lunes, 15 de febrero de 2010

LOS ANTEOJOS DEL TATA.

Febrero 13, 2010 · 4 comentarios
“Affaire (voz francesa): Negocio, asunto o caso ilícito o escandaloso.” Diccionario de la Real Academia Española

El intento de los Kirchner de utilizar las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) ha reincorporado en la sociedad el tema acerca del grado de independencia o dependencia funcional que debe tener el banco central de una nación respecto del Poder Ejecutivo, un debate que se prolonga desde hace varias décadas. necesitadas de fondos para cubrir las exigencias sociales de la población.El tercer punto afirma que las actuales restricciones que tiene la Carta Orgánica del BCRA fueron producto de las “políticas neoliberales” de los 90, lo cual es francamente ridículo, por no decir tendenciosamente ideológico. Cualquier persona que haya pasado los cincuenta años de edad, y que no sea fanáticamente antiliberal, sabe que esas restricciones implementadas en 1992 fueron una total consecuencia de la necesidad y no tuvieron nada que ver con una convicción ideológica, cualquiera que hubiera sido ésta.

Los que defienden su independencia y autarquía (1), insisten sobre el peligro inflacionario que significaría poner esos fondos en manos de un gobierno necesitado de ellos para cubrir su déficit fiscal.

Los que abogan por poner al BCRA en manos del Ejecutivo son, en general, pro estatistas y promotores del gasto público. Afirman que su autarquía resulta excesiva y que la función principal del banco no debería limitarse a preservar el valor de la moneda sino que, además, debería contribuir a pagar deudas del tesoro nacional, a generar crédito, empleo, obras públicas y varias cosas más. Para justificar esta posición esgrimen tres principales argumentos:

A) Que la mayoría de los bancos centrales de los países desarrollados no tienen el nivel de independencia que ostenta el Banco Central de la República Argentina.

B) Que el uso de las reservas del país debe estar en concordancia con la política económica implementada por el Poder Ejecutivo.

C) Que esta autarquía del BCRA fue un producto neoliberal por el simple hecho de que se instauró en la década del 90, infiriendo de ello que se trataría de un producto generado por el mismísimo demonio.

Analizando estos argumentos, observamos que el primer punto no es adecuado por dos razones: por un lado, los bancos centrales de los países más desarrollados del mundo no se encuentran subordinados al Poder Ejecutivo (2); y por el otro lado, no podemos comparar nuestra cultura económica con las que tienen las naciones desarrolladas. No nos olvidemos que en el último medio siglo y con el BCRA dependiendo del gobierno central hemos aniquilado cuatro signos monetarios (3) por causa de la alta inflación, la hiperinflación, y las mega devaluaciones.

Con respecto al segundo argumento podemos afirmar que se trata de un vacuo discurso político, porque todos los bancos centrales (incluso aquellos que son autárquicos) trabajan en conjunción con las economías de sus países. Ahora bien, si el uso de ese argumento apunta a inferir que el Poder Ejecutivo pueda decidir a su antojo sobre qué hacer con las reservas del país, se trataría entonces de una conclusión falaz, ya que en ninguna nación desarrollada el gobernante de turno puede disponer libremente de esos fondos pues sería muy arriesgado por las consecuencias económicas que esa actitud ocasionaría. Desde ya que este riesgo se potencia enormemente en el caso de naciones en vías de desarrollo o subdesarrolladas, siempre

LA IMPLEMENTACIÓN DE LA AUTARQUÍA DEL BCRA

¿Por qué en 1992 el Congreso sancionó una nueva Carta Orgánica para el BCRA obligándolo a preservar el valor de la moneda?

La historia moderna indicaba que las naciones con bancos centrales independientes (2) presentaban menores índices inflacionarios, un mayor desarrollo económico, y una mejor estabilidad financiera (tasas y rentabilidad de los depósitos). Estos datos demostraban que la independencia del banco central obligaba al Poder Ejecutivo a una mejor eficiencia en su obligación de administrar la economía.

A su vez, y en el caso argentino en especial, había que considerar que después de décadas de fuertes devaluaciones y alta inflación, sumadas a las dos hiper inflaciones que sufrió el país (1989 y 1991), la población ya no quería saber nada con la moneda argentina (el “Austral” en ese momento), de manera que el nuevo ministro de Economía, Domingo Cavallo, tuvo que recurrir a una medida muy potente para convencer a la gente de que el Banco Central iba a dejar de emitir billetes para financiar al tesoro nacional. Esa medida fue la ley de Convertibilidad y la autarquía del BCRA sobre principios económicos monetaristas (4).
La nueva Carta Orgánica del banco lo obligaba a respaldar con dólares toda la masa monetaria existente. Con esta decisión se reconocía oficialmente lo que desde hacía medio siglo venía sucediendo: para la población argentina la verdadera moneda de ahorro era el dólar. Los pesos se utilizaban sólo para las transacciones comerciales habituales.

Durante décadas, los sucesivos gobiernos -tanto los democráticos como las dictaduras-, intentaron sin éxito que la gente confiara en la moneda argentina con un discurso que afirmaba que “esta vez va a ser diferente”. Vano esfuerzo

UN POCO DE HISTORIA

“La estabilidad es la primera cuestión: nosotros conocemos bien la guerra y vemos las dificultades que atraviesan los países que viven en estado de conflicto” Nguyen Minh Triet (1942-) Presidente de Vietnam y Secretario del Partido Comunista Vietnamita.

Un indicador del desarrollo de una nación es la estabilidad y fortaleza de su moneda. Una nación sin una moneda medianamente estable es una nación perdida en sus posibilidades de crecimiento. El cuadro que incorporo en esta nota nos muestra que durante cuarenta y cinco años, desde 1901 hasta el triunfo peronista de 1946, la Argentina devaluó su moneda sólo un 85%. En cambio, durante los siguientes cuarenta y cinco años de vida, desde 1946 hasta 1991, sufrió una devaluación de 246.913.580.246.814%. Todo un record mundial.

Este violento proceso de devaluaciones se inició durante las primeras dos presidencias de Perón (1946-1955), en las cuales la moneda sufrió una depredación nunca vista con anterioridad (5,76% mensual, 678% total). Posteriormente, y según las estadísticas, los períodos que sufrieron mayores devaluaciones se dieron consecutivamente entre 1973 y 1989: los tres años del FREJULI (Cámpora-Juan Perón-Isabel Perón) ya que desde 1973 hasta 1976 la moneda se devaluó un 2.743%; el proceso de la última dictadura militar desde Videla hasta Bignone (1976-1983) con la escalofriante cifra de una devaluación del 79.900%; y por último, el gobierno radical de Alfonsín que desde 1984 hasta 1989, quebró todos los récord con un número de terror: 2.307.592%.


¿Cuáles han sido las razones que a lo largo del tiempo han determinado las recurrentes devaluaciones de la moneda argentina?

Poder Legislativo trasladó a esta institución la potestad exclusiva de emitir moneda con la principal obligación de sostener con respaldo real la masa monetaria del país.Hasta ese momento, las reservas del Banco Central habían sido usadas a gusto del gobernante de turno.

Desde hace más de seis décadas, y con excepción de los años 2002 y 2003, los sucesivos gobiernos argentinos han venido gastando mucho más de lo que produce y, como no han podido o no han querido modificar sus estructuras para gastar menos o para producir más, han solventado sus déficit endeudándose y/o emitiendo moneda sin respaldo real, por lo que han necesitado, de tanto en tanto, apropiarse de lo ajeno para volver a equilibrar su economía, aunque sea de manera parcial o transitoria.
Estas apropiaciones se han efectuado mediante la generación de inflación y las consecuentes devaluaciones de la moneda. A través de las mismas, los gobiernos fueron “escapando de los apuros económicos” (ver abajo la sección “Las razones económicas del saqueo”) pero a costa de aumentar la pobreza de su población e implantar en la psicología de la gente en general, y en la del empresariado en particular, una sensación de enorme inseguridad económica y jurídica.

Desde 1946, decenas de ministros de economía intentaron sin éxito todo tipo de maniobras para evitar la continua depredación de la moneda: cambios múltiples, semi-fijos, libres, semi-libres, pesificaciones, prohibiciones, grandes controles, “tablita cambiaria”, desindexaciónes e indexaciones fueron solo algunas formas entre un sin fin de inventos económicos.

Todo esto sucedió hasta 1991, cuando el cordobés Domingo Cavallo fue elegido ministro de economía durante la primera presidencia de Carlos Saúl Menem y terminó con cincuenta años de devaluaciones aplicando un viejo mecanismo: la convertibilidad automática de la moneda. En este caso, en lugar del oro o la plata, como había sido en el pasado, el ancla fue el dólar norteamericano. Pero a su vez, en 1992, el Congreso agregó una novedad importante: la independencia y autarquía del Banco Central. Con ello, el

En una nación que siempre ha gastado más de lo que ha recaudado, esas reservas han sido siempre la tentación para los gobiernos centrales, que las han saqueado continuamente aunque, desde ya, siempre lo han hecho argumentando que era “en beneficio del pueblo y del país”.
Hipocresía política y traición a la patria deberían ser los veredictos populares ante esta actitud, ya que ese constante drenaje de las reservas favoreció las devaluaciones y las inflaciones, los dos mayores flagelos para la población en general, y para los más carenciados en particular.

LAS RAZONES ECONÓMICAS DEL SAQUEO

¿Por qué la Argentina necesita siempre de las devaluaciones para equilibrar su economía?


Para solventar sus gastos, todos los gobiernos, desde el primero de Perón hasta Alfonsín incluyendo a las dictaduras militares, emitieron moneda sin respaldo real. Recordemos que la población sólo podía ahorrar en pesos porque los bancos no aceptaban cuentas o inversiones en moneda extranjera.

Técnicamente hablando, en una nación como la Argentina, cuya economía no inspiraba demasiada confianza, la moneda debía tener un cierto nivel de respaldo real a través de sus reservas de oro y divisas extranjeras. Cuando el circulante de dinero nacional excedía, en mucho, esas reservas, inevitablemente se generaba alta inflación.

Pero cuando la inflación ya se hacía insostenible, el gobierno de turno devaluaba y con ello, necesariamente, obtenía dos resultados económicos:

1) Todos los ahorros en pesos perdían una parte de su valor real. Ejemplo: Una ahorrista con treinta mil pesos invertidos en un plazo fijo o en bonos del Estado, tenía diez mil dólares de acuerdo a un cambio hipotético de tres a uno. Se produce, por ejemplo, una devaluación del 20%, lo que hace que sus treinta mil pesos se conviertan en ocho mil trescientos dólares. Los mil setecientos dólares de pérdida que sufrió la ahorrista fueron a parar al bolsillo del Estado. ¿Por qué? Porque antes de la devaluación, el Estado, a través del Banco Central, debía responder ante los treinta mil pesos con diez mil dólares, en cambio, después de la misma, ocho mil trescientos dólares serán suficientes. El Estado le robó así mil setecientos dólares al tenedor de los pesos.El gobierno pagaba un veinte por ciento menos en dólares por las mismas prestaciones laborales y por toda la deuda pública que tenía asumida en pesos.Con la devaluación, la masa monetaria existente en el mercado se equilibra un poco con relación a los recursos reales del Estado para sostenerla pero, si no hay modificaciones estructurales que ayuden a corregir los problemas de base y a estabilizar por largo tiempo las reglas del juego de los mercados, en algún momento se reinicia la inflación y el ciclo de expropiación de los bienes de la población a través de la misma inflación y la devaluación monetaria, sin importar todas las “promesas y garantías” que se hayan dado con anterioridad.

2) Todos los gastos y salarios públicos sufrían una pérdida real, en moneda fuerte, del 20%. El mismo ejemplo de la ahorrista sirve para este caso.

Nuestro país siempre ha sido un ejemplo en justificar la utilización de cualquier medio para lograr el fin deseado. Por lo tanto, con gobiernos adictos al robo del ahorro privado, la famosa “fuga de capitales” hacia países cuyos mercados son estables y sus monedas fuertes, ha sido absolutamente inevitable. No existe discurso alguno, ni medidas temporarias atrayentes, que puedan hacer que estos capitales no solo retornen, sino que se evite su fuga.

LAS NECESIDADES ECONÓMICAS DE LOS KIRCHNER

“El asistencialismo no permite salir del círculo vicioso entre la inactividad y la pobreza” Francois Ewald (1946-) Filósofo francés y doctor en letras. Fue asistente de Michel Foucault.


Cuando la población comenzó a sospechar que los datos del INDEC se estaban falseando y que las reservas del BCRA se estaban comprometiendo con deudas para financiar el gasto público del gobierno, la gente nuevamente recurrió a la moneda norteamericana: desde el 2007 hasta fin del 2009, se fugaron del circuito comercial y financiero argentino U$S 45.000 millones. Se trató de una impresionante masa de dinero que fue a parar a los bancos del exterior, a las cajas de seguridad y/o al “colchón” de cada casa. Para evaluar su verdadera dimensión no olvidemos que se trata del doble de la que se produjo durante el año 2001, previo al colapso financiero.

Para los Kirchner, la situación actual es clara: si no tienen la posibilidad de recurrir a la máquina de fabricar billetes, el cada vez mayor gasto público no se podrá solventar por dos razones: a) El mercado ya no permite un mayor aumento de los ingresos por impuestos; y b) El crédito que el mercado internacional de capitales está dispuesto a otorgarle a la Argentina está seriamente dañado por los ‘holdouts’ y por la adulteración de las estadísticas del INDEC.
Y si no pueden sostener ese creciente gasto público, perderán definitivamente el poder político construído sobre la repartición cuasi extorsiva de la “caja” estatal.
Ante esta delicada situación, los Kirchner se abalanzan sobre los fondos del Banco Central mediante un viejo discurso: con las reservas del BCRA se logrará crédito para el desarrollo de las empresas, para compras de vivienda, construcción de hospitales y escuelas, o cualquier otro proyecto similar a los que se prometieron que se realizarían en su momento con los fondos de la Anses, hoy ya extremadamente escasos.
Ahora bien, supongamos que los Kirchner consiguen que el Congreso modifique la Carta Orgánica del BCRA para acceder a esas reservas. ¿Qué podría ocurrir?

Dos cosas:

1) El Banco Central, a través del gasto y el crédito, emitirá pesos que enviará al mercado y que la gente gastará rápidamente para luego preservar sus ahorros en oro, dólares o euros. Por lo tanto, cada peso que emitan sin respaldo real para financiar al tesoro alimentará la inflación y se irá al dólar. Desde ya, los pobres serán los que soporten sobre sus espaldas la menor capacidad de consumo por causa de la inflación, mientras que los más pudientes serán los que se resguardarán en los dólares.

2) En los años anteriores, el BCRA emitió pesos para comprar dólares en el mercado de cambios y luego imprimió bonos (Nobacs, Lebacs, etc) para rescatar esos mismos pesos e inmovilizarlos con el objetivo de que esa emisión de moneda no generara inflación. O sea que los ‘rescata’ mediante emisión de deuda. Muchos de estos títulos se están venciendo por lo que, si en lugar de renovarlos se pagaran, el gobierno estaría enviando al mercado a través del BCRA aproximadamente 55.000 millones de pesos lo cual expandiría en más de un 50% la actual masa monetaria que circula en el país. Sin dudas que sería un panorama de terror ya que la inflación sería incontrolable y estaríamos a las puertas de otra gran devaluación, los dos peores males para el pueblo argentino. Espero que los Kirchner no se tienten con esta posibilidad.

UNA REFLEXIÓN FINAL

“Si uno se equivoca de presidente, se equivoca de presidente. No se puede evitar que un electorado elija a una persona equivocada. Pero recordemos que los poderes de las Cámaras son totalmente independientes, por lo que el Congreso puede perfectamente bloquear a un presidente que no esté haciendo las cosas bien”. Giovanni Sartori (1924-) El más prestigioso investigador político italiano. Autor de numerosos ensayos.

Creo que poner al BCRA bajo el dominio de los Kirchner sería como regalarle una bodega de vinos a un alcohólico. Pero, en el hipotético caso de que esto sucediera, podremos ver cómo, de la misma manera que no alcanzaron los fondos de las AFJP, tampoco serán suficientes las reservas del Banco Central, por lo que lo más probable es que, para cubrir su gasto público, este gobierno también deba confiscar los depósitos bancarios o realizar otras acciones desesperadas y de consecuencias nefastas, como es el caso de la emisión de moneda sin respaldo real.

Es el Congreso quien tiene ahora la responsabilidad de decidir a favor o en contra de una estabilidad económica posible hasta que en el 2011 se produzca el recambio presidencial.

Enrico Udenio
12 de febrero de 2010

(1) Para establecer jurídicamene la independencia de actuación, se les asigna a las instituciones el carácter de “entidad autárquica” con la finalidad de respaldar su autonomía funcional y preservarla de las influencias o interferencias de los políticos. Esta autarquía es estrictamente técnica y conlleva que la institución no se encuentre subordinada al poder del gobernante de turno. En el caso de un Banco Central, éste tiene la capacidad de diseñar una política monetaria y cambiaria autónoma de las necesidades fiscales del Gobierno. De esta manera, podrá establecer, con su propio criterio, el monto de emisión monetaria que se destina a financiar el gasto público haciéndolo depender, entre otras variables, del nivel de reservas que tiene para respaldar la base monetaria del país.
(2) Los bancos centrales de Alemania, Estados Unidos, Inglaterra y Japón, entre varios otros países, tienen autonomía e independencia de los gobiernos centrales. En el caso de Alemania (Bundersbank) y Estados Unidos (Reserva Federal por ejemplo, son modelos de autonomía funcional desde hace varias décadas y no tienen nada que ver con “el modelo neoliberal de los 90”. Entre sus principales funciones figura ser garante de la estabilidad y dinámica del sector bancario y regular la circulación de dinero y del crédito con el objeto de preservar el valor de la moneda.
(3) El Peso Moneda Nacional, los Pesos 18188, el Peso Argentino, y el Austral.
(4) Milton Friedman se hizo famoso por el descubrimiento de la doctrina que llegó a llamarse “monetarista”, doctrina que lo llevó a ganar en 1976 el premio Nobel de Economía, y que tiene dos principios básicos: 1) La oferta de dinero es el único factor sistemático que determina el nivel del gasto y de la actividad económica; 2) Para asegurar la estabilidad de precios el Banco Central debe establecer un índice de crecimiento de la oferta de dinero a una tasa porcentual aproximadamente igual al crecimiento real de la economía.



EL ESTADO SOY YO
Febrero 7, 2010 ·

Muchos defensores del kirchnerismo insisten en que aquellos que critican a este gobierno lo hacen negando las bondades del mismo, y agigantando sus imperfecciones y defectos. Señalan que durante años pronosticaron catástrofes que finalmente no sucedieron: cortes de luz, escasez de gas, de carne, colapso de los servicios, mayor pobreza y crisis económica.
No me ocuparé en esta nota de analizar cuánto de verdad o mentira tienen las bondades que los kirchneristas le otorgan al gobierno argentino sino que voy a referirme a las probables razones por las cuales la mayoría de la población critica con mucha firmeza -que en ocasiones incluso llega la furia, la insolencia e irreverencia hacia la figura presidencial- a los Kirchner.

La lamentable imagen negativa (el 80%) que sufren Néstor y Cristina no es un cuento. Es muy real. A tal punto llega esta realidad, que desde hace dos años el gobierno se olvidó por completo de las encuestas a las que era tan proclive en tiempos en los que no se cansaban de vanagloriarse del apoyo que tenían por parte de la población.

El gobierno se queja de que cuando realiza algún anuncio o comunica algo, los que lo critican interpretan otra y transmiten un discurso erróneo a la población. En realidad, los analistas de discursos políticos solemos interpretar los matices que adquieren ciertas palabras o expresiones en los contextos en que aparecen, porque estimamos que las palabras se han elegido con una intención determinada. Existe la probabilidad de que las interpretaciones no sean correctas, pero si el gobernante tiene un manejo defectuoso de la comunicación o queda en evidencia su incoherencia entre discurso y acción, no son los críticos los responsables de su imagen deficiente.

LAS CONTRADICCIONES ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD

En mi nota escrita del 16 de noviembre del año 2008 titulada “La Argentina según los Kirchner”, señalaba el aumento de la imagen negativa que soportaba el matrimonio presidencial. Esta tendencia se sustentaba principalmente porque una buena parte de la población creía que estaba siendo manipulada por el gobierno a través de constantes mentiras. En esa nota tomaba como emergente del sentir popular al comentario sobre los Kirchner que días atrás me había hecho un taxista: “Mienten. No paran de mentir”.

Es que mientras los Kirchner propagaban que “nunca la Argentina vivió unos años tan prósperos como durante sus mandatos”, la legislatura nacional seguía prorrogando año tras año “la emergencia económica” y otorgando poderes extraordinarios al Poder Ejecutivo; la inflación real era el doble de lo que indicaba el Indec intervenido por Moreno, y la desocupación no bajaba porque no había mayor demanda de trabajo, además de que la población nunca entendió ese invento kirchnerista de considerar ocupado al desocupado que recibía un plan de ayuda económica por parte del gobierno.

Una parte importante del pueblo comenzó a fastidiarse de tanto escuchar anuncios grandilocuentes por parte de Néstor y Cristina, los que finalmente se cumplían sólo en una pequeña parte o se evaporaban en la nada misma. Desde las 700 escuelas que se iban a construir en tres años hasta el “cuento chino” de los 20.000 millones de dólares que China invertiría en la Argentina, un cúmulo de proyectos -algunos de ellos se reiteraban año tras año como si fueran nuevos- fueron quedando en el mero discurso político.

Parafraseando un famoso refrán, un amplio sector de la población se convenció de que los Kirchner “borraban con el codo lo que escribían con la mano”.

LAS INSTITUCIONES Y EL ESTADO DE DERECHO

“Cuando el derecho no es poderoso, es maligno” Oscar Wilde (1856-1900) Dramaturgo inglés.

