria -trabajadores, profesionales, pequeños y medianos empresarios, jubilados, etc.- nos convocamos en todas las plazas del país por tiempo indeterminado y no las abandonamos hasta que se cambie el rumbo y aseguramos que sea el Congreso Nacional quien deba sesionar bajo esa presión y dictar todas las leyes que sean necesarias para definir otra política económica que contemple: distribución del ingreso nacional más equitativa, plan de obras públicas, seguridad y calidad en la prestación de salud y educación, programas de desarrollo sostenido y sustentable que considere a todos las factores sociales y económicos, determinación de una política cambiaria que acompañe el desarrollo económico, rebaja en los costos de los servicios privatizados a los valores internacionales, moratoria en los pagos de la deuda externa de por lo menos cinco años con un interés máximo de no más del cincuenta por ciento de la tasa libor y con un límite fijado en un porcentaje de las exportaciones del país, replanteo de la legislación impositiva que abandone el criterio regresivo existente y que la fiscalización quede en manos de los empleados de los organismos de control con posibilidad de participar en la mayor recaudación y persecución de los evasores, política arancelaria que proteja a la producción nacional y regional, seguro de desempleo efectivo y aumento del salario mínimo y las jubilaciones, por señalar solo algunas de las cuestiones que deberían ser tratadas como políticas de estado para la reactivación.

Si imaginamos la desobediencia civil desde cada lugar donde vemos que nos quitan nuestros derechos, habremos encontrado la llave de nuestro poder, en parte por lo expuesto y por todo la que aquí omito en honor a la síntesis que con una acción política no violenta, pública y colectiva busque la urgente transformación de las mentiras impuestas, porque tenemos memoria y de los dictados de la misma debe nacer la acción. Esta desobediencia civil debería hacernos recordar como hemos enfrentado en forma desorganizada y por lo tanto han podido las dictaduras militares desaparecer a miles de compañeros, establecer una economía para las mafias contratistas, un sistema de comercio exterior que destruyo a la industria nacional; las alfonsinistas leyes de obediencia debida y punto final, economía de guerra; los menemistas salariazos, revolución productiva, privatizaciones, indultos y relaciones carnales y los delarruistas blindaje, megacanje, déficit cero y reprogramación de la deuda pública.

La desobediencia civil puede ser considerada ilegal, pero si se realiza en forma pública, sin violencia y con la seguridad del triunfo debemos encararla, pues nada peor de lo que nos está sucediendo podrá pasarnos y lo primordial es ponerle un freno a las acciones de este gobierno que ha perdido la capacidad de dirigir los destinos de la nación. Desde allí la lucha será legitimada por la razón de los sentimientos, la verdad, la justicia y en contra de los sufrimientos. Desobedeciendo todo aquello que se oponga a nuestra propia conciencia para conseguir los cambios sociales que permitan volver a tener un país con presente y fundamentalmente con futuro, para que las próximas generaciones no deban padecer peores sufrimientos que los actuales.

Sabemos que otro país es posible. Las debilidades del enemigo son siempre las mismas, sus bolsillos, sus privilegios y su poder, entonces ahí es donde hay que atacarlos pues es donde más les duele, al ver resentidos sus ingresos y rentas exorbitantes, tener que aceptar una distribución diferente del ingreso nacional, que en la mesa de las decisiones no tengan más la abusiva autoridad que desde hace décadas se les ha permitido y que el poder vuelva a quienes realmente corresponde y que tengan en claro que hasta acá han llegado y que estamos dispuesto a decirles: ¡No pasarán! ¡No Pasarán!

Habrá quienes cuestionen a la desobediencia civil pero no infringiremos ninguna norma legal ya que no hay quien pueda prohibir la desobediencia. Como ejemplo tenemos a Gandhi que supo oponerse a un imperio seguramente mucho menos poderoso al que hoy padecemos y nos asfixia. Si nos lo proponemos forzaremos a los poderes del estado a cambiar rotundamente el rumbo mantenido durante décadas y aún conociendo sus fuerzas y lo que son capaces de hacer, como vemos en estos días con las decisiones de la Corte Suprema de Justicia que cierra cualquier posibilidad de investigación a los que detentaron o detentan el poder político. Y entonces hacerles sentir que hasta acá han llegado, sin vacilaciones y con la fuerza de nuestras verdades que son la seguridad de querer vivir dignamente, la solidaridad, el progreso merecido, los anhelos soñados, la paz, la justicia y la libertad de decidir nuestro destino. Ese es nuestro poder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario