domingo, 21 de agosto de 2011

VATICALIA


Miguel Mora

Miguel Mora. Corresponsal en Roma, antes en Lisboa, fue redactor en la sección de Cultura durante diez años y en la Edición Internacional durante cuatro. Trabaja en EL PAÍS desde 1992, es autor del libro ‘La voz de los flamencos’ y sigue siendo, pese a todo, un atletista empedernido.
Grandes palabras morales y políticas de Joseph Ratzinger en el avión que le llevó a la JMJ madrileña y en esos (pocos) ratos en que el abnegado telonero Rouco Varela, que cuando trinca un micrófono se parece cada vez más a Paco Clavel, le va dejando libres.

Ética de los negocios. Amistad y trabajo digno para los jóvenes. Felicidad. El bien común. Una economía humana, responsable, respetuosa con las personas y el ecosistema. Solidaria con los que menos tienen. Una economía religiosa, cristiana.

"Eso es lo que trata de hacer la Iglesia", ha dicho su Santidad sin señalar la cantidad.

Y mientras tanto, en Vaticalia, un grupo de Facebook ha nacido indignado, y con santas razones, y ya hay 50.000 personas (edito: 81.000) exigiendo a la Iglesia local, es decir universal, que, si tan mal les parece la evasión y la corrupción, los privilegios y la ingeniería financiera, comience por dar ejemplo.

Los firmantes piden que ahora que la economía (ejem) de la séptima potencia mundial está hecha unos zorros, y aprovechando que B. y su desavenida pareja contable, Giulio Callo Tremonti, han exigido sacrificios a sangre y lágrimas para celebrar el Ferragosto, la Iglesia deje a su vez de evadir impuestos y renuncie de una vez a la exención del IBI, del IRES y otras tasas similares que ahorran unos 4.000 millones de euros anuales a las arcas eclesiales y de paso se los quitan a los italianos más necesitados.

Resulta que algún avispado asesor, quizá tremontiniano o comunionyfacturacionista, ideó hace unos años un nuevo sistema de óbolo de San Pedro camuflado a repartir entre todos los vaticalianos. Se trata de una palmaria amnistía fiscal, pero exclusivamente católica y expedida con timbre del Estado. Y consiste en liberar por la cara a la Santa Madre Iglesia de pagar los impuestos sobre los edificios (ICI en Vaticalia, IBI en Españaza), ya sean turísticos o no, siempre eso sí que el inmueble contenga algún símbolo cristiano que permita catalogarlo como "lugar de culto".

Con lo cual basta con poner un altarcillo, una madonnina, una estampita plastificada de Padre Pío, un Crucifijo bien clavado junto al espejo, un retratillo de San José María o una capillita de dos filas de bancos en cualquier riconcete de un gran hotel, un restaurante, una clínica, un colegio, un pisito, un polideportivo o un palacio con apartamentos de alquiler para los amigotes, y el susodicho inmueble queda definido ipso facto como "dedicado al culto", y completamente absuelto del pago del ICI, sin contar otras indulgencias (menores) impositivas y terrenales.

La página "Vaticano, páganos el ajuste financiero" ha salido al paso de las críticas del cardenal Bagnasco a la "impresionante" cifra de evasión fiscal que arrastra Vaticalia (Tremonti prefiere calificarla de "increíble") y recuerda a los obispos, cardenales, políticos democristianos, fundamentalistas varios y viejos socialistas ateos devotos (B., Tremonti, Sacconi y otros ejemplares similares de devoti alle vongole -devotos con almejas-) que si se han acabado los privilegios para casi todos en Vaticalia (pese al BCE, siguen indultados la clase política y la tropa con sotana), también deberían irse acabando los chollos de la Chiesa Cattolica.

Entre ideas, sussurros y sugerencias, algunos feisbuqueros piden que se suspendan los Pactos Lateranenses y se cancele el Concordato durante un tiempo, para que la Iglesia pueda dedicar a la beneficencia la tela que recibe del 8 per mille (el 0,8% del IRPF codificado por Tremonti cuando era becario del ministerio que acabó forzándole a pagar el alquiler del piso romano en negro).

Y algunos hacen cálculos de lo que posee, 2.000 años después de montar el primer Belén en Oriente Medio, el Vaticano en suelo vaticaliano: el 30% del patrimonio inmobiliario de la bota, y unos 100.000 edificios. Dicen. Imposible confirmarlo en pleno agosto y con todo el equipo de Gobierno Económico desplazado a la Españaza interina premarianil, pero si a eso le añaden

-los solares y edificios que se escritura Rouco por debajo de la mitra en la piel de toro,

-el ingente parque de casoplones que alquila y mantiene la filial vaticana Sopridex en la laica París,

-los trillones de dinero negro que han pasado por el IOR en las últimas décadas,

-los cheques que el probo ex embajador Paco Vázquez entregaba en mano a Su Cantidad para obras de caridad,

-y los Bonobuses y Bancoteles con Descuento y Palmatoria que expenden Aguirre y Gallardón,

...igual se resolvía la crisis de la deuda y hasta lo de la prima de riesgo.

Hay tanta viruta ahí, que sobraría algo incluso para que nos hagan a todos socios del fondo de reptiles de Jorge Mendes.

Claro que convertirse en socio del IOR, Mendes, Mou y Gilmarín de una sola tacada no es que sea un milagro, es que es casi un seguro de acabar mal. O en los tribunales o en el monasterio, capuchino, descalzo, triste, solitario y final.

Viva Vaticalia, pero por poco plazo. Cuatro pes seguidas... PPPP. Ay.

Y abrazos fraternos a todos, Papagirls, boys, Marianistas o Indignati que fueren.











Hola de nuevo, amigos.

Esto empieza a parecerse cada vez más a Tangentopolis. Esta mañana se ha suicidado en su despacho Mario Cal (a la derecha), hasta hace solo tres días gerente y vicepresidente del Hospital San Raffaele de Milán, y durante más de 40 años mano derecha del cura y médico Luigi Verzè (izquierda), querido amigo de Silvio Berlusconi.

Cal tenía 71 años, y según ha dicho su abogado estaba muy preocupado porque el hospital ya no tenía dinero para pagar a los proveedores. La deuda del San Raffaele asciende a más de 900 millones de euros, ha revelado una reciente auditoría de Deloitte, y hace unos días Cal había declarado como testigo ante los fiscales que investigan la quiebra de la clínica.

El célebre centro hospitalario de excelencia, fundado en 1971 por el visionario sacedorte Don Verzè, se ha convertido con los años en un símbolo del berlusconismo. Si no por otra cosa, porque está situado a las puertas de Milano 2 (la urbanización que hizo rico y famoso a B.), en la Vía Olgettina, calle que algunos recordarán porque es allí donde residen las concubinas del harén. Algunas eran atendidas gratis en el hospital gracias a la mediación del sultán, como nos contó en su día Marystella García Polanco, y allí trabajaba también (no está claro si como higienista dental o como mera azafata) la corista televisiva Nicole Minetti, cuando B. fue ingresado tras sufrir la agresión del Duomo, antes de convertirse en diputada regional del PDL por la asamblea de Lombardía y de ser procesada como la 'madame' del prostíbulo de ida y vuelta.

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Verzè, el médico nonagenario, siempre ha dicho entre bromas y veras que su prestigioso laboratorio estaba buscando la pócima de la eterna juventud por encargo del presidente del Gobierno vaticaliano, y hace justo un año entregó en persona a Barbara Berlusconi (la hija mayor de Silvio y Veronica Lario) la licenciatura en FIlosofía por la Universidad Vita-Salute San Rafalle, de la que es rector. Ni que decir tiene que B. B. (bis) obtuvo, a sus tiernos 26 años, la máxima nota, un 110 e lode (matrícula de honor).

De forma no menos simbólica, el reinado de Don Verzé en el hospital y la aneja universidad fundada en 1996, que cuenta con el filósofo ex comunista Massimo Cacciari como gran protector (es amigo íntimo de Lario) acaba de pasar a la historia sepultado por las deudas. El Vaticano ha dado un sonoro golpe de mano y desde el viernes domina el consejo de administración del hospital. Tarcisio Bertone en persona ha decidido invertir 200 millones de euros, y enviar a Milán un nuevo cuadro de dirigentes, entre los cuales está Ettore Gotti Tedeschi, actual presidente del banco vaticano, el Instituto per le Opere Religiose (IOR). Lo mejor de cada casa, como ven.

La espeluznante imagen de un gerente de oro que se pega un tiro agobiado por las deudas, tras hablar con los fiscales y dejando dos notas de despedida (una para su mujer y otra para su secretaria), trae de nuevo a la memoria los suicidios y crímenes excelentes que adobaron el megaproceso Manos Limpias que marcó el fin de la I República y los años noventa. Y lo malo es que no es descartable que sigan sucediendo casos así. El estado de descomposición y corrupción en el que ha naufragado 20 años después el sistema berlusconiano-vaticaliano que emergió de aquel intento de limpieza general es, a todas luces, mucho más profundo y huele bastante peor que aquel.

Entonces los políticos robaban, sobre todo, para el partido. Hoy, el latrocinio se ha hecho cada vez más individualista, menos solidario, más desvergonzado y generalizado. Vivimos en lo que Paolo Flores D'Arcais llama la 'cleptocrazia' o 'gobierno de los ladrones'. Y todo hace indicar que la muerte de Cal es solo la horrible punta de un iceberg que el Titanic de Tremonti no podrá sortear. La impresión, más bien, es que el hundimiento no ha hecho más que empezar.

El caso de la P4, que ha salpicado ya, más o menos directamente, a B., a Gianni Letta, a Tremonti y a Massimo D'Alema promete deparar todavía muchas noticias. Llamarlas sorpresas no sería justo. Las hediondas alcantarillas de Vaticalia nunca han dejado de supurar, y los próximos meses serán pródigos en titulares explosivos y arrestos estupendos.

Para los últimos días de Pompeya, se diría que más que un Gobierno técnico, lo que necesitará el Belpaese es un buen equipo de jueces y policías. Encabezado por Andrea Camilleri.



Giulio Tremonti es el hombre del rigor, el superministro de Economía del Gobierno italiano. Un buen católico, norteño y levemente arrogante, que ronea en medio mundo de ser el campeón del equilibrio presupuestario, el hombre que ha puesto finalmente orden en las caóticas finanzas vaticalianas. Su currículum le coloca de joven en el socialismo craxiano (fue el técnico fiscal que puso en marcha el sistema del otto per mille, el 0,8% de las declaraciones de la renta dedicadas a la Santa Madre Iglesia), y luego enseguida embedded en la Forza Italia de primera hora: un berlusconiano convencido, fanático, que ha dirigido la economía del Belpaese desde 2001 hasta 2006, y desde 2008 hasta ahora mismo.

Casi avergüenza poner otra vez los datos, porque él piensa que Superman a su lado es una vendedora de castañas, pero en fin, la realidad es la que es: bajo su aplaudido papado, Italia es el tercer país del mundo que menos ha crecido en la última década, solo por detrás de Haití y Zimbawe: un 0,2% de media anual. Dicho de otra forma, los italianos se han empobrecido como ratas con su política de teórica contención del gasto, y la deuda pública no ha dejado de crecer, hasta colocarse en la tercera posición mundial, superando ya en más del 20% la cifra del Producto Interior Bruto.

Mientras tanto, aunque Tremonting es un reputado fiscalista, y condueño de un despacho solicitadísimo por las mejores firmas, la evasión fiscal vaticaliana cabalga indómita hacia los 150.000 millones de euros anuales (según confesión propia al FT, se trata de una cifra "increíble"), y Bruselas lleva dos años imponiéndole ajustes y más ajustes (como a todos, por lo demás) que él presenta al público con una sonrisa medio cínica, entre eslóganes de autopromoción, profusión de palabros en inglés y un caos digno de peores causas.

Cuando Tremonti presenta sus ajustes a sangre y lágrimas, generalmente con Berlusconi al lado, es mucho mejor apagar la tele y esperar a que acabe la conferencia de prensa. Se entera uno mucho más.

El último lo ha presentado el otro día y aquello parecía Robin Hood y la revolución francesa hechos ajuste divino. En el borrador había reformas y bajadas de impuestos, medidas para el desarrollo, tasas contra la especulación financiera de los bancos, golpazos a los dueños de coches potentes, recortes impresionantes del gasto de la política, en fin un capolavoro megaético que asegura la reducción del déficit y costará apenas 47.000 millones, aunque la mayor parte, no se asusten, la haremos en 2013 y en 2014, que para entonces ya habrá aquí otros a quien escupir y tirar monedillas a la cara.

Un par de días después, cuando la propaganda deja poco a poco sitio a los datos reales y a la fría verdad, empiezan a conocerse los detalles y toma forma el verdadero rostro de Tremonting: el ajuste vale en realidad 68.000 millones, pega un palo del carajo a los pequeños ahorradores que invierten en títulos del Estado, a los bancos les íbamos a crujir pero al final no nos hemos atrevido, los impuestos suben por todas partes pero son los ayuntamientos y las regiones quienes lo hacen, nosotros no metemos la mano en el bolsillo de los italianos, aunque las pensiones de los jóvenes trabajadores no alcanzarán ni de lejos los 1.000 euros cuando se jubilen.

Algunos habrán visto además las imágenes de la edificante rueda de prensa de los cuatro o cinco ministros vaticalianos en fila, esa que Tremonti suspendió el lunes por "mal tiempo" cuando Napolitano cazó a Silvietto metiendo de matute la inocente y muy solidaria cláusula que iba a ahorrarle 750 millones a Fininvest "porque con esta crisis pagar indemnizaciones así pone en riesgo la viabilidad de muchísimas empresas", y no quisiera yo tener que despedir a 500 o 600 trabajadores justo ahora.

El vídeo es este de aquí abajo, y en él Tremonti radia para sus amigos la alocución de su colega Renato Brunetta, el pequeño titular de Administraciones Públicas. Le dice de todo menos guapo. Cretino, estúpido, típica intervención suicida, tonto, ¿le oyes, no es bobo de remate?. "No, ni siquiera le sigo", contesta Sacconi, otro buen católico socialista.

En fin, como diríamos en Españaza, un ambientón de cojones, mientras la deuda cotiza a 225 y bate récords cada día.

Bueno, pero ello no era todo. Resulta que ayer llega una juez de Nápoles, y ordena arrestar a Marco Milanese, que ha sido desde 2001 la mano derecha de Tremonting. Los magistrados que investigan los oscuros trapicheos de la logia masónica P4 afirman que el diputado del Pueblo de la Libertad, que dimitió hace una semana de su cargo de asesor en Economía, es quien paga el alquilercito de 8.500 euros mensuales de la casa romana donde vive el ministro del Tesoro.

Hace un año, otro ministro, Claudio Scajola, dimitó de su cargo cuando se supo que un constructor, Diego Anemone, le había pagado más de la mitad del piso que compró con vistas al Coliseo. Scajola dijo que no tenía ni idea, pero que si se enteraba de que eso era verdad, dimitiría. Y al fin, dimitió.

Hoy, Tremonti ha respondido a la acusación con una nota muy suya, en la que afirma que esa casa en absoluto es suya, pues él duerme tres veces por semana en Roma desde hace 15 años pero nunca ha tenido casa porque él solo tiene casa en Pavía. Añade el ministro de Economía de Pavía que Milanese le ofreció okupar su modesta morada "temporalmente" y que él aceptó (quizá por ahorrar en hotel para reducir el gasto público) aunque la casa estaba "a su entera disposición" (de Milanese). Pero que, en fin, dado como están las cosas, no se hable más, esta misma noche hace las maletas y se larga con los calzoncillos y el cepillo dientes a otra parte.

Caso cerrado. Los grandes hombres resuelven así los problemas. Rápido y con un par.

Lo malo, ay, es que la investigación ofrece nuevos elementos de sobornos, chantajes cruzados, corrupción, lujos excesivos y ajustes de cuentas en la cúpula tanto del Ministerio de Economía como en la de la Guardia de Finanzas, la policía financiera que depende del Tesoro y de la que era un alto oficial Marco Milanese, quien ha sido imputado por corrupción y revelación de secretos oficiales.

La jueza asegura además que el pisito de 8.500 euros donde habita Tremonti es propiedad de la institución llamada Pio Sodalizio dei Piceni, y añade que en el apartamento se hicieron obras de reforma por valor de 200.000 euros que "Milanese nunca ha pagado". Se supone que Tremonti tampoco, y eso le honra. No están las cosas para dispendios.

Ahora, lo del pío sodalicio merece un paréntesis: fundada a inicios de 1600, era en origen una asociación de marchigiani (nativos de Las Marcas, capital Ascoli Piceno). Luego fue convertida en la Confraternidad della Santa Casa di Loreto en 1633 por el papa Urbano VIII, y más tarde Inocencio XI les ascendió a Archiconfraternidad de la Nación Picena en 1667. Es decir, una especie de Liga del Norte del Renacimiento tardío.

Pasaron los siglos, y en 1963, afirma la web del ente, el Pio Sodalizio dei Piceni dejó de ser Obra Pía y pasó a ser Fundación Escolástica, y desde aquel día está bajo control del Ministerio de la Universidad y la Investigación Científica. La ironía quiere que Tremonti, buen socialista católico, haya recortado en estos años cientos de millones de euros a la universidad y la investigación, pero ni un solo céntimo a los colegios católicos concertados (CCC). Claro que viviendo de gorra en un piso del Pío Sodalicio que cuesta 8.500 pavos mensuales, la cosa tiene menos mérito.

Según la juez Amelia Primavera, que firma la orden de arresto, la relación entre Milanese y Tremonti sigue siendo "estrecha y próspera" y "muy poco clara", ya que un año antes de que fuera firmado el contrato con el Pio Sodalizio dei Piceni, Tremonti entregó a Milanese un cheque de 8.000 euros. ¿Pero quién no le ha entregado alguna vez un cheque de 8.000 euros a su mano derecha, sobre todo si le pone un piso a toda madre en el centro de Roma, a dos pasos del Hotel Raffaele donde aquellos ingratos le tiraron las liras a Bettino Craxi?

La juez revela además que, en su declaración judicial, Tremonti (que no está acusado de ningún delito) afirmó que dentro de la Guardia de Finanzas hay "diversas corrientes enfrentadas entre ellas", y que "algunos representantes del Cuerpo (mmmmm) mantienen estrecho contacto con el presidente del Gobierno, Silvio Berlusconi". Este extremo inquieta, porque parece denotar cierta inquina entre Giulio y Silvio. A no ser que los representantes del Cuerpo fueran jóvenes escasas de ropa.

Pero lo mejor queda para el final. Según los magistrados, Milanese ha tejido una red de influencias, poder y chantajes desde 2004 explotando su "posición privilegiada" de "asesor del ministro Tremonti y de alto oficial de la Guardia de Finanzas", y ha filtrado informaciones a empresarios sobre las investigaciones de la policía tributaria. Pas mal, siendo como era, dice la jueza, "uno de los máximos exponentes que el ministerio había designado para reprimir la evasión fiscal".

¿Increíble, no? Sí, resulta realmente increíble que con tipos así al frente de la lucha contra la evasión, la evasión fiscal 'under Tremonting' encabece las tablas europeas.

El auto judicial concluye afirmando que, a cambio de dar esa información reservada sobre investigaciones de la Guardia de Finanzas, la mano derecha de Tremonti recibió del empresario Paolo Viscione "joyas, relojes, coches de lujo (Aston Martin y Ferrari), viajes y 450.000 euros en contante, por una suma total de más de un millón de euros".

De todo este párrafo, Tremonting no comenta ni mu en su nota exculpatoria. Quizá es que la mano izquierda no sabe lo que hace la derecha. O tal vez que Milanese guardaba los relojes, las joyas, los cochecitos, los viajes y los jurdoses lejos del alcance de Tremonting, y que las tres noches por semana que dormían juntos se desnudaba en otras alas de la mansión. No fuera a ser que se los confiscara. O confiscase.

Como decíamos hace unos días, es lo bueno que tiene Vaticalia. Todo fluye, y la ley de Murphy nunca falla. Y bueno te hará el que la poltrona te quitará.

Un apunte final debido a Milena Gabanelli, la directora del fabuloso programa Report, de RAI3, el espacio más odiado de Tremonti. El ministro pasó el día de ayer conectado en directo con el Consejo de Administración de la RAI intentando que no se discutiera sobre la continuidad del programa. Como suele, a Tremonting le preocupa mucho más la imagen que la sustancia.

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