En una república, las instiuciones marcan los límies que deben tener los poderes.
Los que manejan transitoriamente estas instituciones deben ajustar sus acciones a las normas jurídicas establecidas. Cuando esta premisa no se cumple, los funcionarios gobiernan para unos en detrimento de otros. Al suceder esto, un gobernante debe enfrentar el cuestionamiento de una parte de la sociedad y de los medios de comunicación que recelan de la concentración del poder en una persona.
En su intento de mantener el poder más allá del que le otorgan las propias instituciones, el gobernante ataca a la oposición y al periodismo crítico en el afán de acallarlo o someterlo, lo que acerca al país a un estado autoritario y peligrosamente dictatorial.

Desde el inicio de sus mandatos, los Kirchner se preocuparon en reestablecer la autoridad presidencial.

El destino los ayudó con el notable aumento de los valores internacionales de los productos agropecuarios porque les permitió disponer de una extraordinaria cantidad de dinero -retenciones a las exportaciones mediante- para alinear detrás de ese objetivo a su propia tropa política y a una enorme cantidad de descontentos opositores.

Pero el matrimonio presidencial no supo, no pudo o no quiso modificar esta modalidad de conquista del poder por lo que, como todo proceso que excede sus límites, inició un camino de deterioro institucional que lesionó seriamente a la república, despertó en gran parte de la población profundas sospechas sobre su accionar, y alimentó una mayor y más férrea oposición.

Esta resistencia se alimentó con una larga lista de abusos de poder y de actos que coquetearon con la corrupción y que ocurrieron desde el 2003 hasta la fecha, involucrándolos a ellos mismos así como a familiares, amigos y funcionarios directos. Desde la adquisición de terrenos fiscales a valores ridículos, la propiedad de una consultora familiar que ofrece “servicios de asesoramiento empresarial”, el envío de las reservas de la Provincia de Santa Cruz a bancos extranjeros, con el consecuente resultado de que ese dinero terminó siendo utilizado para dar crédito a habitantes de otros países en lugar de fomentar las inversiones argentinas, hasta las últimas compras personales de millones de dólares y los estrambóticos enriquecimientos del propio matrimonio, familiares y hasta secretarios personales (que a la temprana edad de 30 años ya muestran patrimonios que superan el millón de dólares), son sólo algunas muestras del exacerbado nivel de aprovechamiento personal que hicieron desde el poder público.

En una reciente nota, el constitucionalista Daniel Sabsay expuso apropiadamente: “Una vez más, estamos ante una situación que pareciera superar la frontera que separa lo público de lo privado y que, como tantas otras provenientes de la administración Kirchner, son la resultante de un obrar prepotente que, por lo menos, infringe la cultura de diálogo civilizado que subyace en nuestra Constitución y que en muchas ocasiones desborda dicha frontera (…) proveyéndole a la autoridad privilegios que pueden llevarlos fácilmente a cometer actos de corrupción. La comunidad observa con fastidio este estado de cosas, que asocia con la impunidad.”

Este último párrafo es concluyente. La sociedad ya observa al mandato kirchnerista con los mismos ojos que gran parte de ella miraba antaño el menemismo. Discurso, falsedad, elevada corrupción, sometimiento de los otros poderes al Ejecutivo, y manipulación evidente de las ideas.

Mientras los discursos kirchneristas promovían permanentemente la visión paranoica de que los enemigos crecían por y desde todos lados, en la mayoría de la población germinaba la necesidad de tener más amigos, de dejar de confrontar para comenzar a integrar.
En las pasadas elecciones legislativas, esa mayoría reflejó con claridad que quería ponerle límites al gobierno, pero las actitudes posteriores de los Kirchner delataron que su discurso de “profundización del modelo” significaba, en realidad, “El Estado soy yo”.

EL FONDO Y LAS FORMAS

“No puede negarse que en todo discurso se dice algo (fondo) mediante palabras (forma). Pero eso no implica que forma y fondo puedan separarse. Separarlos para su estudio sería tan absurdo como deshacer un tapiz para comprender su trama: obtendríamos como resultado un montón informe de hilos” Fernando Lázaro Carreter (1923-2004) Filólogo español y ex director de la Real academia Española.

Aunque en realidad fondo y forma no deberían verse por separado, muchos creen que el fondo es lo que verdaderamente somos, pensamos y queremos, y las formas son las maneras que intentamos transmitir ese fondo. En el caso especial de los políticos, la relación entre fondo y forma se complejiza ya que incide el factor de lo “políticamente correcto”, lo que termina produciendo fuertes contradicciones entre su fondo y sus formas, ya que prevalece, en líneas generales, la búsqueda del logro de sus objetivos sin importar si los medios que se utilizan para ello son pacíficos o éticos.
Pero para intentar un correcto análisis de esas contradicciones hay que entender que no es lo mismo el contexto (el centro del poder y su entorno) en que se produce un discurso que el contexto en el que se interpreta (nosotros, el pueblo).
Sin duda el ámbito de referencia de un alto funcionario gubernamental cuando abre la boca para decir algo, es distinto del ámbito de referencia del receptor-pueblo. La cultura del dirigente, su conocimiento de la realidad circundante, su mentalidad, su ideología, sus costumbres, su ética, etc., no suelen coincidir siempre con las de los que lo escucha. Son diferentes, por muy pequeña que sea la diferencia en algunos.

Dentro de este marco teórico, podemos considerar que hay dos tipos de oposición a los Kirchner:
1) Los que les disgustan sus formas; y
2) Los que no están de acuerdo ni con el fondo ni con las formas.


Los primeros acuerdan con el fondo pero desacuerdan con las formas del manejo del poder por parte del matrimonio presidencial. Se trata de una oposición al gobierno más benigna. En general, son estatistas políticamente afines al nacionalismo popular y al peronismo de izquierda. Aceptarían una continuación de las políticas kirchnerisas sin los Kirchner.

Los segundos, son más sensibles al autoritarismo que se vislumbra detrás de las actitudes del matrimonio y sus alter egos (Moyano, D’Elía, etc) y han puesto en funcionamiento un mecanismo de defensa que se evidencia negándole al gobierno cualquier acierto posible. Creen que este autoritarismo se encuentra tanto en el fondo como en las formas.

Para ejemplificar con palabras sencillas la diferencia que existe entre estas dos formas de oposición, traigo un texto del economista liberal Roberto Cachanosky: “Yo no percibo, en líneas generales, a una oposición o a la ola antikirchnerista como una oposición que se levanta contra las formas y el fondo. Más bien parece levantarse contra las formas, que reconozco que no son un tema menor, pero no contra el fondo de lo que proponen los K. Puesto por el lado del ridículo, si mañana CFK sacara un DNU diciendo que hay que matar a todos los rubios, es probable que la oposición salte, no por la propuesta de matar a los rubios, sino por haberlo hecho por DNU y no haber consultado con el Congreso.”

Cuando Cristina Fernández de Kirchner ganó las elecciones presidenciales en el 2007, lo hizo prometiendo un nuevo estilo de gobernar, más pacificador y negociador. No fue así. La confirmación del mandato de los ministros más cuestionados por la oposición y por parte de la sociedad, su agresividad y falta de asertividad, similares a las de su marido, delataron que su gobierno no cambiaría nada de lo hecho por su cónyuge por lo que, al llegar las elecciones legislativas, el grueso de la población no se dejó engañar más y castigó a los Kirchner con una dura derrota.

En este caso, parecería que fondo y forma no pueden separarse. El matrimonio presidencial gobierna la nación de la misma manera que lo hizo en la Provincia de Santa Cruz. Néstor y Cristina muestran lo que en verdad parecen ser. Con sus constantes acciones prepotentes y agresivas, se han encargado de promocionar la idea de que Estado y Gobierno son la misma cosa.

Enrico Udenio
5 de febrero 2010

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UNA SOCIALDEMOCRACIA PARA LA ARGENTINA
Enero 29, 2010 · 24 comentarios
ESTA NOTA SE ENCUENTRA TAMBIÉN EN EL PERIÓDICO
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En mi nota del 20 de diciembre pasado, “Una izquierda muy particular”, expuse que “la izquierda en nuestro país (…) se ha detenido en el tiempo. Escuchar su discurso no es revivir al socialista Palacios, sino al populista Arturo Jauretche. El problema es que el nacionalismo exacerbado de este último –radical primero y luego peronista-, afín a las décadas políticas que vivió (1930-1960), quedó totalmente desactualizado a partir de la caída del comunismo y el inicio de la globalización capitalista. (…) Un amplio espectro de la izquierda argentina comulga con esta anticuada visión ideológica –desde Pino Solanas hasta los ex ARI pasando por el socialista Binner y el ex kirchnerista Sabbatella- por lo que no pueden evitar cometer constantes errores que se contradicen con los deseos de la mayoría de la población del país: ser un país poderoso conectado con el mundo, en paz y con armonía, aceptando la alternancia política e ideológica como un factor enriquecedor para el desarrollo económico y la conquista de justicia social. (…) El pensamiento jauretchiano de “oligarca y vendepatria” se mantiene vigente para este tipo de izquierdismo, mezcla de marxismo, populismo, indigenismo y nacionalsocialismo. (…) Pero este discurso argentino diluye aún más sus probabilidades de obtener una penetración mayoritaria de sus ideas pues el argentino (…) quiere tener gobiernos que miren hacia adelante en lugar de empantanarse en el pasado, y porque quiere que haya orden, justicia, una buena policía, una milicia eficiente, y que los políticos de turno no destruyan todo lo que hicieron los anteriores gobernantes. (…) La gran mayoría de los argentinos (…) mira hacia Chile, Uruguay y Brasil y piensa en cómo es que la derecha y la izquierda pueden convivir pacíficamente en esos países y no en la Argentina. Al fin al cabo ellos también sufrieron dictaduras feroces, guerrillas crueles, muertes y desapariciones. (…) Pero, para la mentalidad de los gobernantes argentinos actuales así como para los aparentemente opositores de nuestra izquierda nacional, los presidentes de nuestros países vecinos, Tabaré Vázquez, Lula y Michelle Bachelet, son izquierdistas que “se pasaron a la derecha” porque implementaron políticas de crecimiento económico con claro signo favorable al capital privado. (…) Es que a estos líderes latinoamericanos no les llevó mucho tiempo comprender que se podía implementar un plan económico de neto corte capitalista, sin renunciar a su condición de socialistas.”


En cambio, a la izquierda argentina le está llevando mucho más tiempo entender que la Argentina necesita de una socialdemocracia que permita que el país tenga una alternancia política entre la derecha y la izquierda democrática sin que cada una destruya lo realizado por el otra.


¿EN QUÉ CONSISTE LA SOCIALDEMOCRACIA?


“Una revolución violenta sólo puede obtener los inevitables resultados de la violencia, que son tan viejos como el mundo” Aldous Huxley (1894-1963) Escritor, ensayista y crítico inglés. Extraído de su ensayo “El Fin y Los Medios” (1937).


El sector de la izquierda que adhiere a las estructuras democráticas, es denominado con los nombres de “socialdemocracia” o “centroizquierda”. Surge a finales del siglo XIX cuando un sector de la izquierda europea decide cuestionar las teorías marxistas. Su máximo exponente fue el alemán Edward Bernstein (1850-1932) cuyo concepto básico era que las reivindicaciones obreras, que pregonaba la revolución socialista, podían conquistarse a partir de reformas dentro del mismo sistema democrático.


Bernstein fue considerado el padre del socialismo democrático y escribió el “Socialismo Evolucionista”, en el cual y a pesar de su amistad con Marx y Engels, cuestionaba las bases científicas del marxismo poniendo de manifiesto, sin reservas, las lagunas y contradicciones de esta teoría. Según su mirada, elevar una teoría como la de la “plusvalía” al rango de verdad axiomática era, al menos, una proclama de la supremacía absoluta del trabajo fabril manual por sobre el de todas las otras actividades.


Preconizó la acción política del socialismo en un régimen democrático afirmando: “La obra constitucional es más lenta, pero mucho más sólida que la revolucionaria. En la obra legislativa la inteligencia domina sobre el entusiasmo, mientras que en las revoluciones, el entusiasmo se sobrepone a la inteligencia”.


Finalmente, las ideas de Bernstein se impusieron y la socialdemocracia se expandió con fuerza a lo largo de todo el siglo siguiente (siglo XX), especialmente en Europa occidental.


Después de la Segunda Guerra Mundial, con la difusión de las teorías económicas de Keynes, la socialdemocracia adoptó parte de esas ideas y se acercó al capitalismo. En el congreso de Bad Godesberg, en 1954, el partido socialdemócrata alemán decidió, por una mayoría de 324 votos contra 16, borrar de su programa las referencias al marxismo y a la lucha de clases. Finalmente, en la década del ’90, con la caída del comunismo, la socialdemocracia profundizó su acercamiento a la teoría reformista del capitalismo con la incorporación de políticas económicas liberales. Por ello, los socialdemócratas enfrentan, incluso dentro de su propio movimiento, a aquellos socialistas que insisten en que entre la reforma y la revolución hay un vínculo indestructible (Rosa de Luxemburgo), no excluyente pues, por medio de la primera, se avanza hacia la segunda, la cual entra en acción cuando aquella se vuelve ineficaz. Pero la socialdemocracia, en su mayoría, adhiere a la primitiva concepción de Bernstein, que considera que la continua reforma socialista hace inútil a la revolución.



Edward Bernstein


Sus ideas se apoyan sobre las siguientes bases:


1. Aceptan el capitalismo liberal y la “economía social de mercado” (se trata de una interpretación de la economía de mercado con una mayor preocupación por las necesidades sociales). Esta nueva socialdemocracia no trata de destruir la estructura económica liberal pero mantiene su lucha contra las tendencias negativas que ésta presenta.


2. No le ven sentido al socialismo sin democracia representativa ni instituciones republicanas.


3. Aceptan la propiedad privada de bienes, con algunas restricciones en lo que se refiere a determinados servicios sociales y riquezas consideradas básicas para la nación. Mientras que para el marxismo la restricción de la propiedad es total, para la socialdemocracia la restricción es apenas parcial.


4. El Estado tiene un moderado nivel de intervencionismo sobre la economía bajo el paraguas del “nacionalismo”. Su postura es que debe ser la sociedad la que dicte las reglas de juego de la economía, a diferencia del liberalismo monetarista, en el cual es la economía quien dicta esas reglas a la sociedad.

5. Para proveer eficazmente de los servicios sociales necesarios a una nación, la socialdemocracia redistribuye la riqueza a través de una fuerte presión impositiva que alcanza a toda la población. Justamente, las principales diferencias que tiene con los partidos políticos de la centroderecha residen en ciertas formas relacionadas a la redistribución de las riquezas producidas por el capitalismo liberal. El Estado tiene una mayor participación en esta redistribución.

El Discurso de la nueva centroizquierda


“Parafraseando a Mark Twain, los populistas y socialdemócratas utilizan las teorías keynesianas de la misma manera que cuando un borracho utiliza un poste de luz para apoyarse en vez de usarlo como iluminación”. Robert Skidelsky, Economista Liberal. Extraído de su obra ohn Maynard Keynes: Fighting for Freedom> Viking, 2001.


* Sostiene al capitalismo como sistema económico. Considera que es indispensable la existencia de un grado elevado de desarrollo capitalista como requisito previo para la evolución hacia un mayor socialismo.


* Sin llegar a la posición maniqueísta de la extrema izquierda, mantiene una relación crítica con los organismos internacionales de crédito, el Banco Mundial y el FMI, cuestionando algunas de las medidas económicas que impulsan estas entidades.


* Considera que el mundo vive un período de mucha producción de riqueza por lo que, la solución de la pobreza existente depende más de una mejor redistribución de esa riqueza que de una mayor producción. Deposita en el Estado la responsabilidad de esta redistribución.


* Defiende algunos monopolios estatales como “monopolios naturales”. Su explicación para mostrar este pensamiento nacionalista como una verdad fuera de toda duda, es que los servicios públicos requieren muy grandes inversiones de infraestructura en el comienzo –como ocurre con las vías férreas o las redes eléctricas— y que este hecho no alienta a la competencia.


* Durante los últimos años, varios gobiernos socialdemócratas europeos comenzaron a aceptar el proceso de privatización de empresas estatales en sectores donde se daba una gran competencia privada. En la actualidad, promueven intensamente las inversiones extranjeras.


* En su propaganda, difunde que el “Estado de Bienestar” experimentado durante la segunda mitad del siglo XX, tuvo un claro sello socialdemócrata que permitió el avance sobre muchas de las injusticias del liberalismo.


* En la actualidad, la socialdemocracia, a través de una acción social, intenta disminuir las consecuencias negativas de la globalización.


* Estima que los capitales deben regularse a nivel mundial, así como la variabilidad del precio de las monedas más importantes (Oscar Lafontaine, ‘globalización…’ revista Debate Político, pág. 53, Madrid, 1999).


* Promueve el desarrollo de políticas neo-kantianas (que privilegian la ética en las relaciones humanas).


* Pronostica que el capitalismo se extinguirá por sí solo, probablemente dentro de uno o dos siglos más, debido a sus propias contradicciones económicas. Se refiere a que llegará un momento, quizás durante el siglo XXIII en los cuales, el gran avance económico capitalista en las naciones más desarrolladas motivará un paso evolutivo de la humanidad hacia el socialismo y la propiedad colectiva.


* Critica a Marx en su pronóstico referente al aumento de la miseria de la sociedad capitalista. Esta deducción surge de que las estadísticas señalan un evidente mayor aumento de la burguesía con relación a los asalariados.


* Defiende que su posición ideológica favorece, de manera efectiva, a la clase trabajadora con el argumento de que la mayor parte de los avances que los trabajadores han obtenido en su nivel de vida, lo conquistaron sobre la base de la democracia social en el siglo XX, por lo que rechaza la calificación de “utópicos” que la izquierda radical y marxista hace de los socialdemócratas.


* Considera incompleto y enrevesado el concepto de la utilidad por parte del marxismo (la plusvalía), pues Marx, al definirla, no tomó en cuenta que el valor de un producto es relativo al valor que tiene su uso para la persona, siendo esto subjetivo pues depende de las necesidades de cada uno. Por ejemplo: depende de las circunstancias particulares de un individuo, una botella de agua en el desierto valdrá para el sediento muchísimo más que para una persona en la ciudad.


* Rechaza el materialismo dialéctico del marxismo, por concentrar en lo económico el sentido de la vida del individuo, descartando otras motivaciones trascendentes.


* Desacuerda con el concepto de que el socialismo debe ser impuesto por la revolución de la clase obrera. Afirma que es conceptualmente incorrecto decir que la transformación socialista de la sociedad es asunto exclusivo de la clase obrera.


* Crítica el surgimiento, a partir de la caída del comunismo, de un capitalismo de rostro salvaje que deja a la sociedad a merced de mercados “darwinistas” donde sólo sobreviven los fuertes y sucumben los débiles.


LA SITUACIÓN DE LA SOCIAL DEMOCRACIA EN ARGENTINA


“Los partidos socialdemócratas se fueron transformando en simples partidos demócrata burgueses de tendencia nacionalista, envueltos en un discurso obrerista”. Joaquín Miras y Joan Tafalla. Respectivamente Director y Columnista de la Revista del Partido Comunista de Cataluña.


A diferencia del discurso socialdemócrata, el del izquierdista argentino podría llenar hoy páginas enteras mostrando evidencias de mecanismos de negación y proyección, sentimientos narcisistas y paranoicos, que se repiten:


La dificultad en responsabilizarse de los fracasos.
El otro como culpable (generalmente se responsabilizan de todos los males a los foráneos o a los “parásitos de la oligarquía argentina”).
La creencia de que somos tan extremadamente ricos que las demás naciones se esfuerzan continuamente para someternos y, de esta manera, robarnos.
Un sentimiento de persecución. Atribuye a los países desarrollados, en especial a los Estados Unidos, premeditación en su intento de aplastamiento económico.
La incorporación cada vez mayor de todos estos discursos en la clase media incide en el proceso político. La dificultad de la Argentina para responsabilizarse de su fracaso, lleva a depositar afuera todo el poder del mal (FMI, Menem, Estados Unidos, Europa, Cavallo, Kirchner, Chávez, etc.). Queda ausente, entonces, el poder del bien.
Un estado de madurez implica saber que el bien y el mal siempre están unidos, como las dos caras de una moneda. La Argentina, con todo el mal puesto fuera, y sin instituciones serias en las cuales se pueda depositar el poder del bien, requiere continuamente la mágica aparición de un líder que asuma la condición del bien para que de esa manera el país pueda enfrentar adecuadamente a ese poder del mal concentrado en los otros.



En el pasado reciente tuvimos pocas experiencias en el intento de instalar en el país una centroizquierda más evolucionada.
Podemos recordar cuando, a partir de la reconquista de la democracia, en 1983, el sector del Radicalismo, denominado “Renovación y Cambio”, liderado por Raúl Alfonsín, intentó crear una política socialdemócrata en la Argentina post-dictadura militar. Asumió el gobierno en 1983 e implementó, firmemente, una democracia muy pluralista en un clima de libertad nunca experimentado antes en la historia del país. Lamentablemente, terminó en un colosal fracaso económico.

Una de las razones de este desastre fue la repetición de uno de los mayores males que padeció la Argentina a lo largo de casi toda su historia: la incapacidad de sus dirigentes para la predicción política, lo que determinó, invariablemente, estrategias erróneas. Todos, incluido Alfonsín, reiteradamente equivocaron su interpretación histórica de los acontecimientos mundiales. Desde los comienzos de la década del 80, quedó en evidencia que las naciones capitalistas poderosas habían dejado a Keynes y que el liberalismo económico retornaba con políticas monetarias restrictivas, las que lograron frenar la fuerte “estanflación” (inflación más recesión) mundial que se había producido a fines de la década del ‘70. Mientras tanto, el gobierno de Alfonsín se propuso implementar una política económica keynesiana combinada con características populistas, al tiempo que la misma socialdemocracia europea estaba iniciando un proceso de cambio alejándose de ellas.

El siguiente intento socialdemócrata de Argentina, se realizó en la década del ’90 a través de una unión de nueve pequeños partidos políticos, con el nombre “FrePaSo” (Frente del País Solidario). Para las elecciones de 1998, en un afán político por derrotar al candidato opositor peronista (Duhalde), esta agrupación concretó una alianza con el radicalismo, asignando como candidato a la presidencia a Fernando de la Rúa, representante del sector de la derecha radical, y como vicepresidente, a su referente máximo, Carlos “Chacho” Álvarez, ex integrante de un sector de la izquierda moderada peronista. La alianza fue efectiva pues ganó las elecciones pero surgieron desavenencias programáticas profundas que desencadenaron sucesivas crisis las cuales, finalmente, produjeron el colapso del gobierno, dos años antes del término de su mandato.

Quizás este traumático final que desintegró al FrePaSo fue la consecuencia de apurar un proceso de acceso al poder por parte de una agrupación muy joven, la cual necesitaba un proceso natural de maduración y desarrollo; o posiblemente por el hecho de haber impulsado una alianza sostenida por un elemento externo y unida por una intención destructiva (su principal finalidad era evitar el triunfo del peronismo). Si bien pueden realizarse, desde diferentes puntos de vista, otros análisis con relación a esta alianza, la realidad mostró que este nuevo intento, de construir en la Argentina un fuerte partido político representando a la izquierda democrática, había vuelto a terminar en un estruendoso fracaso.


RENOVACIÓN Y CAMBIO PARA UNA IZQUIERDA ARGENTINA


En la actualidad, sería imprescindible que apareciera un partido político que sea capaz de aglutinar los deseos de una parte de la población que quisiera optar por una alternativa de centroizquierda más moderna -alejada del mundo bipolar ya fenecido y del estereotipo nacionalista jauretchiano- para poder competir en el futuro con una derecha que, a diferencia de la izquierda, se va acomodando a las ideas globalizantes de este siglo XXI.
Al momento, parecería que sólo la Coalición Civil, liderada por la ex radical y ex ARI, Elisa Carrió, estaría en condiciones intelectuales de emular a la concertación chilena o al frente amplio uruguayo. Las otras fuerzas de la izquierda argentina, en cambio, parecen seguir fijadas en las ideas de un pasado hoy inexistente.
El país necesita con mucha urgencia de una izquierda diferente para enhebrar una nación diferente.

En mi nota de la semana pasada me ocupé de las bases y del discurso de una nueva centroderecha argentina. En el artículo de hoy hemos analizado las bases y el discurso de la nueva centroizquierda que comienza a instalarse en América (Chile, Brasil y Uruguay).

Podemos observar, en consecuencia, que ambas tienen mucho más puntos en común que disidencias. Esto augura una alternancia constructiva posible.

Enrico Udenio
29 de enero de 2010

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EL ARRIBO DE LA DERECHA DEMOCRÁTICA AL PODER
Enero 20, 2010 · 8 comentarios
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Las recientes elecciones presidenciales en Chile significaron una sorpresa para los argentinos por varios motivos: 1) por el respeto mostrado por los vencidos hacia los vencedores; 2) porque la vencedora fue la derecha, liderada nada menos que por un multimillonario; y 3) porque este triunfo fue obtenido compitiendo contra la coalición de izquierda que está en el poder y cuya presidenta, Michelle Bachelet, ostentaba el impresionante porcentaje de 80% de apoyo a su gestión.Un rápido análisis traduciría este impactante resultado como que la mayoría de los chilenos estaban satisfechos por los logros obtenidos durante los veinte años en que la coalición de izquierda estuvo al mando del país pero que igualmente querían un cambio. En estas circunstancias, la derecha fue la que convenció más al pueblo de que ellos eran la mejor posibilidad de cambio sin modificar el rumbo socio económico que había impuesto la izquierda.

Para los argentinos, todo esto suena a ciencia ficción, aunque no debería ser así porque, como dije en mi nota “Una izquierda muy particular”, la derecha tiene grandes posibilidades para que en las próximas elecciones presidenciales del 2011 o, a más tardar, en las del 2015, pueda acceder al poder en la Argentina. Los horrores del peronismo kirchnerista, y las intolerancias y la agresividad de la izquierda argentina, están inclinando la balanza política a favor de la aparición de una nueva derecha.

¿DE QUÉ SE TRATA ESTA NUEVA DERECHA?“La sociedad liberal se paralizará si deja de ser autocrítica.”
Octavio Paz (1914-1998) Poeta y ensayista mexicano, Premio Nobel de Literatura.

La derecha democrática, o también denominada centroderecha, ya gobierna en gran parte de los países desarrollados del mundo, o en su defecto, es una alternancia firme y constante de acceso al poder.
Los partidos políticos insertos en esta una nueva derecha pueden llegar a ser más conservadores o más liberales, según sea el poder que los respalde, pero en ambos sectores se ha gestado un naciente espíritu progresista.
Tiene un discurso más cercano a las clases más pobres y acepta algunos principios “keynesianos” respecto a una mayor intervención del Estado en la economía, y algunos principios socialistas en lo que se relaciona con la ayuda estatal a los sectores más carenciados.
Podríamos arriesgar la opinión de que hoy la flexibilidad política y económica cambió de bando. Lo que antaño era un distintivo de la izquierda, se ha convertido en un estandarte de la nueva derecha democrática liberal.Sus ideas se apoyan sobre las siguientes bases:

- Es democrático, representativo y republicano.

- Es capitalista y promueve la economía de mercado, con su libre juego de la oferta y la demanda.

- Entiende a la propiedad privada de bienes como un derecho básico sobre el cual se asienta el desarrollo económico de una nación.

- Rechaza el rol del Estado intervencionista cuando atenta contra las libertades individuales del hombre así como contra las posibilidades de desarrollo genuino de una nación.

- Entiende como genuino a todo aquello que resulta de las fuerzas naturales y espontáneas del mercado.

- También adhiere al concepto fijado por John Keynes al promover la intervención económica del Estado en aquellos sectores donde los privados no pueden o no quieren ocuparse.

El discurso de la centroderecha

Considera que las principales funciones del Estado deben ser la defensa de la soberanía de la nación, la seguridad y el mantenimiento del orden haciendo cumplir las leyes vigentes, los servicios sociales básicos, la provisión a toda la ciudadanía de un buen nivel de educación y de un servicio de salud eficiente.
Defiende la educación pública gratuita tanto para el nivel primario como para el secundario porque considera que sólo a través de la educación el pueblo podrá insertarse en el desarrollo. Respecto de las universidades públicas sostiene que deben ser aranceladas para los estudiantes de las clases sociales medias y altas, pero subvencionadas para los sectores más humildes.
Con respecto al Estado investido en el rol de empresario, organizador productivo, administrativo o de servicios públicos, considera que siempre ha sido y será ineficiente por causa de una burocracia imposible de eliminar.
Defiende un mercado altamente competitivo. Hace hincapié en que, cuanto mayores sean las restricciones burocráticas a las empresas, mayor será el freno que tendrá la creatividad de las personas. Sostiene que los países con más libertad económica son los más ricos.
Aunque evalúa muy injusta la actual distribución de la riqueza, considera que la pobreza o la riqueza no tienen necesariamente que ver con la acumulación de la misma en unos pocos, sino con circunstancias individuales. Es decir, diagnostica que la economía de un país es dinámica y que, por lo tanto, de ninguna manera el aumento de las riquezas para unos significa que hay que quitárselas a los otros.
No acuerda con la imagen idealizada de un mundo igualitario. Considera que la igualdad debe conseguirse en la línea de largada y dejar luego librado a las propias capacidades la línea de llegada. Reafirma que la educación es el motor principal para lograr esa igualdad de oportunidades.
Como estrategia para su desarrollo económico implementa una política de impuestos bajos que les asegure una evasión mínima, el equilibrio del presupuesto fiscal, la libertad –con mayor o menor control del Banco Central- del cambio monetario, la reducción de los subsidios económicos empresariales, el fomento a las inversiones nacionales y extranjeras, la construcción de un fuerte mercado de capitales para que las industrias puedan obtener créditos a tasas y plazos razonables, y la reducción de los aranceles aduaneros.
Acuerda con la integración al mundo globalizado pero tomando las medidas necesarias para evitar la formación de monopolios y oligopolios, que son los grandes enemigos de la competencia.
Su política laboral promete favorecer el aumento del empleo a partir de cierto nivel de flexibilización laboral y descarta al Estado como creador compulsivo de empleo, precios y salarios.
Apoya un sistema provisorio de subsidios para el trabajador desempleado y los sectores más carenciados.
Hace hincapié en la protección del medio ambiente y los derechos de las minorías.
Considera esencial la independencia del poder judicial y el mantenimiento de las reglas de juego económicas y legales a través del tiempo, en especial, la defensa irrestricta de la propiedad privada.
Denuncia que en el gobierno de la extrema derecha, el Estado no asegura el derecho con violencia, sino que hace de ésta su derecho, ejerciendo el poder sin darle importancia a su legitimidad.
Denuncia que en el gobierno de la extrema izquierda, el Estado anula o condiciona fuertemente las libertades individuales de la población y la deja indefensa ante la estructura del poder representado por la burocracia del partido dominante. Esto hace que la única defensa para aquellos que no acuerdan con el régimen sea la huída efectiva o económica del país.
Supone que la falta de la propiedad privada en el comunismo o las fuertes restricciones a la misma en los gobiernos populistas impide que las fuerzas naturales, que llevan a un hombre a buscar su progreso individual, puedan funcionar. Piensan que, hasta el momento, la historia muestra que la sociedad corporativista y dirigista ha sido derrotada por la sociedad capitalista.
Promueve constantes diálogos y negociaciones con la oposición y no tiene reparos en trabajar con individuos de diferente ideología.
Evalúa que las políticas estatistas han conducido históricamente a las naciones que las han aplicado, al atraso y a la miseria, comparadas con aquellos otros países que no las aplicaron.
Manifiesta que los discursos de desarrollo económico y social de la izquierda, tanto sea la extrema como la democrática, rebosan de buena voluntad sin considerar al principal escollo que son las fuentes de financiamiento para que se puedan llevar a cabo esas propuestas.
Critica a la socialdemocracia por preocuparse más por la distribución de la riqueza que por la producción de la misma, basándose en la idea de que el criterio de realidad indica que para distribuir algo hay que producirlo previamente.
Rechaza la hipótesis que tiene el socialismo desde hace ciento cincuenta años acerca del derrumbe inevitable del capitalismo, afirmando que no se ven los signos que anuncien esa caída.
Considera absurda la postura del marxismo de querer darle una base científica al socialismo basándose en el simple hecho de que el trabajador no recibe el valor total del producto de su trabajo. Entienden que se trata sólo de una creativa especulación filosófica.


LA SITUACIÓN DE LA DERECHA EN ARGENTINA“Las causas de la crisis económica estructural a partir del peronismo, deben buscarse no, como gusta la derecha, en él, sino en la protección a esa pequeña y mediana burguesía industrial.
El predominio de la industria ligera sobre la pesada, de la industria de bienes de consumo sobre la generadora de bienes de producción, del mercado interno sobre el comercio exterior, provocó el desequilibrio permanente de la balanza de pagos, la escasez de divisas, la inflación, lo que trajo a su vez la incapacidad para importar bienes de capital, maquinarias y equipos”.
Juan José Sebreli, Sociólogo. Extraído de “Los Deseos Imaginarios del Peronismo”, Legasa, 1983.

El sistema económico que actualmente impulsa la centroderecha en el mundo es el liberal y, en lo que se relaciona a lo político, promueve la democracia representativa con fuertes límites a la concentración del poder.

En los países en los cuales, con posterioridad a la segunda guerra mundial, se instauraron gobiernos totalitarios con una orientación nacionalista de derecha (algunos, fascistas y militares; otros, populistas y demagógicos). Esto determinó que en algunas naciones, Argentina entre ellas, a la ideología de la derecha se la confundiera equivocadamente con el fascismo o con el extremismo reaccionario. Esta idea fue también abonada en nuestro país por causa de los escasos antecedentes que hubo sobre una derecha democrática.

Podemos recordar las ideas de un ingeniero especializado en economía, Álvaro Alsogaray, que, desde la década del ‘60 y durante treinta años, intentó infructuosamente en dos ocasiones organizar una fuerza de derecha liberal que pudiera pelear el poder político a través del sufragio popular. También durante la década de los 90 y principios de ésta, otro economista, Domingo Cavallo, formó un partido político con el que obtuvo buenos resultados electorales, pero su estilo de personalidad proclive a los desbordes emocionales, sumado a algunos errores de estrategia política, lo llevaron a desperdiciar una gran oportunidad de llegar democráticamente a la presidencia.

A su vez, en las elecciones presidenciales del año 2003 hubo un intento de construir un partido de centroderecha, genuino en su ideología e impecable en sus antecedentes democráticos. Liderado por el economista y radical Ricardo López Murphy, con probada conducta democrática y sin antecedentes que lo ligaran con la extrema derecha ni con las pasadas dictaduras militares, realizó una fenomenal campaña, no prevista por ningún analista político dos meses antes de la fecha de la elección, pero luego fue fagocitado por el peronismo kirchnerista y desapareció de la lucha política.

Últimamente, el ingeniero Mauricio Macri, respaldado por una eficiente gestión realizada al frente del famoso club deportivo Boca Juniors, y con discurso muy cercano al de la derecha democrática europea, conquistó la gobernación de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de una de las más firmes esperanzas que tiene la centroderecha para llegar al poder de la República Argentina.

COMO ADVERSARIOS PROGRESISTAS Y NO COMO ENEMIGOS

“La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos”
Clive Staples Lewis (C.S. Lewis), (1898-1963), célebre novelista y poeta inglés.

Desde las elecciones presidenciales de 1945, hasta las últimas elecciones de 2007, una gran parte de los votos de la centroderecha se repartieron, en general, entre el partido peronista y el partido radical, según las circunstancias de cada momento. Por lo tanto, cuando se aplicaron algunas políticas socio económicas afines a la derecha, fue sólo dentro de algunos mandatos de estos dos partidos mayoritarios, que no contaban con una ideología definida y organizada coherentemente.

Muchos argentinos y no pocos analistas políticos están convencidos de que mientras exista el peronismo, con su ideología del poder por el poder mismo, la Argentina no tiene probabilidades de ingresar, como Brasil, Chile y Uruguay, a una sociedad en la que el poder político se reparta alternativamente entre la izquierda y la derecha, midiéndose, y tratándose, como adversarios progresistas y no como enemigos extremistas.

Ojalá que estén equivocados, porque estoy convencido de que para poder despegar y caminar hacia un mejor futuro socio económico, el país necesitará de sucesivos gobiernos de distinto signo ideológico que se alternen pacíficamente en el poder sin destruir lo previamente construido por el otro. Pero se debe tomar conciencia de que el peronismo tradicional no puede quedar fuera de este juego político.

Enrico Udenio
20 de enero de 2010
Fuente: “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Enrico Udenio, 2004, Edit.Ugerman.


Próxima nota: “La Argentina necesita de una izquierda democrática y republicana"

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